Lapatilla

No son políticos, periodistas perseguidos, ex presos o líderes sociales, pero ellos también forman parte de la historia reciente de Venezuela. En concreto, han escrito, y siguen haciéndolo, el capítulo del exilio forzado. Aquel que no pudo o no quiso continuar viviendo bajo el chavismo. Que construyó una nación fuera de su territorio. Que salió a la calle enarbolando la bandera tricolor y cantando el himno nacional ‘Gloria al Bravo Pueblo’.
Por: El Mundo
Se consideran ‘madrileños venezolanos’ porque la capital española les dio una calurosa bienvenida. Saber cuántos son resulta complejo. Muchos de ellos son españoles o ciudadanos de otra nación europea por sus antepasados y algunos todavía no tienen el estatus de residente. Según las últimas cifras del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), serían 692.316 venezolanos en España, de los cuales 210.408 estarían en Madrid. Una ciudad que se ha convertido en todo un símbolo para la diáspora. Sus calles han acogido manifestaciones masivas en los peores momentos de crisis del país latinoamericano. En ellas han gritado, llorado e incluso celebrado el pasado 3 de enero la captura de Nicolás Maduro. Una marcha más, pero quizás la más importante, se vivirá mañana, cuando María Corina Machado se reúna con sus compatriotas en la Puerta del Sol.
Los venezolanos que tuvieron que huir, abrazan ahora la esperanza del cambio con la Premio Nobel. Aquí algunas de sus historias de lucha y resiliencia.
José Alberto Alves, propietario de La Empanadera
Este joven caraqueño, de 29 años, es uno de los muchos casos de venezolanos que eran niños o incluso no habían nacido cuando Hugo Chávez ya estaba en el poder. No conocieron otro sistema político, pero casi de manera innata siempre supieron que estaban en contra y protestaron como los que más. «Crecí en el chavismo y a veces es complicado discernir o pensar diferente. Y yo creo que ese es el valor que tenemos muchos de los jóvenes venezolanos», explica en uno de sus locales de La Empanadera, en Villaverde Bajo -el otro está situado en Ciudad Lineal y ambos son puntos estratégicos de la migración latinoamericana-. «Hemos sido muy irreverentes. Desde el 2007, los universitarios han estado en las calles, han estado batallando por lo que creen que es correcto, aunque no lo hayan vivido. Mi generación en general ha luchando por ese país diferente», continúa Alves.
Partió de Venezuela en 2017, primero se dirigió a Portugal porque sus padres son de allí y, desde hace cinco años, vive en España. Aquí se ha formado y, con mucho esfuerzo, ha emprendido. Ya tiene obrador propio y dos establecimientos de venta de empanadas y pasteles andinos, donde ofrece un pedacito de la cultura de su tierra. Es así como volvió a «reconectar nuevamente» con su patria después de verse obligado a migrar porque «actuaba políticamente en la universidad, en el movimiento estudiantil y en uno de los partidos políticos más perseguidos en Venezuela: Voluntad Popular [de Leopoldo López]». «Eso hacía que fuésemos blanco fácil», recuerda, citando algunos de los peligros que vivió: «Tenía que sacar la tarjeta SIM fuera del móvil, porque podían rastrearnos. Llegaba a mi casa y tenía patrullas del SEBIN [Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional]. Una cosa constante era ir por la autopista y que te persiguieran o intentaran secuestrar porque habías estado con ciertos personajes políticos…».
«¿Qué peligro podría representar yo para una dictadura? Lo que buscan es sembrar el miedo y que personas como nosotros terminemos yéndonos de Venezuela», apunta el dueño de La Empanadera. Sin embargo, él no considera el exilio como algo negativo sino «como una oportunidad». «Yo estoy seguro que seré uno de los primeros en montarme en un avión e ir a mi país a reconstruir. Es una misión de vida que tenemos muchos venezolanos», asegura con esperanza porque ve una Venezuela diferente después del 3 de enero. «Hay una intención real de Estados Unidos de hacer algo diferente, porque sino no hubiese pasado lo que pasó».
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