🔴🔵 La estima del venezolano, por Juan Guerrero  

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Por estos tiempos andar por el mundo enseñando el pasaporte venezolano resulta cuando menos riesgoso, por no decir vergonzoso. Esto porque la humillación al ser venezolano ha sido tan dantesca, que hemos terminado aceptando la tragedia nacional como algo inevitable. Esto, sin embargo, habría que aclararlo para entender semejante afrenta al alma nacional.

Termino de releer las Memorias de un venezolano de la decadencia de José Rafael Pocaterra, (Valencia, 1889-Montreal, 1955). Libro testimonial que refiere el paso del célebre autor de Panchito Mandefuá, por las mazmorras del fortín San Carlos, en Zulia, castillo de Puerto Cabello, en Carabobo, y la prisión de La Rotunda, en Caracas, durante las dictaduras de Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez. El libro inicia en 1889, con el ascenso de Cipriano Castro y los andinos en el poder y cierra con la muerte de Juan Vicente Gómez, en 1936.

Resulta insólito observar la actualidad de semejantes acontecimientos de finales del siglo XIX y principios del XX, con las evidencias que se viven en la Venezuela del siglo XXI. Nada o muy pocas cosas han cambiado en el tratamiento que sobre los derechos humanos el Estado venezolano ha mantenido en el transcurso de poco más de siglo y medio para preservar la dignidad de los presos políticos y en general, de los ciudadanos en Venezuela.

Leer la obra de Pocaterra es conocer cuanta tragedia carga en sus hombros la sociedad venezolana por la barbarie que ha significado el uso del poder en manos de sus gobernantes. El abuso del poder relatado desde la experiencia del autor, quien vivió en carne propia las humillaciones, vejaciones y torturas de ese tiempo, son una constante en el dibujo de una época que poco ha cambiado. La administración del poder de aquellos caudillos, bárbaros, semi analfabetas y caporales de haciendas, en poco se diferencia de los actuales gobernantes quienes han ejecutado, casi al calco, las aberrantes e inmisericordes torturas contra sus opositores políticos. Los actos de humillaciones y torturas son monstruosos, de una mentalidad de lo más primitivo que se conozca. Si Crespo, cruel y bárbaro, bailó sobre los cadáveres de sus oponentes políticos, Gómez introdujo el cinismo y el disimulo sobre todo aquel que fuera una figura que le hiciera sombra en el juego del poder: totalitario, arbitrario y amoral. Por sus páginas transita el llanto de quienes osaron levantar su voz para denunciar las constantes humillaciones y violaciones contra los ciudadanos. Pero esta afrenta contra la dignidad de una sociedad no fue obra solo del ‘Benemérito Caudillo Restaurador’ y andino general. Toda una horda de malhechores, vividores y aduladores, civiles y militares, oficiales y doctores, se alinearon para aclamar al ‘bailarín’ de Crespo y después erigir, casi rogándole y suplicándole, al vicepresidente Gómez, que se convirtiera en presidente de la república. Los políticos de la época, como éstos que medran alrededor del poder en la Venezuela del siglo XXI, fueron parte del elenco de un sainete que conoció y calló por años la transformación de una sociedad convertida en ‘masa silenciosa’, obediente y sumisa, sin mayores aspiraciones y padeciendo largos períodos de hambre y penurias. Esa sociedad de finales del siglo XIX y comienzos del XX, debió esperar la muerte del tirano Gómez para iniciar el lento tránsito hacia su libertad. Un período de 27 años (de 1908 a 1935).

Para comprender la devastación que sufrió la sociedad venezolana en su conjunto, habría que mencionar, al menos someramente, la serie de enfrentamientos sangrientos sufridos desde mediados de 1830 y hasta las dos primeras décadas del siglo XX. Luego de las guerras de secesión que terminaron en la llamada Independencia nacional, el país quedó desolado y en ruinas. Posteriormente, entre 1830 a 1903, en el territorio venezolano se sucedieron cerca de 39 revoluciones: Revolución de las Reformas, Revolución de La Sampablera, Guerra Federal, Revolución Azul, Revolución de Marzo, Revolución de Abril, Revolución Legalista, Revolución Reivindicadora, Revolución Liberal, Revolución Restauradora, Revolución Libertadora, Revolución de Octubre y finalmente (-hasta ahora), la Revolución Bolivariana, entre otras.

Este resumen de refriegas y montoneras (mal llamadas revoluciones), se traduce en: devastación, hambre, desolación, humillación, vejación, tortura, desaparición, exilio y muerte para la población venezolana. Entre las historias de crueldad y tortura que testimonia Pocaterra, una de ellas resume un ciclo de humillaciones y asombra por su semejanza con lo que ocurre en la actualidad:

“El cadáver del general Desiderio Centeno, fue sacado envuelto en una estera. Los dos ancianos Farrera –padre y tío del general Ramón Farrera-, presos por el delito de ser familia del ‘traidor’ de Ciudad Bolívar, sucumbieron en el calabozo. Una mañana llegaron a la puerta de la mazmorra de éste un grupo de soldados y desenvolvieron de la estera un cadáver: -Venga –le gritaron al sorprendido prisionero- venga para que se despida de su tío. Y una semana más tarde, con el mismo aparato tornaron a descubrir otro trágico envoltorio ante su puerta: -¡Farrera, aquí le traemos a su padre para que lo vea! Era un octogenario esquelético, de larga barba blanca. Acababa de morir de mengua y de dolor… El coronel Leopoldo Tayllardath falleció, loco, en la prisión. Su estado de flacura era tal que a través de la piel se veían sus huesos. Una tarde la madre del desdichado, doña Concepción de Tayllardath, la célebre poetisa, se arrojó ante el general Castro que iba de paseo con sus amigos para pedirle la libertad de su hijo moribundo… El ‘héroe invicto’ le arrojó el caballo encima y pasó.” 

A esta madre, iniciadora del periodismo en Guayana, le negaron ver a su hijo por 7 años y, muerto en prisión, le informaron que lo dejarían en libertad, …pero luego arrojaron el cadáver frente a su casa. 

Sí, los caudillos, dictadores y ‘demócratas autoritarios’ han doblegado con hambre, miseria, crueldad y falta de educación e insumos básicos a la sociedad venezolana. Aquella precaria y esta moderna y desorientada sociedad. En las próximas décadas, quienes accedan al poder tendrán que lidiar con una población alterada emocionalmente, psicológicamente enferma y con su estima humillada.  

Las palabras de Pocaterra nos advierten a lo largo de sus 350 páginas, que siempre es posible regresar al Infierno: “En estas Memorias de un venezolano yo no armo alharacas porque hayan ocurrido tales o cuales actos de fuerza. Ni éstos nacieron de Castro y de Gómez. Los hubo siempre. Fatalmente los habrá.”

(*)  [email protected]   X @camilodeasis   IG @camilodeasis1   

 

LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973

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