Vente Venezuela está trabajando para adecuar sus estructuras internas pensando en unas elecciones muy pronto. En la Plataforma Unitaria hay opiniones diversas, pero en líneas generales sus dirigentes suelen figurarse la convocatoria a unas elecciones presidenciales o generales, del año que viene en adelante. Entre los factores políticos de la oposición tolerados en el parlamento es más común escuchar de unas elecciones post 3-E “hacia 2028”.
Los partidos que colaboran abiertamente con la causa del régimen han afirmado públicamente lo mismo que opina el chavismo: las elecciones deben ser en 2030 porque ya hubo unas en 2024. “Eventualmente”, afirmó alguna vez la presidenta encargada, Delcy Rodríguez. “Se harán cuando se tengan que hacer”, terció después el poderoso Diosdado Cabello, todavía número dos del régimen.
La correlación de tendencias descrita podría estarnos indicando que todavía no habrá elecciones en Venezuela, ni presidenciales ni generales, y que ciertos sectores de la sociedad van demasiado rápido al administrar sus expectativas con la situación actual.
Hay una suma nada desdeñable de intereses políticos y económicos interesados en mantener el estatus quo actual, un chavismo azul en clave de “dictablanda”, con vocación de apertura económica. No son mayoritarios, pero tienen consigo el magneto del ejercicio del poder, los modelos de negocios y la administración de los recursos. Cuentan, además, con el respaldo de los cuerpos de seguridad del régimen, guardianes, finalmente, del actual estado de cosas.
Pidiendo paciencia
Lo más importante: los Estados Unidos tampoco están previendo, o presionando para la organización de unas elecciones en el corto plazo en Venezuela. A todos ha quedado claro que, luego del 3-E, el orden de los factores en la Casa Blanca comienza con los recursos naturales del país. Donald Trump, el presidente de los Estados Unidos, no ha aludido todavía la eventualidad de una elección, y acaso no ha pronunciado por primera vez la palabra “democracia”, cuando se tiene que referir al problema venezolano.
Marco Rubio, el secretario de Estado, sí parece fungir como una especie de “fiador” de la causa de la democracia, y eventualmente tendrá que responder al Congreso sobre los resultados de las maniobras de Washington en Venezuela. También él, como otros altos funcionarios de la administración Trump, ha pedido paciencia y ha asomado que el país podría estar terminando, recién, la primera de las tres etapas prescritas a Caracas -estabilización, negociación, transición.
“Habrá elecciones en Venezuela, pero hay que tener paciencia”, ha declarado Rubio desde la república de San Cristobal y Nieves. “Por ahora, Venezuela está mucho mejor ahora que hace unas semanas, cuando estaba al mando Nicolás Maduro”.
María Corina Machado no regresa a Venezuela porque no tiene garantías, y porque los funcionarios americanos claramente le han pedido que, por ahora, no lo haga. Le han pedido “paciencia”. De esta forma, Washington cumple con su parte en sus acuerdos con Miraflores. Los mandos chavistas ni siquiera quieren oír hablar de ella. Machado tiene un capital político muy poderoso, que además está ganando intereses de manera permanente luego del premio Nobel de la Paz, pero es probable que su llegada al país, antes que expresar la puesta en desarrollo de una transición, termine siendo, más bien, el punto de llegada, la certificación personal de que el país dejó atrás la dictadura chavista. Similar al momento en el cual Rómulo Betancourt pudo regresar a Venezuela sin vetos ni interferencias, una vez derrocado el dictador Pérez Jiménez, en 1958.
Los factores de la oposición trabajan activamente para crear las condiciones que hagan posible, de nuevo, una demanda nacional de elecciones limpias y transparentes en el país. Pero estas circunstancias hay que crearle de nuevo espacio político en una población agotada y necesitada. Henry Alviárez, Delsa Solórzano, Juan Pablo Guanipa, Freddy Superlano, Henry Ramos Allup o Adriana Pichardo, están realizando activamente giras en todo el país para recomponer a la militancia.
Elecciones algún día
Entre tanto, el régimen chavista, conducido en este momento por Delcy y Jorge Rodríguez, sigue procurando complacer a Trump, consolidando un nuevo relato que permita ubicar al bloque político dominante en la zona discursiva del reformismo burgués: pidiendo perdón por los errores, doliente del reencuentro, procurando fomentar la tolerancia, y tomando distancia de las postura radicales o en exceso pugnaces.
Si la economía venezolana florece -cosa que sigue por verse- y se logra derrotar la inflación, el nuevo chavismo azul hará lo necesario por ganar tiempo mientras corre con el balón, evadiendo compromisos con cronogramas, trabajando para reconciliar la ira ciudadana, procurando que se termine el plazo extremadamente peligroso Trump. Esperando por la llegada de nuevas situaciones en los Estados Unidos.
El desgaste, sin embargo, corroe al oficialismo. El reloj podría traicionarlo. Cada nueva medida para saciar el apetito de los Estados Unidos y cortar los hilos de poder del madurismo -como la reciente entrega del empresario colombiano Alex Saab o las decisiones que se cocinan en el Tribunal Supremo de Justicia- parecen destinadas a aplacar entusiasmos y quitarle calorías a la motivación revolucionaria.
“Aquellos que ven un riesgo en la convocatoria electoral, no están viendo que no hacer elecciones es un riesgo mucho mayor”, ha profetizado María Corina Machado desde el exilio. “Si los venezolanos sienten que lo que está pasando es sólo por un tema económico, por plata, pueden perder completamente la paciencia”
*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.
LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973