

Los inéditos acontecimientos del 3 de enero han supuesto un barajo dramático de la situación política del país. De entrada, han dinamitado el statu quo imperante, en el cual el terrorismo de Estado había logrado configurar un escenario de dominación de improbable reversión –en el corto y mediano plazo– por parte de las fuerzas democráticas que representan los amplísimos deseos de transformación política de la sociedad y en consecuencia abierto una ventana de oportunidad en ese sentido. Otro aspecto positivo de la nueva realidad es que parece haberse conjurado la deriva hacia la cubanización (a la venezolana) de la Nación.
Hay un nuevo actor en el acontecer político nacional, Estados Unidos. Lo relevante es que el nuevo actor emerge en rol de hegemón, de factor decisivo en los desarrollos presentes y futuros del país por tiempo indefinido, lo cual lesiona la condición soberana del Estado nacional. Intervención determinada básicamente por sus intereses y objetivos geopolíticos del presente –esto es importante tenerlo claro y de que no siempre coincidirán con los de la mayoría que desea el cambio político, en particular en el manejo de los tiempos–. El hegemón ha impuesto un plan cuyo objetivo es la normalización de la situación venezolana con la aplicación de un plan de tres fases: estabilización, recuperación económica y transición democrática, y ha encargado a quienes sabemos para gestionarlo. Decisión que concitó la sorpresa y desencanto de la mayoría socio-política que esperaba otra cosa. Se puede estar de acuerdo o en desacuerdo, pero es lo que hay. El realismo político aconseja que con él hay que remar hasta lograr la definitiva sustitución del régimen chavista.
El Rodrigato no es un Gobierno soberano, es una especie de Capitanía General o administración delegada porque sus decisiones están o directamente dictadas por Estados Unidos o sujetas a su conformidad. Por tanto, su estatus de gobierno es ilegal e ilegítimo tanto de origen como de gestión. Este Chavo-Rodriguismo sigue siendo rechazado por una abrumadora mayoría de la sociedad; porque, además, no se ha producido la apertura política que permitiría poder decir que estamos en un proceso real de transición hacia la vigencia efectiva de la Constitución. Con el agravante de que la situación socioeconómica sigue cuesta abajo. Sin embargo, cuentan con el respaldo, por ahora, del hegemón que lo considera necesario para desarrollar su plan. Y mientras los ESTADOS UNIDOS siga lidiando con situaciones sobrevenidas de mucho calado en la esfera internacional, estos aprovechan para consolidar su poder interno con el objetivo de solidificar las condiciones para su continuismo, aun a costa de terminar de arriar las banderas residuales del proyecto chavista. Porque es claro que ni Chávez vive ni Maduro regresa.
En la administración Trump parecen convivir dos sectores con criterios distintos sobre la deriva de Venezuela. Uno inclinado al transaccionalismo económico –muy influido por el lobby petrolero– y que no tiene problemas con que se reproduzca el actual statu quo venezolano, siempre y cuando el Rodrigato siga sumiso y complaciente como hasta ahora. El otro es más propenso a una mirada más compleja. Perspectiva que valora y parece comprender que los intereses tanto geopolíticos como reputacionales de ESTADOS UNIDOS estarían más garantizados desde el punto de vista sistémico por un régimen con legitimidad de origen y de gestión, que solo es posible si proviene de la voluntad libremente expresada y respetada de la soberanía popular.
En este escenario complejo, corresponde a los sectores democráticos contribuir a que la ventana de oportunidad, que mencionamos al comienzo, se abra en toda su extensión. Lo cual supone presionar desde la movilización ciudadana en ese sentido, lo cual ha empezado a suceder con las limitaciones del caso. Así como también, tratar de influir en los sectores de poder institucionales y en la opinión pública de ESTADOS UNIDOS. Hace unos días, Marcos Rubio declaró que se estaba en la segunda fase del plan sobre Venezuela, lo que hace pensar que está sometido a una presión considerable al respecto. Toca entonces, desde aquí, hacer todo el esfuerzo necesario para apurar el comienzo de la tercera fase.
LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973