🔴🔵 Tengo que tener una vida más tranquila

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A estas alturas del siglo XXI, quizás Alejandro «Álex» Candal (Caracas, 1969) ya no es tanto el hijo de Lázaro «Papaíto» Candal, la voz por excelencia de los Mundiales en Venezuela, al menos en los años 80 y 90. Quizás el gallego-venezolano Lázaro (1931-2023) comienza a ser, poco a poco, aquel señor que fue el papá de Álex, ahora una referencia para toda Latinoamérica en los debates de espacios como Fútbol Total del canal internacional de suscripción DSports.

Recuperado para el Mundial justo a tiempo tras un trasplante de corazón a los 56 años debido a dos padecimientos de endocarditis consecutivos —pasó casi siete meses hospitalizado—, Álex no se toma demasiado a pecho eso de latir con los ventrículos y aurículas prestados por otra persona ya fallecida. Prefiere verlo por el lado científico, más que el emotivo que nos lleva a asociar un grupo de músculos con el amor.

Hemos dejado intactos sus pronósticos para el Mundial de 2026, aunque los emitió antes de que rodara el balón en EEUU, México y Canadá.

—Tener una parte del cuerpo que fue antes de otro ser humano. ¿Cómo se vive? ¿Cómo es la adaptación?

—Puede sonar fuerte, pero si lo vemos desde el lado científico y biológico, no deja de ser otra parte del cuerpo. Lo que ocurre es que siempre el corazón tiene una identidad mucho más fuerte que cualquier otro órgano. A lo mejor te trasplantan un riñón: como no tiene movimiento (perceptible), te lo dejan ahí y tú inmediatamente lo adoptas como una parte tuya. Bueno, yo considero lo mismo con el corazón. La diferencia es que siempre a las personas le genera un mayor impacto, precisamente, porque siempre establecemos una relación del corazón con las reacciones, con el amor, con el cariño, con la rabia, con la ira, con el deporte, con la religión. Pero científicamente y biológicamente no deja de ser un órgano como cualquier otro. Como si te hubieran puesto a lo mejor un un trozo de piel o algo que aparentemente tiene menos vida que un corazón.

«A mí me gustaría que los chamos de ahora pudieran ver a los narradores y comentaristas de antes, no solamente a mi padre. A gente como Delio Amado León, Mario Dubois, Carlitos González o Pepe Delgado Rivero. Sería muy interesante que las nuevas generaciones los tuvieran como una escuela»

—Hace un trabajo en el que es inevitable apasionarse, discutir. ¿A partir de ahora le toca bajarle dos, como decimos en Venezuela?

—Por supuesto. Te cambia la percepción y la visión de la vida porque afrontas la muerte como algo muy cercano. He afrontado la muerte en varias ocasiones, pero esta, por supuesto, estuvo mucho más cerca por la dificultad de la operación: un trasplante de corazón. Estoy trabajando en eso: bajarle dos. Uno siempre va como como al remolque con las cosas de la vida. Una de las cosas que más me ha impactado durante tanto tiempo en el hospital —estuve casi siete meses como metido en esa cápsula que es una habitación hospitalaria— es que, al salir, todas las cosas que hacía antes básicamente no habían cambiado: el trabajo, la oficina, mi vida, mi familia. El día a día era el mismo de siempre. Ahí te das cuenta de que a veces te arruinas pensando en situaciones diarias que no valen la pena. De que si tienes una forma distinta de afrontar la vida vas a estar mejor, vas a perder menos tiempo y tu cuerpo te lo va a agradecer. Es como si el cuerpo fuera un escudo protector de las cosas que te van ocurriendo a diario. Y lo va enfrentando con esfuerzo, con lucha, con trabajo, con sacrificio y al final se resiente. Tengo casi tres meses de trasplantado. No te puedo decir que no pueda caer nuevamente en los hábitos de siempre, pero hasta ahora estoy completamente claro y alerta de que tengo que tener una vida mucho más tranquila. El corazón, ahí sí, siempre es mucho más reactivo a eso.

—¿Le costó conseguir un donante?

—No. España es el primer país del mundo en trasplantes y donación de órganos. Hay un sistema muy engrasado desde hace muchísimos años que es el que coordina a todas las personas que hayan dispuesto, antes de morir, la posibilidad de ser donantes. Incluso lo pueden aprobar sus familiares, si aquellos no lo dejaron por escrito. La donación es totalmente anónima. Hay unas características fisiológicas que tienen que coincidir entre el donante y el receptor. En mi caso, soy muy alto. Mido 1,82 metros, entonces no hay mucha gente con mi tipo de sangre y la capacidad torácica que yo tengo. Digamos que soy bastante ancho. Si a lo mejor yo hubiera medido 1,70 metros, hubiera tenido muchas más opciones de trasplante antes. Por eso es que tardé tanto en recibir un órgano. Estuve seis meses esperando en un hospital, por lo dañado que estaba ya mi otro corazón. Y esa es la historia.

¿Veía fútbol mientras estaba hospitalizado?

—Sí, tenía una televisión en la habitación del hospital. Pero para ver el fútbol había que pagar. Y lo pagué. La pagué porque me entretenía con la Champions, con la Liga española. Vi cada partido del Real Madrid y del Barcelona.

—¿Qué representa el fútbol para Álex Candal en 2026?

—Soy muy romántico con el fútbol que conocí y que viví. En el beisbol, la pelota sigue siendo cosida a mano, el bate sigue siendo de madera, el guante sigue siendo de cuero. En el fútbol las porterías ya no son de madera, sino de aluminio. El balón ahora es de plástico, básicamente, igual que las botas. A los jugadores se les mide la más mínima cantidad de grasa en el cuerpo, en sus entrenamientos llevan un GPS en la espalda. Y eso todo eso ha llevado a una especie de uniformidad. Antes se jugaba con botas negras, las porterías eran de madera, el balón era de cuero duro, y no te estoy hablando de los años 30 sino de los 80. Todo eso era muchísimo más romántico. Y me gustaba más que lo que hay ahora. A pesar de eso, a mí me gusta el fútbol. Sigue siendo un deporte muy atractivo y muy práctico: jugar una pelota sin las manos y meterla en una portería. Y cuando salen jugadores como el caso de Lamine Yamal, uno de los pocos que son distintos en este momento, precisamente porque viene de la calle, ves las cosas que hace y te emocionan. Bueno, así era el fútbol antes. Todo mucho más improvisado.

«En el fútbol, el pasaporte pesa muchísimo. No es que en otros países te desprecian, pero sí te ven de una manera distinta. Y en algunos momentos te vas a sentir, sí, un poco desmejorado»

—Su primer Mundial frente a un micrófono fue Estados Unidos 1994. ¿Qué ha cambiado en 32 años en su trabajo? 

—En mis comienzos en la radio tuve la oportunidad de estar junto a comunicadores como Carlos Bautista Romero y Carlos José Motamayor. Me daban la oportunidad, me enseñaban, me corregían, me decían que tenía que ir más al grano. Había una tradición importante de la narración y los comentarios del fútbol en nuestra televisión y en nuestra radio. Éramos muy propios. Ahora se han copiado muchas cosas de otros países, sobre todo de Argentina, que ha capitalizado y monopolizado los medios de comunicación por suscripción en toda Latinoamérica. Los chicos nuevos salen con algunas mañas porque es lo que escuchan todo el tiempo. Se han copiado muchas formas de hablar y expresiones que no son nuestras. Los venezolanos que estamos activos en la TV Internacional, siempre lo digo, hemos sobrevivido a un país en el que se formó una especie de agujero negro. Nuestros canales nacionales de televisión dejaron de invertir en telenovelas, eventos deportivos, programas de información y variedades en general. Para seguir viviendo de esto, muchos de nosotros —actores, comunicadores, artistas, directores, guionistas— nos tuvimos que reinventar. Algunos en Miami y otras ciudades de Estados Unidos. Yo tuve la suerte de que me contrataron como corresponsal desde España, el país de mis padres. Otros no han tenido ni siquiera esa posibilidad. Teníamos muchos deportes, muchos canales de TV, muchos narradores, muchos comentaristas y todo eso desapareció. Entonces, claro, te cuesta mucho. En el fútbol, el pasaporte pesa muchísimo. No es que en otros países te desprecian, pero sí te ven de una manera distinta. Y en algunos momentos te vas a sentir, sí, un poco desmejorado. No es que te quitan la dignidad, pero sí te la bajan. Entonces tú quieres luchar contra todo eso. Obviamente en este trabajo tienes que tener mucha seguridad en ti mismo.

—Es el hijo de un genio de la narración del fútbol, Lázaro Candal, que afortunadamente nos acompañó mucho tiempo (falleció en 2023 con 91 años). Pero el tiempo pasa, hay generaciones que no lo conocieron. ¿Ahora ya no es el «hijo de Lázaro», sino que recuerdan a Lázaro como el «papá de Alex»?

—No me ha pasado. Pero yo intento mostrarle mucho a mis hijos lo que dejó su abuelo. Tengo la biblioteca de mi padre, que la heredé. Una biblioteca tremenda: son 10 cajas de libros con sus respectivas anotaciones. Mi padre compraba libros en cualquier lugar del mundo, era una locura. Además, a mi padre siempre le gustó tener fotografías de los lugares a los que viajaba. Era un buen fotógrafo. Mucha gente joven en redes sociales me da sorpresas, porque guardan y publican videos de las narraciones de Lázaro. Esa intensidad, ese nivel, esa genialidad, esa fuerza que tenía. El olvido es parte de esa desolación por la que pasaron nuestros medios de comunicación y de la que te hablaba antes. A mí me gustaría que los chamos de ahora pudieran ver a los narradores y comentaristas de antes, no solamente a mi padre. A gente como Delio Amado León, Mario Dubois, Carlitos González o Pepe Delgado Rivero. Sería muy interesante que las nuevas generaciones los tuvieran como una escuela. Ni en Argentina ni en ningún país de Latinoamérica tuvieron lo que tuvimos nosotros en la TV deportiva venezolana de los años 70 y 80 y 90.

—Una cosa son los planteles de 26 jugadores de las selecciones cuando empieza el Mundial. Otra cosa es la dinámica que agarra cada equipo con el torneo ya rodando. ¿A quiénes ve llegando bien en 2026?

—Muy buena esa pregunta, ¿sabes? Porque son tantas las circunstancias que se tienen que dar para que aparezca esa dinámica: un buen ambiente en el grupo, un buen lugar de entrenamiento, el descanso de los jugadores, una buena alimentación, las horas de esparcimiento. Incluso decidir cuándo los jugadores pueden tener sexo con sus parejas. Un jugador está con su mujer, tiene relaciones sexuales y va a estar feliz, ¿no? Todo eso tiene que darse. Yo creo que cualquier selección que nunca antes ha sido campeona del mundo, y ahora tiene ese sueño y esa necesidad, puede competir en este Mundial: hablo sobre todo de Portugal, Países Bajos y Bélgica. Creo que esos tres equipos son muy fuertes. Incluso pudiera agregar a uno que ya estuvo en semifinales: Marruecos. Tiene una camada excepcional de jugadores, tremenda. Le faltaría Lamine Yamal, si hubiera elegido Marruecos antes que España. Creo que esas cuatro selecciones van a estar dando mucho golpe por tocar la puerta.

—¿Su MVP del Mundial?

—Lamine Yamal. Va a ser su primer Mundial. Lo he seguido muy de cerca y, a pesar de esa forma tan especial y juvenil que tiene de ser, con su forma de vestir, el uso de las redes sociales y todo eso, lo veo muy concentrado. Está bailando y echando broma todo el tiempo, pero también lo veo como alguien que tiene entre ceja y ceja que va a ser muy importante en este Mundial. Aunque no veo a España llegando a este Mundial con el nivel para ser campeona del mundo, te soy sincero. Vinicius, de Brasil, está en un estado físico excepcional. Puede ser también un jugador muy peligroso. Yo no creo mucho en Cristiano Ronaldo, pero sí en los otros jugadores excepcionales que tiene Portugal. A Argentina no la veo tan bien para este Mundial, sinceramente. 

LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973

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