A sus 81 años, Carmen Teresa Navas camina con un cansancio que no solo es físico. Desde el 1 de enero de 2025, cuando su hijo Víctor Hugo Quero fue detenido en Plaza Venezuela en Caracas, su vida se convirtió en una lucha diaria contra el silencio del Estado. Nadie le dice dónde está ni se hacen responsables.
Ha recorrido cárceles, centros de detención, hospitales, morgues, sedes policiales y organismos públicos. Ha escuchado rumores, versiones contradictorias, excusas. Ha sido maltratada, ignorada, pero, aun así, sigue.
“Estoy cansada”, confiesa. Su cuerpo lo demuestra; ha bajado de peso. Se hace exámenes, toma medicinas, pero nada alivia lo que más le duele: no saber si su hijo está vivo.
Víctor Hugo, conocido cariñosamente como «el Ruso», Quero tiene 51 años y es comerciante. Hasta diciembre de 2024 vendía ropa en La Hoyada, Caracas. Es un hombre honesto, trabajador, buen hijo, asegura su madre.
El 1 de enero de 2025 fue sometido por dos funcionarios del Estado que viajaban en moto. Todo indica que eran efectivos de la Dirección de Contra Inteligencia Militar (Dgcim). Desde entonces, su paradero es desconocido.
Un exprivado de libertad le contó a Carmen Teresa que compartió con su hijo en la cárcel El Rodeo en Guatire, estado Miranda; pero cuando ella va a ese penal, le aseguran que no está allí.
Esa misma persona le comentó que a Víctor lo habían señalado de terrorista, luego de acusarlo de llevar una bomba el día de su detención. Sin embargo, le aclaró que el propio Víctor le aseguró que solo llevaba chocolates y unas hallacas para su mamá.
También le habló de que su hijo enfermó gravemente, que tomó agua contaminada, que tuvo dengue hemorrágico y tuberculosis. Pero nada es oficial; nada está claro; nada calma la incertidumbre de Carmen Teresa.
Aferrada a Dios
La semana pasada, el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) citó a Carmen Teresa para “investigar la denuncia hecha en redes sociales”. Ocurrió 14 meses después de que ella empezó a pedir ayuda. Catorce meses en los que ha caminado, con su fe como único sostén. “Siempre me acompañada Dios”, repite, como quien se aferra a lo único que no le han arrebatado.
Ese interrogatorio en el Cicpc la desgastó aún más. Duró cinco horas. El aire acondicionado de la oficina donde estaba la enfermó. Desde entonces tiene una fuerte gripe que la mantiene débil, desvalida.
Pero detrás de cada paso que da, hay un dolor que no se ve. Carmen Teresa no solo busca a su hijo: busca recuperar su vida, esa que quedó suspendida desde el día en que Víctor desapareció. Ya no duerme bien, ya no ríe; ahora llora.
Cada mañana se levanta con la misma pregunta; una pregunta que la acompaña incluso cuando intenta descansar: ¿Dónde estará mi hijo? Ese pensamiento la persigue, la desgasta, la envejece más rápido que los años.
“Yo solo quiero que me den una fe de vida”, repite, como si esa frase fuera un salvavidas.
Víctor la ayudaba a pagar medicinas y cubrir gastos. Él también venía de una vida golpeada: su esposa murió y su única hija vive en Argentina con sus familiares maternos.


“Ahí manda Diosdado”
El 19 de marzo, Carmen Teresa se unió a una protesta promovida por organizaciones que velan por los Derechos Humanos, entre ellas, el Comité por la Libertad de los Presos Políticos (Clippve), a las puertas del Ministerio de Asuntos Penitenciarios.
Una persona que la acompañó contó a El Pitazo que Carmen Teresa expuso su caso y pidió que revisaran la lista de presos políticos en El Rodeo I, ante la presunción de que su hijo está allí. La respuesta fue que ese organismo no tiene injerencia en ese centro penitenciario.
“Ahí manda Diosdado”, le dijo una funcionaria, que no se identificó, en referencia al ministro de Interior, Justicia y Paz, Diosdado Cabello.
Al 23 de marzo de 2026, la ONG Foro Penal contabilizó 503 presos políticos en Venezuela, en un contexto de constantes detenciones y recientes excarcelaciones. El registro incluye a 452 hombres y 51 mujeres; 315 civiles y 188 militares.
La solidaridad de un país
La lucha de Carmen Teresa no es solo suya. Organizaciones de derechos humanos también han alzado la voz ante un patrón que se repite en muchas familias venezolanas.
Desde Comité por la Libertad de los Presos Políticos de Venezuela (Clippve) reiteraron su compromiso con ella y con todas las madres que buscan a sus hijos.
“Seguiremos acompañando a las víctimas hasta que la última persona sea libre. Necesitamos justicia, reparación y garantías de no repetición”, afirmaron en sus redes sociales, al recordar que la desaparición de un detenido no es un hecho aislado, sino parte de un problema estructural.
La ONG Encuentro Justicia y Perdón también se pronunció sobre el caso. Para ellos, lo que vive Carmen Teresa no es solo una tragedia personal, sino una violación grave y sostenida de derechos fundamentales.
Señalaron que, tras más de 14 meses sin información oficial, el silencio del Estado dejó de ser una omisión para convertirse en una política de opacidad que vulnera tratados internacionales.
Advirtieron que la negativa sistemática a informar sobre el paradero de un detenido se aproxima peligrosamente a la configuración de una desaparición forzada según el derecho internacional.
Trato cruel, inhumano y degradante
En su comunicado, la organización fue contundente: cada día sin respuesta constituye una forma de trato cruel, inhumano y degradante para una madre de 81 años que ha dedicado más de un año a recorrer oficinas, cárceles y hospitales.
“No existe argumento legal que justifique ocultar información a una madre sobre el destino de su hijo. Exigimos una fe de vida inmediata y un reporte oficial transparente sobre la situación de Víctor Hugo Quero”, concluyeron.
La voz de Carmen Teresa, rota, pero firme, también es la de un país que exige verdad. Es un recordatorio doloroso de lo que significa ser madre y resistir cuando todo alrededor parece diseñado para quebrar a una persona. Y mientras no haya respuestas, mientras el Estado siga callando, ella seguirá caminando, porque el amor de una madre no se rinde.
LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973