Lapatilla


Una vez que Hugo Chávez Frías, “el comandante eterno”, logra en el 2007 consolidarse en el poder la emprende contra sus enemigos con un programa de nacionalización de las empresas extranjeras que funcionaban en el país, y en el 2008, con un sinnúmero de expropiaciones al sector privado nacional.
Con la nacionalización petrolera obligará a las compañías que operaban en la Franja del Orinoco a convertirse en empresas mixtas, bajo el control de PDVSA. En ese contexto, las empresas norteamericanas Exxon Mobil y Conoco-Philips se negaron a asociarse con el estado venezolano y acudieron a los tribunales internacionales a buscar compensación por sus activos. Mientras que Chevron fue la única corporación que aceptó suscribir un pacto con el diablo. Y digo que fue un pacto con el diablo, porque funcionar con un socio como PDVSA, tan ostensiblemente corrupta, coloca, por definición, al socio en situación de ser extorsionado, posición difícil para una trasnacional norteamericana que se rige por la Foreingn Corrupt Practice Act, que le prohíbe dar sobornos a funcionarios extranjeros.
Dentro de la trama asociativa Chevron-PDVSA lo que nos concierne específicamente, es la falta de transparencia sobre una supuesta deuda de 3000 millones de dólares que le debe la criolla a la norteamericana. Sobre dicha deuda lo único que se menciona en las fuentes disponibles es “que existe…”, sin embargo, no proporcionan ninguna información concreta, que sepamos, ni por parte del gobierno venezolano o de la transnacional. Como ciudadanos venezolanos, que somos los verdaderos dolientes de las deudas del estado y de sus empresas, tenemos el derecho a estar informados acerca de: el monto de la deuda, cómo se genera, cuánto ha sido cancelado, qué proporción de las exportaciones de petróleo se aplica a su pago, por ejemplo.
Esta opacidad no es inherente a la operación, compañías trasnacionales como la italiana ENI, que está en una situación semejante, publica periódicamente el estado de su deuda, para conocimiento de sus accionistas y del público interesado, aun cuando no ha conseguido la licencia norteamericana para ir resarciendo su deuda.
Es notorio que la Chevron tiene la vara alta con el gobierno de Trump en Venezuela, con el cual ha conseguido la licencia para operar. En el 2019, Trump impone sanciones a Venezuela y se reducen a un mínimo las operaciones de la empresa, las cuales se reinician, una vez que recibe en noviembre del 2022 la nueva licencia para operar. Chevron es la única compañía petrolera norteamericana que continúa operando en Venezuela de manera ininterrumpida. Hay que destacar que la misma ha aportado 5 millones de dólares al fondo Republicano para la campaña de Trump, dinero que se aporta como parte del lobby, obviamente para conseguir favores.
Las filiales de PDVSA que trabajan con la Chevron son: Petroboscan y Petro independiente en el Zulia, Petropiar en el cinturón del Río Orinoco. El Proyecto de gas en el Bloque 2 Plataforma Deltana – offshore- con 60 por ciento de participación de Chevron y el Campo Loran, en el Bloque 2, forma un único campo transfronterizo a lo largo de la frontera marítima de Venezuela y Trinidad y Tobago.
Debemos entender que esta compañía factura unos 150 mil millones de dólares y opera en 180 países, así que Chevon Venezuela CA es una pequeña inversión, pero es la nuestra.
Gerardo Lucas. Https.//gerardolucas.wordpress.com
LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973