

La figura de una persona pensativa sobresale de un negro infinito de cuya densidad surgen objetos como bolas, botellas o alambres. Como si ahí se escondiera un universo entero, como si al tocarlo se entrara en otra dimensión. Se trata de esculturas cubiertas de resina con las que, bajo el título Viajantes, Jacobo Borges ha llevado a otro nivel sus obsesiones por la humanidad, el agua, el paisaje y la naturaleza, junto a otra serie, llamada precisamente Aguas y paisaje del origen, en la que mezcla el mismo material con otras técnicas para mostrar las infinitas posibilidades que ofrece el color, que trabajó aquí con líneas, movimientos y relieves.
No hay que pensar que Borges hace estas búsquedas de manera sistemática. Su mente es una máquina de la imaginación que nunca deja de trabajar. Los motivos de estas creaciones pueden ser un antojo o una necesidad de explorar, como en el caso del brillo, al que encontró en principio en los chasis de los carros; gracias a eso, llegó a la resina, que produce tal densidad que el espectador puede verse reflejado en las piezas de Viajantes o, algo que al pintor caraqueño le llama la atención: dependiendo de la luz, los negros pueden variar de claros a oscuros.


De nuevo: es un hombre que siempre está detrás de las posibilidades del hecho artístico.
Como es una carrera vasta —Borges tiene 94 años y pinta desde la adolescencia—, esta obra reciente debe dialogar con piezas anteriores en las que abordó los tópicos que le siguen interesando. Por eso la exposición dedicada a su trabajo que se inaugura en la Galería Freites este domingo se condensa bajo el título Jacobo Borges. Diario en tiempo de pandemia: viajantes, paisajes y aguas, con curaduría de María Luz Cárdenas, e incluye, como contexto, la pintura Reflexiones de agua II (1986), en la que se encuentran figuras similares a los Viajantes, así como piezas de su serie El bosque (iniciada a principios de los 2000 y que sigue explorando) y Se vino abajo el cielo (performance que presentó en Catia, Caracas, y Salzburgo a finales de los 90).
Se añade también su Diario en tiempo de pandemia, un seriado audiovisual que surgió cuando, al aparecer la crisis del coronavirus, se quedó encerrado en su apartamento en Nueva York y con pocos materiales, básicamente cartones y papeles de colores y tijeras. A partir de allí creó imágenes con movimientos que probablemente están influenciados por el cine de creadores como Charles Chaplin: Borges es un apasionado del séptimo arte que ha realizado trabajos vinculados como el espectáculo multidisciplinario Imagen de Caracas. Publicados en Prodavinci, cada micrometraje es acompañado por una banda sonora que dramatiza lo que ocurre en la imagen y textos del artista plástico que bien pueden ser poemas, relatos cortos o reflexiones.


Aguas y paisaje del origen, explicó María Luz Cárdenas, se relaciona con Diario en tiempo de pandemia, al igual que lo hacen Reflexiones de agua II y Se vino abajo el cielo con Viajantes. Es decir, señaló la investigadora, siempre ha habido un hilo conductor en la obra del artista. “Hace años que trabajé en el museo de Sofía (Ímber) y nunca tuve un golpe estético tan fuerte como cuando vi este trabajo en su taller, donde se encontraban estas figuras puestas al azar. Aquí tenemos condensado lo hecho por Jacobo Borges, porque su hilo nunca se ha cortado”, explicó.
Dijo también que Borges y su esposa, la artista plástico Diana Carvallo, ya tenían todo organizado y se comenzó con los videos que nunca, hasta ahora, se habían mostrado en una exposición. “Ahí está el origen de lo que viene. Vemos cómo Jacobo Borges maneja todos los medios, pintura, fotografía, videos, pero además está el orden de verdad: Jacobo Borges trabajando con pocos materiales, con papel en el suelo y que se vincula con su trayectoria, con obras de los 60 y 70, como La pesca. Nos encontramos ante una obra que nos lleva hacia atrás y hacia adelante”.
Se refiere la curadora a hechos como que el pintor caraqueño marcó pauta en la ubicación de figuras escultóricas en el espacio y en esta muestra lo ha llevado a otro nivel con Viajantes, por eso insistió en el fluir creativo de sus piezas y en que esta reciente producción no se resume a 10 años —en 2016, la Freites presentó tres décadas de su obra con la exposición Jacobo Borges. De las relaciones humanas al Paisaje desde el mar. 1986 – 2016—, sino que trabaja en un “tiempo infinito” por todas las relaciones que se pueden hallar.


Borges explicó que cuando está trabajando lo que lo mueve es la curiosidad, porque intenta investigar y entender todo, sin darle importancia al resultado, mucho menos si creen en él. Por eso es agradecido con quienes le apoyaron en el pasado, cuando comenzaba, como Aquiles Nazoa, Mario Abreu o Carlos Cruz-Diez. Por ejemplo, recordó que gracias a Abreu estableció conexiones con distintas figuras de la cultura y se acercó a libros que fueron esenciales para su formación. “Pienso que tuve suerte, porque era un país en el que podía conocer unos tipos con toda una biblioteca de literatura latinoamericana. Gracias a Abreu conocí varios libros”, dijo.
Generalmente, explicó Borges, no sigue una dirección sino que va destruyendo obras sin asumirlo como un fracaso. En el caso del negro, llevaba tiempo buscando un brillo que fuera intenso y lo encontró en la resina. “Las obras a veces te persiguen. Siempre siento que no estoy logrando nada. Me impresionó también lo que escribí, es una belleza lo que es la palabra. Por eso digo que todo me interesa, y todo lo que escribo me interesa, no por pedantería, sino porque todo el tiempo estoy inventando historias. Al dormir suelo escribir qué voy a soñar”.
El agua, uno de los elementos que suele estar presente en la vida de Borges, en lo personal y profesional, es para el artista algo que une a la humanidad con el universo. Siente que es algo inmenso que parece estar en otra dimensión. “La televisión, por ejemplo, se puede quedar paralizada, el agua no; el agua se mueve, y todos somos así de alguna manera”.
En el área en que se encuentran las obras de Aguas y paisaje del origen, Borges sugiere a las personas moverse frente a los cuadros, para que puedan notar cómo la imagen cambia según la perspectiva, particularmente el modo en el que el brillo se mueve de acuerdo con la luz y la visión. “El brillo mismo es el hecho nuevo para mí. Me interesaba desde el principio lo luminoso como agresión. O algo que pasa con los carros: vas como pasajero en un carro tomando fotos y puedes hacerlo también desde fuera, es decir, aunque haya unidad no hay totalidad”.
Toma como ejemplo también la museografía de esta parte de la exposición. Se organiza de acuerdo con el diálogo que sostienen entre sí, por tamaños, colores o trazos, pero en realidad él realizó las piezas como si estuviese armando un conjunto: “Este espacio da para una narración, como una película; ahora, mi proceso fue distinto. Me asombro por el resultado. Muchos de esos cuadros están borrados, ese vertical —dice señalando una de las obras— son como dos cuadros (por el proceso en el que destruye cuadros y pinta de nuevo sobre ellos)”.
Pasar a la sala en la que se proyecta Diario en tiempo de pandemia es toparse con la pasión de Borges por el cine y la literatura mezclada con el arte plástico. Cada pieza, editadas como un stop motion, presentan seres como gatos o caballos, objetos como juguetes y cartones que desde arriba parecen piezas de cerámica acumuladas, o edificios y carreteras superpuestos con juguetes, llevando el juego de la pintura hasta la pantalla. Los textos pueden ser desde dramáticos hasta divertidos y filosóficos. En uno de ellos, titulado The King, habla de la sensación de encierro en estos términos: “En este presente, aquí, entre estas paredes, es la única vez que no estoy solo, que no soy Yo. Soy millones de Yo. Por primera vez respiro, camino, aquí adentro, con una inmensa carga de la humanidad entera, tan pesada que tengo miedo de que se hunda el piso y el edificio entero es la humanidad”.
El artista plástico lo ha dicho antes. No se considera escritor, en este caso el texto forma parte del material audiovisual. Pero sí ama la palabra, por curiosidad, por su capacidad para comunicar o los universos que conecta. De ahí su interés por escribir algunas de sus experiencias en el arte.
LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973