María Fernanda Maldonado notó que había más adultos mayores que jóvenes en Venezuela cuando tuvo que cuidar a su bisabuela. Tenía 17 años, era el 2021 y las Naciones Unidas ya llevaban 6 años advirtiendo que la juventud Venezolana migraba del país por las vulneraciones a sus derechos humanos. No había enfermeras para atenderla ni suficiente dinero para pagar un servicio de cuidados constantes.
En su comunidad, La Mucuy Baja —en el estado Mérida—, ella empezó a notar menos puestos comerciales y más adultos mayores de 50 años en la calle, trabajando. Aunque el Estado venezolano no publica datos demográficos desde hace 15 años (y contando), ella notó que a su alrededor había cada vez menos gente entre 15 y 29 años.
Hasta que su bisabuela falleció, en 2024, María la cuidó: monitoreaba sus actividades, la ayudaba a ejercitarse y la aseaba.
«Esa experiencia me hizo entender que debo aprender a ser una cuidadora profesional. Sé que mis abuelos, mis padres y mis vecinos llegarán a una situación similar y quería cuidarlos bien», dijo María, ahora con 21 años.
Tomó el voluntariado en Cáritas Mérida, una confederación de la iglesia católica para la atención social, para atender y acompañar a los adultos mayores. Fue allí donde un compañero le comentó de un curso de profesionalización para cuidadores. María Fernanda vio una oportunidad para profesionalizarse.

Ese mismo 2024, pero en la ciudad de Valencia, Yenifer Ramos buscaba un trabajo. Tenía 27 años, 2 hijos y menos de 1,5 dólares mensuales —el salario mínimo en Venezuela— como cajera de un supermercado. Apenas se enteró que la Casa Hogar San José de Mañongo buscaba personal se aventuró a conseguir el puesto.
Al entrar, vio que la institución estaba llena de adultos mayores y pocas enfermeras. Yenifer vio de primera mano el déficit quedenuncia el Colegio Nacional de Enfermería desde hace cuatro años: en el país existe 1 enfermera por cada 1062 habitantes, cuando el mínimo sugerido por la Organización Mundial de la Salud es de 1 enfermera por cada 250 habitantes.
La Casa Hogar le iba a dar el empleo a Yenifer como cuidadora, pero con una condición: si cursaba un programa de profesionalización antes de entrar.
Tanto a María como a Yenifer le ofrecieron la misma solución: cursar el programa Cuidadores360, de la asociación civil venezolana Trabajo y Persona.
Aliarse para aprender
En agosto de 2024, María Fernanda tuvo su primera entrevista para entrar al curso. Su historia resumía una advertencia que el Banco Mundial lleva diciendo por años para todos los países: cada vez hay menos personas en edades productivas —entre 15 y 64 años— para mantener el ritmo de la economía tal y como se conoce.
Yenifer, por su parte, mencionó que era una de las personas más jóvenes que buscaba trabajo en la casa hogar. Su experiencia coincidía con los últimos hallazgos de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida de la Universidad Católica Andrés Bello (Encovi – UCAB): para el año 2024 se estimó que cerca de 5 millones venezolanos mayores de 18 años emigraron en los últimos 10 años. Esos datos lo respaldaban las Naciones Unidas.
Diana Hernández, directora de desarrollo institucional de Trabajo y Persona, recordó que las personas con perfiles como los de María y Yenifer motivaron a crear el programa Cuidadores360. En una economía atravesada por la hiperinflación más alta de Latinoamérica, los jóvenes que se quedaban en el país perdían espacios para conseguir empleo por la autoprotección de las empresas, que no generaban nuevos contratos.

«Pero también vimos que los jóvenes que migraron llamaban para solicitar servicios de cuidadores a domicilio, para atender a los adultos mayores que quedaban desamparados o cuidando a la niñez porque la generación del medio buscaba apoyarlos con remesas en otras latitudes», agregó Hernández.
La ONG buscaba generar un proyecto que integrara la demanda de un país que perdió su bono demográfico rápidamente con su objetivo institucional: la formación para el trabajo y la promoción de la cultura laboral.
Su respuesta se encontraba en «la economía plateada», aquellos trabajos que cubren las necesidades de las personas mayores de 50 años.
«Y de esa necesidad se afianzó nuestra metodología de enseñanza: las alianzas. Ya sea con las comunidades, el sector privado, las instituciones educativas y las organizaciones de desarrollo social», señaló Hernández.
El equipo de Trabajo y Persona reunió a enfermeras, docentes, fisiatras, nutricionistas y otras asociaciones civiles que ya habían trabajado la formación de cuidadores —como la Fundación Alzheimer Venezuela y la Asociación Civil Convite— para crear un pensum de estudio intensivo, de tres meses, avalado por la Universidad Central de Venezuela.
Aprender para emprender
En sus primeras clases, a María Fernanda le explicaron que el programa formativo constaba de tres componentes: la teoría y la práctica del cuidado, los aspectos psicosociales para el autocuidado y el impacto social de la vejez y del cuidador como trabajadores.
«Una de las primeras lecciones que me dieron, y una de las que más recuerdo, era integrar la empatía en todo lo que hiciera», recordó María Fernanda. «Es importante porque permite escuchar y ayudar a los adultos mayores que cuidaría y a generar conexiones, alianzas, entre colegas y pacientes».
Con la escasez de profesionales de enfermería, también disminuyeron los espacios de formación. Organizaciones no gubernamentales como Aula Abierta estiman que en las universidades existe una deserción estudiantil y docente entre el 40 y el 70 % —dependiendo de la institución— en todas las carreras que ofrecen. Entre las razones de la merma, según su informe publicado en abril de 2026, está la alta corrupción estatal, que desvía fondos y da una fracción menor al 10 % del presupuesto que piden las académicas.

«En ese contexto hemos visto que la participación juvenil en Cuidadores360 es pequeña comparada a los otros estudiantes más adultos [ellos representan el 11 % del total de estudiantes], pero cada año ha aumentado más y todos culminan con algún grado de ocupación o empleo formal. Ellos entran por una vocación sensibilizada y descubren que dentro y fuera de Venezuela el cuidado tiene cabida laboral», dijo Diana.
Esa vocación fue la que empujó a Dilgimar López, de 24 años, a tomar el programa. Desde el 2020 llevaba una iniciativa para cuidar y reunir a los adultos mayores en su comunidad en Mérida llamado «Abuelitas Lindas».
«La pandemia del covid-19 y su cuarentena hicieron más evidente el impacto diferenciado que tiene la falta de servicios y la migración en los adultos mayores: ellos se quedan aislados», recordó López. «Entre varios amigos creamos esa iniciativa para reunir a las abuelas para que interactúen y tengan un espacio de recreación».
Dilgimar quería formalizar su emprendimiento social mientras seguía estudiando Farmacia en la universidad. Se enteró de Cuidadores360 por una campaña que compartían líderes comunitarios entre sí.
«Una parte importante de estos talleres fue conocer las experiencias de otros estudiantes, mayores que uno, que ya están dentro del campo laboral del cuidado. Te permite saber cómo es el trabajo en el área del cuidado dentro de Venezuela», comentó López.
Emprender para cuidar
Para la ONG Trabajo y Persona, en Venezuela cada vez más se ve la tendencia de la juventud venezolana en integrarse a la economía plateada. Diana hace énfasis en la sustentabilidad del proyecto a través de las actividades con las comunidades.
«Los jóvenes, durante su formación, tienen un componente donde practican el servicio comunitario supervisado por nuestros docentes», agregó Hernández. «Eso tiene tres funciones principales: integrar a los jóvenes a la comunidad y a sus necesidades, que tengan sus primeras prácticas en un espacio seguro y que la propia comunidad sea el primer estadio que solicite sus servicios».
Esta metodología de enseñanza, que involucra a las comunidades cercanas de los estudiantes, permite que los vecinos sean los primeros empleadores potenciales de los jóvenes una vez que se gradúan del programa. Este acercamiento también permite a los jóvenes a adaptarse a sus necesidades de tener un trabajo formal, de autoemplearse o de agregar una actividad a su pluriempleo o a su voluntariado.

Por eso no fue sorpresa para María Fernanda cuando la llamaron para solicitar sus servicios como cuidadora pocos meses después de haberse graduado. Una familia en Mérida iba a viajar un par de semanas y necesitaban cuidar a su abuela de más de 80 años.
«Ahí, en octubre de 2025, vi la posibilidad de ser una cuidadora a destajo, freelance», recuerda María Fernanda. «Esa familia se me acercó porque ya estaba familiarizada con mi trabajo de voluntariado en donde vivo, y también habría recibido referencias de mis amigos del programa y del voluntariado en la iglesia».
Cuidar(se) para seguir aprendiendo
Mientras María trabaja en su marca personal para aumentar su clientela, Yenifer debe cuidar en la casa hogar a 31 adultos mayores en su jornada laboral y Dilgimar es responsable de 14 personas mayores de 70 años y mantiene dos empleos: uno como miembro de recursos humanos en una empresa de seguridad y un emprendimiento propio de repostería.
La sobrecarga de trabajo que advierte el Colegio de Enfermería en Venezuela se mantiene: la demanda de cuidadores ha aumentado, según los datos internos de la ONG Trabajo y Persona. Pese a tener tres sedes principales para Cuidadores360 —Caracas, Mérida y Valencia—, los estudiantes provienen de 19 estados de los 24 que tiene Venezuela.
«Por eso una de las clases que también considero importante es el autocuidado. Cómo marcar límites y enfrentar el duelo de los abuelitos cuando fallecen, cómo acompañar a las familias durante ese duelo», recalcó Dilgimar. «Entre el pluriempleo y la sobrecarga de trabajo, recuerdo siempre esas herramientas para evitar caer en el burnout».
Pese al exceso de trabajo y el sesgo de género en las actividades de cuidado, la economía plateada como nicho laboral se mantiene a flote.

Existen otras iniciativas que nutren el inicio de la economía plateada dirigida por la juventud venezolana: Yeyito App —una aplicación móvil que reúne en Caracas a adultos mayores y jóvenes con vocación de cuidado creada por dos jóvenes venezolanas, Isabel Huerta Oliveira y Génesis Recine—, la ONG Aprendo y Emprendo —que reúne a jóvenes con adultos mayores para generar startups y proyectos sociales— la Fundación Alzheimer de Venezuela —con programas formativos especializados para la adultez con enfermedades neurodegenerativas— y la aplicación Mijo —creada por estudiantes de la Universidad Metropolitana para enviar cuidadores profesionales (o personas con vocación del cuidado pero sin titulación) a quiénes lo necesitan en Caracas— son algunos de los proyectos consolidados y emergentes que involucran a distintas generaciones para cubrir su bienestar.
«La necesidad de cuidar a los adultos mayores seguirá y continuará. Todos llegaremos a la vejez en algún punto. Por eso considero que el cuidado es un nicho laboral que no se agotará esté donde esté. Quiero ser parte de un mundo que aporte a una vejez digna y una juventud con oportunidades», reflexionó María Fernanda.
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Este reportaje se realizó con una Beca de Producción Periodística de Futuro en Construcción, una iniciativa conjunta de Factual y el Banco Mundial para identificar y narrar historias sobre empleo juvenil e inclusión laboral en América Latina y el Caribe desde una perspectiva de periodismo constructivo.
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Para este trabajo periodístico se utilizaron datos de la Organización Internacional del Trabajo recopilados en el Catálogo de Datos del Banco Mundial. Puede acceder a la pequeña base de datos (y la metodología del Banco Mundial) elaborada para el reportaje en este enlace incrustado. Para acceder a los datos preliminares de la Encovi 2025 se recomienda contactar al Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la Universidad Católica Andrés Bello.
LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973