🔴🔵 Sobrevivir sin nevera ni empleo: así se ve la pobreza de ingresos desde la cima de La Vega

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En el hogar de Josmely Vásquez no desayunan, fijo solo almuerzan. Si su esposo Jean Carlos Quevedo gana algún dinero en el día, lleva algo más para comer en la tarde. Más que nada compran arroz o harina de maíz para resolver. Pollo o carne consumen poco, por el costo y porque no tienen nevera. Si compran, es el equivalente en peso a uno o dos dólares. “A veces uno no tiene para comer, como para que la comida se eche a perder”, dicen.

De acuerdo con la última Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi 2025) de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), en uno de cada tres hogares en Venezuela los ingresos no son suficientes para satisfacer las necesidades alimentarias. Aunque los datos reflejan una ligera mejoría respecto a los años más duros de la crisis, el estudio indica que 76,5 % de los venezolanos se encuentran en situación de pobreza de ingresos, y 38,5 % están en pobreza extrema.

Para el profesor universitario y economista jefe de la firma consultora Think Anova, Omar Zambrano, aunque el país muestra algunas señales de recuperación, esta ha sido débil y de poca amplitud. “Ha sido limitado su impacto en términos de generar bienestar para las grandes mayorías”, señala.

Destaca que si bien los ricos en el país tienen niveles de riqueza similares a los de otras naciones, los pobres venezolanos son mucho más pobres que los pobres de la región. La porción del ingreso nacional que reciben los sectores menos favorecidos en Venezuela es inferior a lo que perciben los estratos pobres en otros países de Latinoamérica. Los salarios siguen profundamente deprimidos y la participación en la actividad económica también es baja.

Josmely y Jean Carlos están desempleados. Ambos, de 42 y 45 años de edad, hacen trabajos eventuales en lo que les salga. “Pues como nosotros no estudiamos”, justifica la mujer. Él a veces lava carros o “pica monte” en el sector B, en la cima de La Vega donde viven desde hace un año cuando armaron su vivienda con láminas de zinc. Ella limpia casas, pero la señora que suele contratarla la llamó por última vez en diciembre. “Me ha dicho, la situación está un poco difícil”.

Con la pareja viven cuatro de los siete hijos de ella, que aún son menores de edad: un varón de 17 años que dejó de estudiar y trabaja con una tía en el bulevar de La Vega; dos muchachas de 16 y 13 años que asisten al liceo; y una niña de 12, hija de Jean Carlos, que cursa sexto grado de primaria. Con ellos vive además la nieta de dos años de Josmely, hija de una de las adolescentes.

Josmely y Jean Carlos se instalaron en la cima de La Vega hace un año con su familia.
Josmely explica que los pocos ingresos que tienen son para alimentarse y para garantizar que sus hijas sigan en la escuela. Foto: María Gracia Lacruz.

Cuando no alcanza para la canasta alimentaria

A casi dos kilómetros de distancia, en el sector Sinaí de La Vega, Aurelia López de 62 años de edad cuida de sus nietos desde que su hija está en Ecuador: una niña de 10 años y dos varones de 13 y 17.

La madre les envía unos 50 dólares mensuales porque tiene trabajo de forma intermitente. “Me lo manda para la tarjeta y yo lo que hago es ir a medio comprar, porque no es un mercado que yo hago”, dice la abuela. También hace uso de la pensión. Con ellos vive otro hijo de Aurelia, que hace algunos trabajos por día como recoger la basura en la zona y cargar bombonas de gas para los vecinos. El nieto mayor, ante la situación, dejó el liceo y se puso a trabajar en un negocio.

De acuerdo con el último reporte del Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas-FVM), una familia de cinco integrantes necesitó en mayo más de 770 dólares para adquirir los productos de la canasta alimentaria.

El economista Omar Zambrano recuerda que aunque se han superado las dificultades de abastecimiento y hay productos en los anaqueles, las personas tienen cada vez más dificultad para adquirirlos porque los salarios no van al mismo ritmo del encarecimiento de esa canasta.

“Compro la harina pan más económica, las caraotas. Es raro cuando compro un pollo”, explica Aurelia. Cuando lo hace, asegura que lo rinde hasta cinco días, “de a pedacitos” y con aliños o papas. En momentos les ha tocado comer arroz solo. “Está bien que yo coma arepas sola, pero ellos no”, dice sobre a sus nietos. “Hay veces que para la niña no tengo los medios para comprarle la merienda, para decirle: ‘toma hija, llévate este juego, llévate esta galleta’. A veces se va sin comer”, cuenta.

Agradece que su nieta es beneficiaria del comedor comunitario que administra la Fundación Corazón de Titán en la zona. La organización busca garantizar al menos una comida al día a alrededor de 48 niños y niñas en situación de vulnerabilidad e incluso diagnosticados con desnutrición. También les dan un refuerzo educativo.

Otro hallazgo de la Encovi es que, aunque históricamente el Programa de Alimentación Escolar (PAE) había mostrado un alcance más alto entre los estudiantes en condición de pobreza extrema, hubo un retroceso: dentro de este grupo la cobertura cayó del 72 % en 2023 al 63 % en 2025. Por eso, el estudio recomienda que se garantice a diario “al menos una comida completa con el adecuado balance nutricional”, particularmente entre niñas, niños y adolescentes que viven en hogares muy vulnerables.

Aurelia López le ha pedido a su hija que regrese de Ecuador. Cree que si se ayudan juntas aquí en Venezuela les irá mejor | Foto: María Gracia La Cruz.

Distorsiones en los programas de asistencia del Estado

El estudio también revela que las bolsas de alimentos de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) han perdido alcance. La cobertura cayó del 88,9 % en 2024 (8,17 millones de hogares) al 81,7 % en 2025 (7,63 millones de hogares).

Además, detallan que el decil 5 —estrato socioeconómico medio— registró un repunte en la recepción del beneficio, escalando al 91,1 %. Sin embargo, en el decil 1 —el 10 % de la población con menores ingresos—, la cobertura se ubicó en un 84,2 %.

Más de la mitad de quienes la reciben argumentaron que la distribución se hace cada dos o tres meses. Josmely explica que la última bolsa les llegó en diciembre de 2025. Mientras Aurelia solo recuerda que ha llegado una sola vez este año; ella señala que lo que trae representa una ayuda.

La investigación de la UCAB recomienda replantear el funcionamiento de los CLAP y “concentrar la distribución en zonas del país con problemas de abastecimiento de alimentos, determinar la regularidad y mejorar el contenido de las bolsas”.

El informe también advierte que existe una distorsión en el sistema de bonificaciones monetarias y que el actual esquema de transferencias directas desprotege a los más necesitados: los hogares en situación de pobreza extrema percibieron un promedio de 26,4 dólares mensuales por esta vía, mientras que las familias no pobres recibieron una media de 53,3 dólares, es decir, el doble del beneficio.

La brecha se agravó por la salarización de los bonos para los empleados públicos, por lo que proponen redefinir el sistema de protección social y corregir las inequidades en la asignación de recursos. Instan al Estado a mejorar los sistemas de elegibilidad para el otorgamiento de los bonos, y asegurar que los fondos públicos se dirijan prioritariamente a quienes no pueden cubrir sus necesidades básicas.

El economista Omar Zambrano insiste, no obstante, en que “no hay sustituto para los ingresos laborales”, porque ese es el insumo más importante para las familias en cualquier parte del mundo. Advierte que parte del problema es que los sectores que se han reactivado, como el comercio y los servicios de las zonas urbanas, son considerados “de baja productividad”, que no emplean a demasiada gente y que contratan a personal joven, con poca experiencia, al que le pagan poco.

Aurelia dice que le gustaría que las autoridades la ayudaran con un refrigerador para trabajar vendiendo refrescos o helados, o con una lavadora, así sea usada, porque con eso ofrece lavar la ropa de los vecinos por un pago. Comenta que le han salido trabajos con cuidar a un señor mayor, pero necesitaban que se quedaran en la vivienda y ella teme dejar sola a su nieta porque está creciendo, “está bonita” y “hay mucho sinvergüenza por ahí”.

Josmely y Jean Carlos afirman que si pudieran hablar con alguna autoridad también pedirían que les ayuden a conseguir un buen empleo.

En la escuela de la hija de Josmely y Jean Carlos es intermitente el programa de alimentación escolar | Foto: María Gracia Lacruz.

Otras carencias que impactan en la pobreza

La Encovi también reporta el Índice de pobreza multidimensional (IPM), un enfoque que plantea que la pobreza no se limita solo a la falta de ingresos económicos, sino a la acumulación de carencias en aspectos claves de la vida como los servicios públicos, el empleo, la vivienda y la educación.

Indican que 55 % de los hogares en el país viven en situación de privación. Aunque los ingresos son la dimensión que suele tener más peso en el cálculo, ha venido disminuyendo. El componente de los servicios públicos, por otro lado, ha elevado su participación en la pobreza total, al igual que ocurre con la vivienda y la educación.

Zambrano recuerda que en el país no solo hubo una caída brutal del ingreso entre 2013-2021, sino que al mismo tiempo colapsó la capacidad del Estado de ofrecer una red de protección social y de servicios públicos medianamente de calidad. “Fue como una tormenta perfecta”, dice.

En la vivienda improvisada de Josmely les llega agua tres veces a la semana. De resto se bandean con un tanque y pipotes de refresco. Luz tienen gracias a un vecino. Actualmente no tiene una puerta segura, por lo que confían en su perro, Toby, para que resguarde sus pertenencias cuando ellos no están.

Aurelia, en su casa con un piso de tierra compactada, paredes de bloques sin frisar, y otras paredes internas con láminas de zinc o asbesto, expresa que le gustaría adquirir unos bloques y sacos de arena para mejorar sus condiciones. De hecho, dijo que ya tiene preparadas dos cartas para la alcaldesa Carmen Meléndez ya que en la comunidad esperan por ella para inaugurar un módulo de salud en la zona. Le gustaría que pudieran ayudarle con esos materiales o con los insumos para trabajar.

Ambas familias reconocen el valor de la educación e instan a los niños a permanecer en la escuela, aún en medio de las dificultades. Así le dice la abuela a su nieta menor: “No te quedes ahí en el aparato, sigue estudiando. Echa para adelante, eso es lo que yo les voy a dejar”.

Aurelia López, habitante del sector Sinaí en La Vega.
Aurelia López añora vivir en mejores condiciones, como otros familiares. Dice que aún quiere trabajar, pero debe cuidar a sus nietos | Foto: María Gracia Lacruz.

LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973

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