🔴🔵 Bajo la lluvia y con el miedo intacto: familias afectadas por los terremotos enfrentaron una madrugada de angustia

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Caracas.- La lluvia comenzó entrada la madrugada y, con ella, regresó un miedo que muchos creían haber logrado contener durante los últimos días. El sonido de los truenos se confundió con el recuerdo del estruendo que cambió sus vidas la noche del 24 de junio, cuando dos terremotos sacudieron el centro norte de Venezuela y obligaron a cientos de familias a abandonar sus hogares.

Seis días después de los sismos, las plazas, avenidas y espacios públicos de Caracas siguen convertidos en refugios improvisados. Allí, donde las carpas sustituyeron las habitaciones y las colchonetas reemplazaron las camas, la lluvia de la madrugada de este martes 30 de junio dejó al descubierto otra vulnerabilidad: quienes escaparon de edificios agrietados ahora también deben protegerse del agua, el frío y la incertidumbre.

Cuando amaneció, la imagen se repetía en distintos puntos de la capital. Colchonetas apoyadas sobre bancos y rejas, cobijas extendidas al sol, ropa colgada entre árboles y familias intentando rescatar las pocas pertenencias que permanecían secas.

En la plaza Francia de Altamira, donde permanecen alrededor de 130 personas desde la noche de los terremotos, la jornada comenzó exprimiendo colchones, sábanas y prendas de vestir. Las carpas, sin lonas que las cubrieran, no resistieron el aguacero.

Los afectados aseguran que una de sus principales necesidades en este momento son lonas impermeables que permitan proteger los refugios improvisados si las lluvias continúan durante los próximos días.

Entre quienes pasaron la noche en vela está Ángela Guartaja. Hasta hace pocos días vivía alquilada en El Valle, pero los daños que sufrió la vivienda donde residía la obligaron a buscar refugio en Altamira.

La lluvia no solo empapó sus pertenencias. También revivió el trauma que dejó el movimiento telúrico.

«Cuando escuché el primer trueno pensé que estaba temblando otra vez. La lluvia causó miedo e incertidumbre», relató al equipo de El Pitazo.

Como ella, muchas personas reconocen que el miedo ya no proviene únicamente de las grietas visibles en las edificaciones. También está instalado en la memoria. Cada ruido fuerte, cada vibración y cada réplica vuelve a activar la angustia de aquella noche en la que tuvieron que salir corriendo de sus viviendas.

Esperan un informe que les permita volver

En el Paseo Los Ilustres, al sur de Caracas, decenas de familias del edificio Carlos Escarrá Malavé, de la Gran Misión Vivienda Venezuela, permanecen viviendo bajo carpas mientras esperan una evaluación técnica que les ofrezca garantías para regresar a sus apartamentos.

La lluvia también hizo estragos allí. Varias colchonetas permanecían al aire libre durante la tarde de este martes intentando secarse después de varias horas bajo el agua.

Perla Rodríguez, una de las residentes del edificio, explica que funcionarios les comunicaron verbalmente que la estructura podía ser habitada nuevamente, pero nunca recibieron un informe técnico que respaldara esa afirmación.

Más que las paredes, dice, les preocupa el estado de las tuberías de gas y agua, que resultaron afectadas tras los terremotos.

«Queremos que el personal técnico venga y nos den un informe de garantía de que el edificio está en condiciones y nos ayuden a tener los servicios básicos en condiciones. Hay réplicas y eso genera más angustia», señaló.

Mientras esperan respuestas, las necesidades aumentan. Rodríguez asegura que la ayuda de insumos comenzó a disminuir con el paso de los días y solicita baños portátiles, alimentos y asistencia permanente para las familias que siguen durmiendo en la calle.

El agua también llegó a la avenida Bolívar

La escena fue similar en los alrededores de la avenida Bolívar de Caracas, donde otras familias desplazadas por los daños estructurales de sus edificios despertaron con las pertenencias completamente mojadas.

Algunas personas perdieron las carpas durante la lluvia y otras pasaron varias horas intentando secar almohadas, cobijas y colchones bajo el sol de la mañana.

Nancy Contreras, habitante de uno de los edificios de la Gran Misión Vivienda Venezuela ubicados en esa zona, aseguró que la madrugada fue una de las más difíciles desde que abandonó su apartamento.

Su carpa quedó inutilizable y toda su ropa terminó empapada.

«Tenemos que seguir luchando. Aunque nos dicen que podemos ingresar al edificio, yo tengo temor porque todavía tengo el terremoto en mi mente», expresó.

Entre la espera y el miedo

Las lluvias añadieron una nueva dificultad para cientos de familias que desde hace casi una semana viven en espacios abiertos, sin la certeza de cuándo podrán regresar a sus hogares.

Aunque algunas edificaciones ya recibieron inspecciones preliminares, muchos habitantes insisten en que necesitan evaluaciones técnicas completas, informes escritos y garantías sobre el funcionamiento de servicios esenciales como el gas y el suministro de agua antes de volver a ocupar sus viviendas.

Mientras tanto, las plazas y avenidas de Caracas continúan siendo refugios temporales donde el tiempo parece detenerse. Allí, las conversaciones giran alrededor de las réplicas, las inspecciones pendientes y la esperanza de volver a casa.

Pero la madrugada del 30 de junio dejó claro que el terremoto aún no termina para quienes lo perdieron todo. Ahora, además del miedo que permanece bajo sus pies, deben enfrentar la lluvia que cae sobre las pocas pertenencias que lograron rescatar.

LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973

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