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La entrevista que Delcy Rodríguez concedió a la revista TIME parecía diseñada para proyectarla como la nueva figura al mando del chavismo tras la captura de Nicolás Maduro. Sin embargo, el resultado terminó siendo el contrario. En lugar de reforzar su liderazgo, el reportaje expuso una serie de elementos que alimentan la percepción de que el régimen opera bajo un fuerte tutelaje de Estados Unidos.
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Lejos de retratar a una persona con plena capacidad de decisión, el propio artículo sostiene, citando a tres funcionarios familiarizados con el acuerdo, que Washington participa en consultas sobre asuntos internos del régimen venezolano, incluida la selección del ministro de Defensa. Esa revelación golpea directamente el discurso de soberanía que el chavismo ha defendido durante años y coloca en entredicho el verdadero margen de maniobra de Rodríguez.
La afirmación adquiere mayor peso con las declaraciones atribuidas al exembajador estadounidense en Venezuela James Story, quien describió el supuesto entendimiento entre ambas partes en términos difíciles de ignorar. “Básicamente, tenemos lo que llaman el Rodrigato en funcionamiento”, afirmó. Luego remató con una frase aún más contundente: “Están haciendo todo lo que les pedimos”.
Las revelaciones no se limitaron al funcionamiento interno del régimen . La propia entrevista también expone que, según funcionarios del Departamento de Estado citados por TIME, Washington negoció con Maduro distintas alternativas antes de su captura, entre ellas un eventual exilio, la permanencia en Venezuela sin ejercer el poder o enfrentar un juicio en Estados Unidos. Mientras Delcy intentaba proyectar la imagen de una transición controlada por el chavismo, el reportaje terminó describiendo un proceso en el que la Casa Blanca aparece como el principal árbitro.
Paradójicamente, la dirigente chavista también dejó al descubierto otra contradicción durante la conversación al admitir que nunca imaginó un ataque contra Caracas, pese a que durante años el aparato oficialista insistió en que el país estaba preparado para enfrentar cualquier amenaza externa. La confesión contrastó con el discurso de fortaleza que el chavismo mantuvo durante más de dos décadas.
Lo que debía convertirse en una operación para fortalecer la imagen de Delcy terminó abriendo nuevos flancos políticos. Entre las revelaciones sobre la influencia de Washington, las negociaciones con Maduro y las propias confesiones de la nueva mandamás del régimen, la entrevista dejó certezas sobre quién ejerce realmente el poder en Miraflores y no está en Caracas.
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