🔴🔵 ¿La Guaira es inhabitable?: el dilema de vivir frente al mar después de los terremotos

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Tras los sismos del 24 de junio, el gremio de la construcción asegura que la ingeniería puede resolver las limitaciones del terreno en el litoral central, pero advierte que no se deben repetir las «malas decisiones» del pasado. Proponen realizar estudios de suelo profundos, aplicar ingeniería forense a los edificios colapsados y ejecutar obras de mitigación para evitar que nuevos eventos naturales o deslaves destruyan las inversiones

Por: Kemberlin Talero y Rosanna Battistelli

Elena solo concilia el sueño con la luz de la sala encendida. Para ella, el crujido que escuchó la tarde de los terremotos todavía suena en las paredes, aunque ahora esté a kilómetros de distancia de la costa. Su hogar quedaba en el sector Caribe de La Guaira, en un apartamento mediano donde guardaba los recuerdos de toda su vida. Hoy, ese edificio tiene las columnas principales agrietadas.

«El suelo se movía como si fuera agua», recuerda Elena. Tras el desastre del 24 de junio, empacó lo que pudo en dos bolsos y tomó un autobús hacia los Valles del Tuy con sus dos hijos de 12 y 15 años. Ahora vive «arrimada» en la casa de unos tíos en Ocumare. El espacio es pequeño y la rutina es incómoda, pero para ella es el único lugar seguro hasta que consiga una vivienda propia.

Sus familiares en La Guaira le insisten en que regrese, que busque un refugio más cerca o que espere las inspecciones del gobierno. Elena se niega. El pánico es más fuerte que el arraigo. Para ella, el mar dejó de ser un paraíso y se convirtió en una amenaza. «No pienso regresar», asegura.

La historia de Manuel Suárez es diferente. A él lo llaman «Maraco» desde que era un niño que corría por las playas de Naiguatá. El terremoto le agrietó el porche de su casa y le tiró al piso los pocos adornos de la sala, pero ni el sismo más fuerte lo va a mover de su cuadra.


Yo creo que la ingeniería tiene que resolver las limitaciones de por qué estas edificaciones colapsaron para que no se vuelva a repetir

Rafael Torrealba, primer vicepresidente de la Cámara Venezolana de la Construcción


A sus 67 años, la idea de empezar de cero en otro lado le asusta. Sus hijos, temerosos por las réplicas, le han suplicado que deje la costa, que la montaña es peligrosa y que la casa puede ceder. Pero para Manuel, la vida fuera de Naiguatá no tiene sentido; necesita el olor a salitre, el calor del sol de la mañana y la cercanía de la poca familia que se quedó a su lado.

«¿Para dónde agarro yo a esta edad?», se pregunta el guaireño. Él sabe bien que la tierra sigue temblando y que el peligro está latente, pero su conexión con el pueblo es más fuerte que cualquier alerta de desalojo. Su posición aviva la discusión de fondo sobre el futuro habitacional de la región.

¿Qué hacemos con La Guaira?

El debate sobre la viabilidad de reconstruir viviendas en el estado La Guaira cobró fuerza tras los recientes terremotos que sacudieron la región centro-norte del país. Ante la interrogante de si la zona costera es realmente apta para nuevos desarrollos habitacionales, la Cámara Venezolana de la Construcción (CVC) manifestó que, aunque la geografía presenta desafíos históricos, la ciencia y la planificación pueden garantizar ciudades seguras.

«Yo creo que la ingeniería tiene que resolver las limitaciones de por qué estas edificaciones colapsaron para que no se vuelva a repetir», considera Rafael Torrealba, primer vicepresidente de la Cámara Venezolana de la Construcción. 

El directivo apunta que la clave reside en investigar cada estructura fallida y determinar si es viable reconstruir lo que existía o si se requieren tipologías de edificación distintas adaptadas a las condiciones del suelo.

El gremio reconoce que La Guaira es una zona de alta complejidad que requiere un programa de reconstrucción con un enfoque holístico. 

Gustavo García Carrasquero, presidente de la organización, recuerda que la entidad ha sido azotada cíclicamente por diversos fenómenos naturales. «La Guaira ha sufrido de todo», dice el experto, refiriéndose al deslave que marcó la historia del litoral central en 1999.

Expertos advierten que el salitre marino de La Guaira debilita progresivamente el acero interno de las columnas si no se aplican los recubrimientos de concreto exigidos por las normativas vigentes l Foto: Mairem Dona

El desafío de los suelos

La Cámara explica que la seguridad de una vivienda no depende solo de los materiales, sino fundamentalmente del tipo de suelo donde se construya. Según los técnicos de la CVC, las zonas de pie de monte y terrenos rocosos son los más aptos por su estabilidad natural. 

Como ejemplo positivo mencionan el sector de Ciudad Caribia, que por ser un terreno consolidado y rocoso no presentó problemas durante los terremotos. Sin embargo, gran parte de la expansión urbana en el litoral se ha realizado sobre terrenos menos firmes.

El ingeniero Miguel Mendoza coincide en que la construcción de viviendas seguras en La Guaira debe iniciar obligatoriamente con estudios de suelo, parcela por parcela. 

Mendoza advierte que los terrenos blandos, arenosos o rellenados actúan como una «gelatina» que amplifica las ondas sísmicas, por lo que exige prohibir las edificaciones sobre rellenos de pendientes y aplicar fundaciones profundas, como pilotes, para evitar que las estructuras se hundan.

Esta falta de firmeza explica los peores daños en la costa. Al respecto, García Carrasquero contrasta el éxito de las zonas firmes con aquellas edificaciones que sufrieron el efecto de «licuefacción». 


Quizás las malas decisiones se toman cuando se construye en un terreno malo sin las medidas de ingeniería correctas

Ingeniero Gustavo García Carrasquero, presidente de la Cámara Venezolana de la Construcción


Este fenómeno ocurre en suelos granulares no consolidados donde el material se comporta como un líquido durante un sismo, provocando que los edificios se inclinen o colapsen si no poseen bases profundas.

El gremio insiste en que la ingeniería moderna permite construir en casi cualquier lugar, pero el costo es el factor determinante. Pusieron como ejemplo las torres de Dubai, que resisten grandes cargas gracias a sistemas de hasta 48 metros de profundidad con cientos de pilotes, una técnica extremadamente costosa que no siempre se aplica en desarrollos masivos por razones de presupuesto.

«Quizás las malas decisiones se toman cuando se construye en un terreno malo sin las medidas de ingeniería correctas», apunta García Carrasquero.

Diseño, estructura y el enemigo silencioso

Más allá del suelo, la geometría de la edificación define su resistencia. En el aspecto estructural, el ingeniero Miguel Mendoza señala que el diseño arquitectónico debe priorizar plantas cuadradas y regulares para neutralizar los efectos destructivos de la torsión.

Asimismo, explica que las viviendas frente al mar demandan un blindaje especial contra el ambiente marino. Esto implica utilizar recubrimientos de concreto considerablemente más gruesos para proteger el acero interno de la corrosión del salitre, además de canalizar correctamente los flujos de agua que bajan de la montaña para que no socaven las bases.

Por otra parte, Mendoza enfatiza que una estructura siempre «se va a comportar como se construye y no como se diseña», alertando sobre la peligrosa práctica de alterar los planos o usar cabillas de menor diámetro para ahorrar dinero.

De igual forma, el especialista condena la vulnerabilidad que causan las remodelaciones informales y sin evaluación técnica, detallando que acciones comunes como derribar muros de carga o eliminar columnas para ampliar espacios residenciales o comerciales reducen drásticamente la capacidad de resistencia ante un sismo.

Mientras el sector oficial evalúa nuevos terrenos lejos de la costa, la Cámara Venezolana de la Construcción y diversos especialistas exigen la aplicación de ingeniería forense antes de iniciar demoliciones masivas o nuevos urbanismos l Foto: EFE

Ingeniería forense para una reconstrucción resiliente

Para la CVC, Naiguatá y otras zonas afectadas son excelentes para el desarrollo, siempre que se realicen proyectos previos para evitar el impacto de los deslaves. Por ello, proponen al Ejecutivo nacional la creación de una comisión técnica paritaria que evalúe estructuralmente tanto los urbanismos estatales como los privados antes de proceder a demoliciones masivas.

En este contexto de reubicación, desde el sector oficial, el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, anunció la identificación de más de 40 terrenos en el estado La Guaira, sumando 584 mil metros cuadrados. Estos espacios están ubicados lejos de la línea costera y son evaluados para el desarrollo de viviendas.

«Nos fuimos un poco más hacia el oriente de Caraballeda y Tanaguarena y encontramos algunos terrenos en Naiguatá y Los Caracas. También tenemos un gran espacio hacia la zona de La Sabana; entre Osma y Chuspa hay una gran extensión de tierra que podría servir para un plan maestro», explicó Rodríguez.

Sin embargo, frente a estos anuncios de nuevas tierras, el sector privado y la Academia Nacional de la Ingeniería sostienen que antes de remover tierras o escombros de forma generalizada, se debe aplicar ingeniería forense estructural para comprender por qué fallaron los diseños actuales. «Los edificios afectados constituyen evidencia técnica irrepetible», señaló el pronunciamiento conjunto.

Esta información es vital para actualizar las normas sismorresistentes y evitar que en el futuro se cometan los mismos errores en las zonas seleccionadas.

«También se pueden hacer parques recreacionales en aquellas zonas donde no se pueda construir y se construye más hacia al pie de monte, que son las zonas más rocosas. Hay infinidades de proyectos que pueden ser llevados a cabo, indiscutiblemente», dijo García Carrasquero. 

El gremio subrayó que la reconstrucción de La Guaira no puede ser una labor aislada del Estado. Requiere de alianzas público-privadas que integren la experiencia técnica de los constructores nacionales y la asesoría de expertos internacionales, como la empresa japonesa Miyamoto, que ya colabora con la Cámara para supervisar los estándares de seguridad.

Los voceros concluyeron que el objetivo no es solo levantar paredes, sino transformar la tragedia en una oportunidad para construir ciudades que, mediante el conocimiento científico y la transparencia, sean capaces de resistir los embates de la naturaleza.

Rediseñar el control urbano

Para frenar futuros colapsos, la solución pasa por rediseñar por completo la planificación urbana de la región costera. Mendoza propone que en las zonas de mayor riesgo se reduzca la densidad habitacional, sustituyendo los antiguos proyectos de edificios de diez pisos por estructuras mucho más livianas de apenas tres o cuatro niveles, garantizando siempre que los asentamientos se realicen únicamente en terrenos firmes de corte.

Mendoza sostiene que la seguridad y la vida de los ciudadanos dependen de un Estado que reorganice con urgencia su sistema de control urbano, logrando así una fiscalización rigurosa, desvinculada de la política.

Al final del debate, los expertos coinciden en el mismo diagnóstico: La Guaira no es inhabitable, pero sí ha sido mal construida. Frente a esta realidad, queda claro que el futuro del litoral central depende de aplicar el rigor técnico que por años se omitió. 

Bajo esta premisa, la seguridad de miles de familias que se niegan a dejar el mar, y de aquellas que hoy temen regresar, depende de que los planos sismorresistentes dejen de ser un requisito burocrático y se conviertan en una ley sagrada en el terreno.

LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973

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