En la azotea del edificio hay una animada fiesta y, escaleras abajo, el resto de los vecinos sigue sin ascensor, con agua racionada, apagones y sin plata para pagar el condominio… Empresarios optimistas, el chavismo en campaña electoral anticipada, el gobierno de Estados Unidos, algunos economistas, consultoras y hasta el FMI, coinciden en afirmar en declaraciones, informes, foros y conferencias que ciertas cosas mejoran en Venezuela.
Los más entusiastas apuestan a que este año la economía crecerá con fuerza, inclusive sobre el 12% del PIB (Producto Interno Bruto).
Como se sabe, el PIB es la suma total de riqueza en forma de bienes y servicios que produce una economía en un período determinado, digamos un semestre o en un año. Y es el principal indicador macroeconómico. Se supone que, como una cascada en Canaima, esa riqueza debería bajar y expandirse vertical y horizontalmente en el resto de la economía.
Pero entonces, si se está produciendo más riqueza, si llueven anuncios de inversiones y más producción de petróleo, si sigue la luna de miel entre Donald Trump y su impuesto gobierno neo chavista, y se han aliviado las sanciones financieras contra Venezuela, ¿por qué las personas de a pie no sienten los efectos de ese crecimiento y de esa mejoría en las expectativas? ¿Cuándo los sentirán? ¿Qué nos espera en el próximo capítulo?
“Creo que este año va a haber un crecimiento sustancialmente mayor que en los años anteriores, posiblemente inclusive pudiera superar el 10%”, señala el reconocido economista y profesor Pedro Palma.
“Pero los efectos sobre la población en su conjunto y particularmente sobre las personas de más bajos ingresos, el verdadero efecto favorable que se puede producir este año es una reducción importante de la inflación, por lo que es factible que eso beneficie a la gente”, agrega.
También espera que este 1 de mayo se anuncien aumentos salariales en beneficio de los trabajadores, que mejorarán su poder de compra.
“Pero no se pueden tener grandes esperanzas de que este va a ser un año de bonanza con una posibilidad de trabajo, muy amplia, y bien remunerado”, señala.
Otros expertos coinciden en que el principal efecto de la apertura económica chavista en su alianza con EEUU es que las exportaciones de petróleo se venden a mejor precio –sin el descuento otorgado a China para evadir las sanciones ahora flexibilizadas-. Eso, con el limitado aumento de la producción nacional y de los precios por la nueva crisis del Medio Oriente, traerá más petrodólares.
Además, EEUU reinsertó al Banco Central de Venezuela en el sistema financiero internacional, lo que facilita el movimiento de divisas hacia y desde el país, incluyendo remesas y pagos de empresas y bancos.
El efecto es menos volatilidad en el mercado cambiario, y como en Venezuela la devaluación y el precio del dólar marcan el ritmo de los precios, esto se traduce en una inflación menos virulenta. Pero igual en lo que va de año el dólar oficial BCV ha subido de precio en 60% y el bolívar ha perdido otro 39% de su valor.
La inflación admitida por el Banco Central fue de 71,8% en el primer trimestre y en los 12 meses terminados en marzo acumuló 649%. Esta tendencia continúa. Y no hay manera de que los aumentos de sueldo, por decreto o por acuerdos entre empleadores y trabajadores, lleguen si quiera compensar de un solo golpe esa inflación. Los principales beneficiarios de ese aumento del 1 de mayo son los empleados públicos, que hoy son uno de cada cuatro trabajadores formales.
En el sector privado hace tiempo los salarios están muy por encima de los del Estado, donde el gobierno paga principalmente con bonos sin efecto en las prestaciones sociales.
Recuperación gota a gota
La más reciente encuesta de coyuntura de Conindustria prevé un aumento de 12,7% en la producción del sector manufacturero este año, pero apunta que será una recuperación incipiente, comparada con el alza de 15,4% en 2019.
Ya en 2025 el promedio de salarios en la industria venezolana fue de $503 por mes, un 14% mayor que en 2024.
Pero este sector, el que mejor paga, un obrero gana solo $270 mensuales, un profesional medio $537 y un gerente apenas $1.138, según Conindustria.
La canasta básica de alimentos, medida por el Cendas, del Magisterio, costaba en marzo $692, lo que ilustra la enorme brecha de ingresos y la muy baja capacidad de compra de los salarios.
Entre el 48% y 70% de los trabajadores (cifras del estudio Encovi de la UCAB y de consultoras) está en el sector informal, lo que incluye desde personas que sobreviven vendiendo empanadas, hasta técnicos que te cobran $50 por cambiarte la llave de un lavamanos, los maestros que dan clases privadas, hasta profesionales liberales.
“Tengo dificultades para entender cómo este renovado optimismo se va a transformar en realidades, en actividad económica real, y en bienestar para la gente”, señala el economista Omar Zambrano.
“A pesar de que ha habido algunos anuncios sobre inversiones en petróleo en grandes campos, eso no parece que va a ser ni de inmediato ni tan rápido y tampoco veo que esté pasando nada más en ningún otro sector”, agrega Zambrano al describir “un problema de origen”, en la falta de garantías institucionales y judiciales para poder producir un verdadero boom de inversiones.
“Pareciera que hay mucha cautela de parte de los inversionistas. A pesar de que hay una buena percepción sobre lo que pudiera pasar y los sentimientos son positivos para el cierre de año, no veo que esté pasando demasiado en términos de inversiones reales”, apunta.
“Esperar y ver qué pasa parece ser la estrategia dominante. Lo que está pasando en la calle es bastante preocupante, se nota una aceleración muy fuerte de la inflación, empieza a haber signos de que el consumo de los hogares está cayendo a cotas preocupantes y empiezan a sentirse síntomas de una economía a las puertas de una hiperinflación”, observa.
Para el profesor y consultor de la firma Anova, otra vez la situación económica se está deteriorando rápidamente “y a pesar de las expectativas positivas hay una tensión entre esas expectativas y lo que está pasando en la realidad”, dice.
Indicadores esconden una brutal realidad
Según la versión del chavismo, la economía de Venezuela creció 8,66% en 2025 y acumula 19 trimestre consecutivos en ese plan. Jura que en 2026, el PIB crecerá otro 7%, también impulsado por el fuerte aumento de la producción de petróleo.
Estados Unidos ha reconocido al chavismo con la ropa de Delcy Rodríguez como EL gobierno de Venezuela. Washington es el principal financista y el que da las cartas en organismos multilaterales como el FMI.
“Hoy hablé con la directora general del FMI, la doctora Kristalina Georgieva, y justamente le hablé de la necesidad de que Venezuela acceda a sus derechos especiales de giro. Son 5000 millones de dólares que tenemos en el Fondo Monetario Internacional para que podamos recuperar infraestructura vital, electricidad, agua”, dijo Delcy recientemente en un acto proselitista anticipado.
Pero el chavismo también ha descartado que vaya a pedirle prestado al FMI, mucho menos que vaya a aplicar paquetazos como los de la era de Carlos Andrés Pérez y Rafael Caldera. Valga recordar que Nicolás Maduro y Delcy, como su vicepresidenta de Economía, ya han aplicado paquetes con efectos mucho peores sobre la población más pobre, y sin resultados positivos ni más programas compensatorios que las miserables bolsas Clap.
La liquidación del salario real y de las prestaciones sociales, los fuertes aumentos de la gasolina, la aguda reducción del gasto público, la casi extinción de la inversión pública real en infraestructura, servicios básicos, salud y educación, la informalidad en el mercado laboral, la casi extinción del crédito bancario, los cierres de empresas públicas reducidas al mínimo y la aniquilación de cualquier esperanza de un estado de bienestar social han sido políticas sostenidas de este régimen durante años.
Ese paquete en cámara lenta haría gritar de escándalo a cualquier economista neoliberal amamantado en la Escuela de Chicago.
Superar el modelo chavista
La lista viene al caso porque cualquier recuperación real y sostenible de la economía, de una forma que tenga impacto positivo sostenido en las condiciones de vida de los venezolanos, pasa por superar el fracaso y las heridas de ese modelo chavista que saltó del estatismo dogmático y populista, a los ensayos pragmáticos de flexibilidad económica que mantiene la represión política.
La plata del FMI no se puede usar para inversiones físicas en infraestructura, servicios, mucho menos para aumentarle los salarios a empleados públicos. Solo pueden ir a fortalecer las reservas internacionales de un país y a mejorar sus cuentas fiscales.
“El país se encuentra en una situación muy difícil. La economía se contrajo dos tercios en los últimos años; ocho millones de personas abandonaron Venezuela. Este porcentaje de la población es mayor que el de los ucranianos que huyeron de un país en guerra. La inflación alcanza cifras de tres dígitos. Lograr la estabilidad macroeconómica y financiera desde esta situación será un camino muy arduo”, advierte Georgieva.
“Tenemos tareas por delante. La más urgente, número uno, son los datos. No se pueden tomar buenas decisiones sin buenos datos”, advierte.
Desde hace años en Venezuela no hay información pública sobre las deficitarias cuentas del Estado ni del Seguro Social (IVSS), ni cifras oficiales de pobreza o desempleo. Censuran los informes financieros de empresas públicas, incluyendo PDVSA y las de la CVG, y ni siquiera se conoce el monto oficial de la deuda externa.
Nada. Y si no se sabe cómo estamos, es difícil prever cuánto tiempo tomará una recuperación y cuándo llegarán las mejoras a la gente común.
El propio FMI da unas pistas este abril en su más reciente informe de Perspectivas de la Economía Mundial, donde proyecta que el PIB crecerá este año 4%, la inflación será de solo 387% y que la población es de 26,887 millones de habitantes (el chavismo niega la diáspora y dice que son 32 millones viviendo en el país).
El FMI también calcula que el tamaño de la economía equivale a $111 000 millones, una mejora respecto a los $99.000 millones de 2025, pero muy lejos de los $372.000 millones medidos en 2012. Ese año Venezuela tuvo el pico del boom petrolero más grande de su historia, irremediablemente desperdiciado y robado sin que quedara nada más que un cementerio de obras inconclusas.
Los números del Monitor Fiscal del FMI también asoman que Venezuela es hoy el país del mundo con el mayor porcentaje de deuda pública respecto al tamaño de su economía (308%). Esto lleva a deducir que esa deuda total superaría los $330.000 millones, interna y externa.
Esa deuda total bruta del gobierno incluye los saldos de Pdvsa y otras empresas públicas, de Fogade y del IVSS. También, debe haber al menos $65.000 millones en intereses y capital de bonos de deuda vencidos que circulan en los mercados financieros, préstamos de multilaterales, facturas con proveedores de bienes y servicios y pagos pendientes por confiscaciones de activos de empresas extranjeras.
Obligado a rendir cuentas
El regreso de Venezuela al FMI y al sistema financiero internacional y el alivio de las sanciones al Banco Central tiene para el chavismo el doble filo de obligarlo a presentar cuentas claras, si quiere dinero para financiar su nueva campaña electoral.
Para los que mantienen el optimismo, el reciente estudio “Visión Empresarial Venezuela 2026”, de la firma consultora KPMG, basado en una encuesta entre empresarios de varios sectores “evidencia un cambio de tono frente a 2025: de una visión predominantemente defensiva a un optimismo condicionado”.
“99% de los líderes empresariales espera crecimiento en 2026, marcando un cambio frente al pesimismo e incertidumbre de 2025, cuando predominaba una visión claramente negativa —con un 41% de los encuestados esperando una recesión y 37% anticipando estancamiento—, este año solo 1% espera el estancamiento y no hay menciones de recesión”. El 91% espera aumento de las ventas.
Los empresarios miden los principales retos que enfrenta Venezuela en 2026, y que son los mismos de la gente común: Inflación y tipo de cambio, carga tributaria, acceso al crédito, fallas en servicios públicos y bajo poder adquisitivo, dice el informe al aclarar que y la inflación y devaluación se mantienen como una amenaza transversal, que toca todos.
*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.
LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973