🔴🔵 Cambios para que no cambie nada

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La escena política tanto internacional como nacional siguen viviendo jornadas extraordinariamente activas.

En lo internacional se informa de situaciones que tienen el muy posible potencial de producir importantes cambios capaces de influir en la escena geopolítica.

El cierre que intenta Irán del estrecho de Ormuz en la boca del Golfo Pérsico ya viene creando consecuencias tanto en el bolsillo de usted, lector, como en el de este columnista y ello resulta en que un conflicto que pudiera percibirse como lejano ahora se haga presente como una preocupación adicional a las ya suficientes que afectan no solo a Occidente sino a otras áreas del planeta.

En nuestra opinión una de las consecuencias más relevantes es la ya no disimulada brecha existente entre Estados Unidos y Europa reflejada en un principio en la polémica decisión del gobierno de España de no permitir el uso de las bases norteamericanas que están ubicadas en su territorio (Rota y Torrejón de Ardoz) como parte del esfuerzo de la Unión Europea y la OTAN ante el conflicto con Irán.

Tal es la consigna del presidente del gobierno español, el Sr. Pedro Sánchez, de “no a la guerra” que ha sido mostrada como la determinación de mantener a su país alejado de un conflicto que estima ajeno e inconveniente. Está equivocado.

La subsiguiente negativa  de colaboración de otros países ha venido a poner de manifiesto la nueva realidad en la cual los europeos han venido a darse cuenta de que Estados Unidos ya no es el aliado que los protegía y cubría la mayor parte del costo. Al contrario, esos mismos países han llegado a la conclusión de que las nuevas realidades les exigen nuevos enfoques ante las cruciales tensiones que hoy se viven.

Como es natural, Mr. Trump ha expresado su desagrado ante la falta de solidaridad siendo que Europa Occidental ha llegado a la misma conclusión ante Estados Unidos. La lección es clara: las alianzas “patria o muerte” a largo plazo solo perduran mientras los aliados compartan intereses. Eso se llama “realpolitik” y visto está que esa es la actitud del momento, especialmente entre países culturalmente democráticos en los que sus gobernantes están sujetos a la voluntad soberana de sus votantes, quienes, a su vez, mucho consideran las consecuencias en sus bolsillos.

Distinto en la actualidad el caso de Francia, que viendo en peligro sus intereses ha desplazado una considerable presencia naval en el mar Mediterráneo o Gran Bretaña, que habiendo recibido un ataque en la base militar que mantiene en Chipre (país miembro de la Unión Europea) ha acudido  en defensa de sus instalaciones.

Lo anterior ha dejado en difícil suspenso aquel principio otrora cardinal de “todos para uno y uno para todos” invocado por algunos países que proclaman -con algo de razón- que “esta no es una guerra de la OTAN” y por tal motivo no existe el compromiso de la asistencia mutua.

Aun cuando no ocupa todavía el mayor centimetraje periodístico, no se puede ignorar el escenario del Líbano, en cuyo territorio un gobierno impotente no tiene los medios para poner en cintura a una milicia extremista como  Hezbolá,  cuya presencia y poderío le permiten ignorar las decisiones del gobierno central. Las consecuencias las paga toda la población víctima  de la actividad militar de Israel que requiere asegurar su defensa de las incursiones terroristas casi diarias provenientes justamente de esas áreas.

Tal como se observa en estas fechas, los ataques y las retaliaciones incrementan su ferocidad trayendo la consecuencia de que otros actores (estados del Golfo)  se vean involucrados en un conflicto que amenaza con extenderse no solo dentro del Medio Oriente sino a otras partes del mundo con consecuencias impredecibles.

En el espacio interno se quiere vender la idea de que quienes aún manejan el gobierno están más que dispuestos a aceptar el “tutelaje” de Washington dando complimiento a las instrucciones emanadas desde el norte. No es seguro que así sea, tal como se acaba de ver con la destitución de figuras clave y su sustitución por otras de iguales o peores antecedentes en materia de derechos humanos, corrupción, etc. (ministro de Defensa, directivos de órganos de seguridad y represión,  ministros y hasta designaciones al frente de Pdvsa, Citgo, etc.)  que desconocerán  la acción de quienes desde 2019 venían gestionando con resonante éxito económico esas empresas (por designación de la Asamblea Nacional (AN 2015) cuyos activos ahora pasarán a estar representados por los mismos que hasta entonces contribuyeron decisivamente a endeudarlos, quebrarlos y enfrentar juicios cuya perspectiva luce sombría. Ellos deberán enfrentar y gestionar los  multimillonarios litigios en curso cuyas perspectivas de éxito no lucen halagadoras.

Por ejemplo, en Pdvsa se ha designado a Hector Obregón, quien  repite en el cargo que desempeñó hasta 2019, un período en el cual las denuncias de corrupción y mala gerencia ocuparon importantes espacios o el caso de Citgo, hasta hoy ejemplo de eficiente administración que ha generado muchos millones de dólares de beneficio los cuales, seguramente, no se destinarán a mejorar los pasivos de la república.

Desde esta esquina intuimos que Mr. Trump, el secretario Rubio, la encargada de negocios Dogu, el general Donovan del Comando Sur, los ministros Wright y  Burgum, que visitaron Miraflores, así como la delegación del Senado norteamericano que acaba de visitar a Jorge Rodriguez, no serán tan ingenuos como  para  no darse cuenta de que  quienes hasta ayer eran considerados “usurpadores del poder”, hoy reconocidos como gobernantes de Venezuela, vienen actuando con el decidido propósito de cambiar todo lo necesario para asegurarse de que no cambie nada. 

Este columnista preferiría ver mayor énfasis en la recuperación de la democracia, que obviamente pasa por el protagonismo de MCM, a quien suponemos enfatizando en las estrategias, objetivos y tiempos que todos anhelamos. Entendemos que la determinación de esos tiempos es crucial y  que las  diferentes  visiones pueden tener matices.

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LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973

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