🔴🔵 La economía venezolana vuelve a conectarse

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Venezuela vuelve a aparecer en los mapas de negocios, tecnología y movilidad internacional. Lo que hace unos años parecía una pausa prolongada empieza a mostrar señales de movimiento: aerolíneas que regresan, startups que crecen dentro y fuera del país, capital que entra por vías digitales y un ecosistema que intenta reorganizarse mientras mira hacia afuera y hacia adentro al mismo tiempo.

Hace poco más de un mes, American Airlines retomó sus vuelos a Caracas, una ruta que había suspendido en 2017. Estos viajes entre Miami y la capital venezolana tienen un peso operativo y empresarial. La aerolínea evalúa sumar a Maracaibo y abrir rutas desde Texas, un estado clave para la industria petrolera. JetBlue, con base en Fort Lauderdale, manifestó interés en ampliar su presencia en el país.

Mientras tanto, dentro de Venezuela conviven iniciativas tecnológicas enfocadas en pagos, entregas, transporte y envío de divisas (servicios comunes en la región) que vuelven a captar la atención de inversionistas y fondos.

Pedro Vallenilla creó Cashea en 2022 para ofrecer compras a plazos sin intereses. Era un modelo difícil de imaginar en una economía parcialmente dolarizada y con 84 % de bancarización en 2021, de acuerdo a un informe presentado por la compañía Global Findex.

Cuatro años después, la plataforma informó que procesa 300 millones de dólares al mes y afirma ser rentable. Su crecimiento se basó en acuerdos directos con comercios y en generar confianza entre usuarios.

Cashea atendió el crédito minorista. Vicente Zavarce hizo lo propio con la logística. Yummy nació en 2020 como una app de delivery en plena pandemia y en un país con fallas eléctricas y escasez de combustible.

Luego de seis años, se convirtió en una aplicación que integra restaurantes, supermercados, farmacias, moda, transporte y boletería. Espera llegar a más de 80 millones de transacciones anuales en 2026 y ha levantado 70 millones de dólares en inversión, 98 % extranjera.

Venezolanos que construyen desde el exterior

No todos los proyectos venezolanos se desarrollan desde Caracas. Víctor Cárdenas Codriansky, de 25 años, formado en Stanford, cofundó Slash en San Francisco. La empresa opera en Estados Unidos y, tras la compra de Brex por Capital One, se ha posicionado entre las startups más comentadas del ecosistema. Su objetivo es convertirse en la tarjeta de crédito preferida por nuevas empresas.

Slash utiliza agentes de inteligencia artificial para ofrecer servicios de banca, tarjetas, tesorería y pagos globales a más de 5.000 compañías. Su propuesta apunta directamente a la banca tradicional. Además de Y Combinator, cuenta con inversiones de NEA y Goodwater Capital. 

Cárdenas forma parte de una generación que decidió competir en mercados globales sin esperar cambios internos en Venezuela.

Wallets y remesas como motor del consumo

Más allá de la diáspora, la participación de Peter Thiel, inversionista de PayPal y Palantir, en Erebor Bank ha sido interpretada como un punto de inflexión. En los últimos meses, esta startup se ha reunido con el Banco Central de Venezuela y otras entidades bancarias con la intención de restablecer la conexión financiera internacional en el país. Fred Ehrsam, cofundador de Coinbase, también se ha sumado al proyecto.

Otra fintech, Ikualo, proyecta movilizar 30 millones de euros en remesas hacia Venezuela para 2026. Estos fondos llegan directamente a billeteras digitales y se integran al consumo a través de plataformas como Cashea, Yummy y Erebor.

Este conjunto de iniciativas crea un ecosistema que muestra una perspectiva distinta de la economía venezolana. Los dólares ya no solo circulan en efectivo, sino también en wallets, y estas herramientas impulsan el flujo de capital entre las distintas plataformas.

A esto se suma una nueva posibilidad, la de realizar trámites en línea en Estados Unidos para abrir empresas o solicitar visados de turismo y negocios, algo que no estaba disponible anteriormente. 

Mientras que desde Florida, Lionheart Capital destacó que planea invertir hasta $2.250 millones en la industria energética de Venezuela, de acuerdo con una nota periodística publicada por la agencia Bloomberg.

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