🔴🔵 el rastro perdido de personas vistas con vida después de los terremotos

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La tragedia no terminó cuando dejaron de caer los edificios o casas. Para miles de familias, la angustia comenzó justamente después de los rescates. Mientras unos esperaban noticias en las afueras de hospitales y otros recorrían morgues improvisadas, recibían una misma versión de vecinos, voluntarios o rescatistas: «Lo sacaron con vida».

18 días después de los terremotos que devastaron gran parte de La Guaira y otras zonas del centro norte del país, esas familias continúan buscando sin descanso.

Ya no remueven únicamente escombros. Ahora no dejan de recorren hospitales, refugios, revisando una y otra vez listas de pacientes, fotografías difundidas en redes sociales y registros de fallecidos. Lo hacen con la esperanza de encontrar el nombre de un hijo, una madre, una pareja o un hermano del que alguien aseguró haber visto con vida por última vez.

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El patrón se repite en varios casos

Los familiares sostienen que sus seres queridos fueron rescatados con vida, basándose en testimonios de voluntarios, vecinos, rescatistas y otros sobrevivientes. Algunos aseguran que incluso fueron trasladados en ambulancias hacia centros de salud. Sin embargo, nunca quedaron registrados en hospitales, refugios o listados oficiales.

La magnitud de la emergencia pudo contribuir al desorden. Durante los primeros días posteriores al terremoto, los hospitales recibían decenas de heridos de manera simultánea. Las listas de pacientes eran elaboradas manualmente y colocadas en hojas de papel pegadas en las entradas de los centros asistenciales. Familiares consultados recuerdan que no existía un protocolo uniforme ni una plataforma centralizada para conocer a qué hospital era trasladada cada persona rescatada.

Médicos voluntarios y personas que participaron en la atención de la emergencia consideran que la evacuación simultánea de cientos de lesionados pudo generar errores en los registros iniciales.

Pero casi tres semenas después, las familias consideran que ese caos ya no explica la ausencia de respuestas, pues tampoco existe un registro público y unificado de las personas rescatadas durante las primeras horas posteriores al desastre. Ninguna autoridad ha anunciado una investigación específica para determinar qué ocurrió con quienes, según múltiples testimonios, fueron vistos con vida antes de desaparecer del sistema.

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Los gemelos Mateo y Mathías Peña: «No repliquen rumores; llamen si tienen información de verdad»

Durante el día, Luis Peña ayuda a remover escombros con la esperanza de encontrar algún indicio, y también publica videos en redes sociales pidiendo información sobre sus hijos: Mateo y Mathías, de tres años de edad, se encontraban junto a su abuela, Maite Fermín, en la torre OPP-25 de Tanaguarena cuando el edificio colapsó.

Según ha relatado Peña, un voluntario que participó en las labores de rescate asegura haber extraído con vida a los dos niños y a su abuela durante el segundo día de operaciones. Desde entonces comenzó otra búsqueda.

Peña mantiene contacto con ese rescatista, quien —afirma— sostiene la misma versión desde el principio: los niños fueron trasladados inicialmente al Seguro Social de La Guaira y posteriormente enviados a Caracas. Pero nunca aparecieron.

«Llamen con la información verídica. Si los vio. Si usted sabe dónde están. No repliquen lo que están viendo por allí», pide el padre en uno de los videos difundidos por redes sociales.

La búsqueda de los gemelos se convirtió en una de las más compartidas en internet. La ex Miss Venezuela Anyela Galante conoció a Luis Peña pocos días después de la tragedia mientras caminaba por las calles de La Guaira y desde entonces también se ha unido a la difusión del caso.

Peña asegura que el rescatista llegó de manera voluntaria para colaborar durante la emergencia. «El segundo día fue una locura. Los rescatistas lo que hacían era sacar gente y las ambulancias se llevaban a la gente para dónde, no sé. Para dónde se llevaron a los niños solos, no sé. Hay bastantes niños con sus padres. Pero los niños solos no sabemos dónde están», relata.

Los gemelos Matias y Mateo estaban con su abuela en la OPP 25 y un recastista aseguran que los sacó con vida

Mientras continúa buscándolos, también ha debido enfrentar otro problema. Denuncia que personas inescrupulosas han abierto cuentas bancarias utilizando su nombre para solicitar dinero.

«Yo no le estoy pidiendo dinero a nadie. Lo que más necesito son herramientas para sacar a esas personas de esos escombros: un rotomartillo, un martillo demoledor, una planta eléctrica y extensiones», afirma.

Todos los días vuelve a la zona del derrumbe. Su esperanza ya no depende únicamente de encontrar a sus hijos. También espera que alguna autoridad reconstruya el recorrido de las ambulancias que salieron del lugar durante las primeras horas posteriores a los terremotos.

Maira Graterol: una bata prestada, tres nombres y una búsqueda sin respuestas

Desde el primer día, la familia de Maira Alejandra Graterol Paredes ha reconstruido una historia a partir de testimonios. No tienen un registro hospitalario. No tienen un acta de ingreso. No tienen una autoridad que les confirme qué ocurrió. Lo que sí tienen son personas que aseguran haberla visto con vida.

Maira, de 48 años, es odontóloga. Trabaja en el servicio médico del Instituto Nacional del Deporte (IND), donde atiende a atletas. Vivía junto a su pareja, Robert Mujica, en el apartamento J-95 del edificio Nautilus, en Tanaguarena. No tienen hijos.

La tarde del terremoto se encontraba sola en el apartamento. Su pareja estaba fuera de La Guaira cuando recibió las primeras noticias.

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«Nos informaron que Maira había sido rescatada. Personas del lugar vieron que la sacaron con vida entre los escombros y que la llevaron al Hospital Dr. Alfredo Machado, conocido como el Hospitalito de La Soublette», contó a El Pitazo Virginia Paredes, prima de la odontóloga.

Hasta ese momento, la familia creyó que solo era cuestión de localizarla. Pero comenzó otra pesadilla. Cuando Robert llegó al centro asistencial, el nombre de Maira no aparecía en ningún registro. Ni en las listas de pacientes, ni en los ingresos, ni entre los fallecidos.

Mientras trataban de reconstruir lo ocurrido, surgió un testimonio que les devolvió la esperanza. La doctora Anaira González, quien también residía en el edificio Nautilus, y salió antes de los terremotos, regresó para buscar a sus familiares cuando ocurrió el colapso. Fue ella quien, según la familia, encontró a Maira.

Maira es odontóloga y su familia la sigue buscando en listas de pacientes

«La doctora contó que estaba llamando a los familiares cuando Maira pidió auxilio. Gracias a ese relato sabemos que Maira fue rescatada. También contó que su ropa estaba muy deteriorada y por eso le prestó su bata médica, que tenía su nombre bordado», explicó Virginia.

Ese detalle, aparentemente insignificante, abrió una nueva hipótesis. Cuando la doctora llegó posteriormente al Hospitalito para preguntar por Maira, nadie supo darle información. Solo le dijeron que posiblemente había sido trasladada a otro centro de salud.

Más adelante surgió otra versión. A la familia le indicaron que una mujer con características similares había sido registrada bajo el nombre de Génesis Marcano. Desde entonces comenzaron a buscarla bajo tres identidades distintas.

«Tenemos que revisar las listas como Maira Graterol, como Génesis Marcano y hasta como Anaira González, porque si llegó inconsciente a otro hospital, pudieron identificarla por el nombre que estaba bordado en la bata», relata Virginia.

Las búsquedas se multiplicaron en hospitales, refugios, morgues, centros de atención improvisados y en distintos listados. «No te imaginas la cantidad de listas que hemos revisado», dijo Virginia.

En una de ellas aparecía un supuesto traslado al CDI Alí Primera. Los familiares fueron hasta allí y nunca había llegado. Además, ese centro ni siquiera estaba recibiendo pacientes porque permanecía en remodelación.

Mientras recorren hospitales, otros integrantes de la familia regresaban una y otra vez al edificio Nautilus. Ya removieron completamente los restos del apartamento donde vivía Maira. No encontraron el cuerpo.

«No hay rastros de ella. Pensamos ahora es que pudiera estar en otra parte del edificio, en un pasillo o debajo de otra losa. Para seguir buscando hace falta maquinaria pesada, un jumbo y un volteo», explicó Virginia.

Durante todos estos días han escuchado múltiples versiones. Que tenía una pierna fracturada. Que presentaba un ojo completamente inflamado. Que estaba consciente. Que fue trasladada. Pero ninguna ha podido confirmarse.

Por eso incluso difundieron una característica física que consideran imposible de confundir. Maira tiene tatuado, en la parte superior izquierda del torso, debajo del hombro, el Ojo de Isis acompañado del número 3333 y una luna.

«Sea cual sea el desenlace, nosotros necesitamos saber dónde está. Cómo está. Viva o no», dijo su prima. En Caracas, familiares y amigos mantienen una red permanente de búsqueda. Cada fotografía publicada en redes sociales, una nueva lista, cada paciente sin identificar, todo puede ser una pista.

Pero 18 días después, la historia sigue detenida en el mismo punto donde comenzó. La de una mujer que varias personas aseguran haber visto salir con vida de los escombros.

Carlos Manuel: desapareció después de llegar a un centro de salud

La historia de Carlos Manuel Martínez es distinta. Pero termina en el mismo lugar: la incertidumbre. A diferencia de otros casos, Manuel —como lo conocen familiares y amigos— no quedó atrapado bajo los escombros.

Tiene 35 años. Es vendedor de pescado en las playas de Macuto. Vive en Mare Abajo junto a su familia y los terremotos lo sorprendieron en el bloque 3 del sector donde residía.

En medio de la emergencia sufrió una convulsión. Un primo de su esposa lo trasladó hasta el ambulatorio del Teleférico de Pariata. Allí fue atendido, pero desde entonces nadie volvió a verlo.

«Lo hemos buscado en todos los hospitales de La Guaira, Caracas, clínicas, en Los Silos, la morgue improvisada, Bello Monte… en todos lados. No aparece», contó a El Pitazo su prima, Julissa García Martínez.

Carlos Manuel ingresó con vida al Periférico de Pariata con una convulsión, allí su familia le perdió el rastro

Su edificio no colapsó. Sin embargo, la zona de Mare Abajo quedó comprometida estructuralmente y muchas familias, incluida la suya, permanecen damnificadas en carpas instaladas frente al mar.

La búsqueda nunca se detuvo. El sábado pasado lograron localizar al médico que atendió a Manuel aquel día. Confirmó haberlo recibido, pero tampoco pudo explicar qué ocurrió después.

«Nosotros creemos que por la convulsión, sumada al shock del terremoto, pudo sufrir una afectación neurológica. Pensamos que perdió la memoria y está desorientado en algún lugar», dijo Julissa.

Carlos Manuel tiene dos hijas, de 12 y 9 años. Desde hace casi tres semanas ellas también esperan noticias. Su caso demuestra que las dudas sobre el destino de algunas personas no se limitan a quienes fueron extraídos de edificios colapsados. También alcanzan a personas que fueron atendidas durante las primeras horas de la emergencia y cuyo recorrido posterior tampoco ha podido reconstruirse.

Un vacío que nadie investiga

Las familias reconstruyen por su cuenta los últimos movimientos de sus seres queridos, las autoridades han concentrado sus esfuerzos en actualizar el balance oficial de víctimas y atender a los damnificados, mientras son lo civiles quienes ahora avanzan en la recuperación de cuerpos que permanecen bajo los escombros.

Sin embargo, ninguna institución del Estado ha informado sobre la apertura de una investigación para esclarecer las denuncias de familiares que aseguran que sus parientes fueron vistos con vida tras los rescates y posteriormente desaparecieron del sistema de atención.

Tampoco se ha informado sobre la existencia de un registro unificado que permita reconstruir el recorrido de las personas rescatadas durante las primeras horas posteriores a los terremotos: quién las atendió, en qué ambulancia fueron trasladadas, a cuál centro asistencial ingresaron o si posteriormente fueron remitidas a otro hospital. Para las familias consultadas, esa ausencia de información ha prolongado el duelo y ha convertido la búsqueda en un recorrido interminable por hospitales, refugios, morgues y organismos públicos.

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Durante los primeros días de la emergencia, la prioridad era salvar vidas. Decenas de ambulancias entraban y salían de las zonas de desastre mientras voluntarios, bomberos, funcionarios y ciudadanos removían escombros para rescatar sobrevivientes. Ese mismo caos también alcanzó a los hospitales.

Familiares recuerdan que los primeros registros de pacientes fueron hojas pegadas en paredes, puertas y rejas de los centros asistenciales para que las personas buscaran los nombres de sus familiares. En algunos casos, los listados eran actualizados varias veces al día, mientras nuevos pacientes eran trasladados de un hospital a otro por la saturación de los servicios.

«No existía una sola lista. Había que recorrer hospital por hospital preguntando nombre por nombre», recuerda uno de los familiares entrevistados.

Médicos voluntarios que participaron en la atención de la emergencia consideran que la evacuación simultánea de cientos de heridos pudo generar errores en los registros iniciales, especialmente en pacientes inconscientes o sin documentos de identidad. «Entendemos el caos que había ese día. Lo que no entendemos es por qué nadie ha dicho qué pasó después», resume uno de los familiares.

Los cuerpos que aún esperan ser recuperados

La incertidumbre también persiste entre quienes continúan esperando que los equipos de rescate recuperen los restos de sus familiares.

Aunque las labores de remoción de escombros continúan en algunos edificios colapsados, allegados a las víctimas denuncian que los trabajos avanzan lentamente por la falta de maquinaria pesada en determinadas estructuras. La lentitud en la recuperación de cuerpos ha impedido que muchas familias puedan cerrar el duelo.

Al mismo tiempo, alimenta la esperanza de quienes aún creen que sus seres queridos fueron rescatados y trasladados sin quedar registrados.

Lo que dicen las autoridades

Hasta este 11 de julio, la última actualización del balance oficial de los terremotos ocurridos el 24 de junio, el número de fallecidos aumentó a 4.333, mientras que la cantidad de personas heridas se mantiene en 16.740, según cifras oficiales emitidas por Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional.

Paralelamente, el Ministerio Público informó que mantiene presencia permanente en las morgues habilitadas para atender la emergencia y participa, junto con equipos forenses, en la identificación de las personas fallecidas. El fiscal general, Larry Devoe Márquez, inspeccionó el cementerio municipal Jardines La Esperanza, en el estado La Guaira, donde verificó el procedimiento aplicado para la inhumación de víctimas del desastre.

De acuerdo con la información oficial, los cuerpos no identificados han sido registrados mediante un sistema de codificación y documentación fotográfica que permitiría su posterior localización e identificación, conforme a protocolos nacionales y estándares internacionales para la gestión de cadáveres en desastres. Sin embargo, no responden a las denuncias de familiares que buscan a personas presuntamente rescatadas con vida o atendidas durante la emergencia y cuyo paradero continúa siendo desconocido.

Ninguna de sus familias sabe qué ocurrió después. La tragedia, para ellos, no terminó cuando cesó el movimiento de la tierra. Continúa cada día en la incertidumbre. «Solo queremos saber dónde están, o qué pasó con ellos», repiten.

En redes sociales siguen circulando fotografías con nombres, edades y números telefónicos de contacto de los gemelos, de Maira, de Carlos Manuel y de otras personas en iguales circunstancias. Los familiares continúan compartiéndolas con la esperanza de que alguien recuerde haber visto a sus seres queridos en una ambulancia, un hospital, un refugio o cualquier otro lugar.

LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973

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