En Venezuela muchas familias comparten una cotidianidad fracturada por tribunales, cárceles e incertidumbre. Hay unas que han perdido a sus seres queridos bajo custodia del Estado, otras aún mantienen los suyos tras las rejas. Para esas familias, la vida es un duelo que no cierra y una batalla urgente por la supervivencia entre la espera de una boleta de excarcelación y el temor a una noticia fatal.
La historia de la familia Baduel es la crónica de un desplome provocado por la prisión, la muerte bajo custodia y la persecución. Su padre, el general Raúl Isaías Baduel, quien fuera pieza clave para el retorno de Hugo Chávez en 2002 y luego ministro de Defensa, se distanció del chavismo en 2007.
Pero a partir del año 2009, su vida transcurrió mayoritariamente tras las rejas. Murió en octubre de 2021, bajo custodia del Estado en El Helicoide, tras años de aislamiento. Falleció en los brazos de su hijo Josnars y ese día surgió la herida más profunda de la familia Baduel.
El mismo patrón de persecución contra el general Baduel también alcanzó a sus hijos. Raúl Emilio Baduel sufrió la prisión política durante años hasta que logró salir al exilio. Hoy, el foco de la tragedia familiar es Josnars Baduel, detenido desde hace cinco años y actualmente recluido en El Rodeo I, un centro denunciado por ser un espacio de tortura sistemática.
Con toda esta situación, las hermanas Andreína y Margareth Baduel consideran que la vida no se mide en años calendarios, sino en visitas a través de vidrios blindados y la gestión de un duelo que el Estado no les permite cerrar.

“Yo creo que la muerte de mi papá marca un antes y un después en nuestras vidas y seguirá ahí ese dolor, porque ni siquiera hemos tenido la oportunidad de vivir el duelo, porque siguen las amenazas, sigue el atropello y sigue la persecución y sobre todo sigue la detención arbitraria de mi hermano”, reflexiona Andreína Baduel en entrevista con Runrun.es.
El único consuelo que existe para las hermanas Baduel sobre la pérdida de su padre, en palabras de Margareth, es que “sintió el amor de uno de sus hijos en sus últimos días”.
La urgencia de salvar la vida de un hermano
Josnars Baduel fue detenido el 4 de mayo de 2020 en el estado Aragua. Su captura se produjo en el marco de la “Operación Gedeón”, un supuesto intento de incursión marítima por las costas de Macuto y Chuao que buscaba, según el gobierno de Nicolás Maduro, derrocar al ejecutivo y capturar a altos funcionarios.
Baduel fue imputado por los delitos de traición a la patria, terrorismo, conspiración, tráfico de armas y asociación para delinquir. Primero estuvo detenido en El Helicoide, donde vio morir a su padre, y hace dos años fue trasladado al Rodeo I, un lugar en donde muchos familiares llevan más de 90 días en vigilia esperando la libertad de todos los presos políticos que allí se encuentran.
Actualmente, su situación es el centro de la angustia de las hermanas Baduel. En los últimos dos años, en los que ha estado recluido en El Rodeo I, ni Margareth ni Andreína han podido darle un abrazo. Las visitas se limitan a un teléfono y un vidrio, bajo vigilancia constante.

La cotidianidad de Andreína y Margareth está marcada por la urgencia de salvar la vida de su hermano. En El Rodeo I el contacto humano ha sido sustituido por barreras físicas y auditivas. Tras denuncias de torturas y uso de gases contra los detenidos, la desesperación llevó a la activista a los alrededores del penal, en una colina donde familiares y detenidos pueden comunicarse con gritos. La represión contra los reclusos causó el colapso físico de Josnars y encendió las alarmas en sus hermanas.
“Yo subí a esa lomita, en este mecanismo de comunicación que han descubierto los familiares de gritarles y que ellos nos griten, para que le informaran que no es que nosotros no estábamos presentes para él, sino que me habían suspendido las visitas y ni siquiera querían recibirme los medicamentos”, relató Andreína.
“Yo vine a detectar que era mi hermano cuando hace mención al nombre de mi papá. Él respondió, él alertó que están acabando con su vida. Yo espero en Dios que mi hermano esté vivo y que, después de él valientemente atreverse a denunciar a través de gritos, no hayan acabado con su vida”, dijo.
El dolor transformado en activismo
Para Andreína Baduel, la vida cotidiana es un ejercicio de voluntad. “Hay días en los que, en mi fragilidad humana, no me provoca absolutamente nada”, confiesa. Sin embargo, el dolor se ha transformado en combustible. Ambas hermanas son hoy caras visibles del Comité por la Libertad de los Presos Políticos (Clippve), una labor que las ha sacado de la privacidad que solían atesorar.
Andreína y Margareth Baduel han sido víctimas del hostigamiento. Han denunciado seguimientos de vehículos sin identificación, amenazas directas y una vigilancia constante que las obligó a recurrir a instancias internacionales; actualmente son beneficiarias de medidas cautelares otorgadas por la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH) debido al riesgo inminente que corren por su labor de denuncia.
“Pasarán los años y la ausencia seguirá. En este proceso hay dos caminos: o sacas lo mejor de ti o sacas lo peor. Nosotros decidimos sacar lo mejor, fortaleciendo nuestro espíritu en búsqueda de justicia y no repetición”, afirma Andreína.
Esa herida abierta se convirtió en un compromiso moral. “Si algo no queremos nosotros como familia es que nuestra historia se repita”, señala Andreína, quien desde la creación del comité ha acompañado a cientos de familiares de presos políticos que, así como ella y su hermana, están en búsqueda de la justicia.
Antes de que la política y la cárcel desmantelaran su hogar, los Baduel eran una familia que valoraba la intimidad y la paz de lo cotidiano. Andreína recuerda con nostalgia esos cimientos que hoy les permiten seguir de pie. Lo que antes eran celebraciones familiares —graduaciones, bautizos, cumpleaños— hoy son espacios vacíos. “Nos han robado todo, pero no la dignidad ni la fe”, aseguran.

En todo el proceso que han vivido despertaron la empatía, solidaridad y resiliencia, lo cual, según Andreína, es de los principales motores del Clippve. Es tratar de que muchas familias comprendan la importancia de que juntos pueden lograr grandes cosas, “que la denuncia oportuna puede contener a que la situación no sea peor de lo que ya es, y tratar de que haya justicia principalmente”.
A pesar de la “violencia institucional” y de las amenazas de ser procesadas por sus denuncias, las hermanas Baduel han decidido que su historia no sea solo suya, sino una voz para quienes no se atreven a denunciar.
Ambas buscan evitar que otras familias vivan “el mismo infierno”. Su padre ya no está, su madre tampoco. Sus esfuerzos son en pro de salvar la vida de su hermano Josnars, todo pese a que el dolor siempre está presente. Por ello esperan la justicia, reparación y, sobre todo, “la no repetición”, no solo para su familia, sino para todos los presos políticos.
*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.
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