🔴🔵 La deuda externa llega al corazón de venezolanos 

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El principal problema de los muchos que tiene Venezuela hoy es una deuda externa que se calcula entre $160.000 y $180.000 millones y que está en moratoria. Un gobierno mala paga dejó colgado a miles de acreedores, y ahora, cuando el país está postrado y necesita miles de millones de inversión extranjera para hacer despegar la economía, este esqueleto en el armario es un abominable obstáculo.

Bajo la tutoría de Estados Unidos, el gobierno de Delcy Rodríguez ha dado el primer paso para buscar reestructurar esa deuda y promete presentar en junio los números sobre el estado de la economía, y “un análisis de sustentabilidad financiera de la deuda”. Se prevé que este primer diagnóstico servirá de punto de partida para iniciar largas negociaciones.

“Venezuela va a proceder con urgencia para alcanzar una resolución rápida, consensuada  e integral, el mejor beneficio del pueblo de Venezuela”, dice un reciente comunicado de la vicepresidencia de Economía, en el que anuncia que contrata a la firma de Estados Unidos Centerview Partners  para moverse rápidamente hacia una completa reestructuración de la deuda.

El objetivo final es que le perdonen buena parte de esas acreencias, le den mejores condiciones de pago, a tono con la capacidad real de la economía y la producción petrolera, y buscar que el cumplir estos compromisos no afecte la gerencia pública y su obligación para cumplir las responsabilidades sociales con la población del país.

Pero el proceso no será ni rápido ni expedito.

Muchos acreedores y una negociación que será larga

“No sabemos la magnitud del problema en forma total, tal vez ni el gobierno lo sabe”, señala desde Wall Street el economista Jorge Piedrahita, un operador con papeles de la deuda venezolana.

Piedrahita, asesor del fondo Copérnico, que maneja unos 600 millones en bonos de la deuda venezolana, no ve que un complejo proceso como este se complete antes de 2028. Además, cree que solo será posible con un gobierno democráticamente electo.

En efecto, el gobierno chavista, con sus 27 años en el poder, es el principal artífice de este problema, aunque ahora intente culpar a Estados Unidos y a las sanciones.

Mientras tanto, el mono sigue creciendo, al igual que los problemas de los venezolanos comunes.

Data de Bloomberg Finance da cuenta que para el 13 de mayo, solamente en capital e intereses de bonos vencidos o por vencer, los reclamos de pago ya habían llegado a $101.384 millones.

Esto incluye 43.843 millones de PDVSA y 56.411 millones de la República, más un añadido de bonos de la malograda Elecar (Electricidad de Caracas).

Pero eso no es todo. Cálculos resumidos en un informe de expertos vinculados a la Unión Europea, estiman que hay al menos $20.803 millones pendientes de laudos arbitrales, perdidos por Venezuela por las confiscaciones y expropiaciones de activos en el clímax de la ola populista socialista de Hugo Chávez. El militar despachó como a peón de fábrica a trasnacionales que eran aliadas del chavismo en la explotación de oro, petróleo y hasta cemento. 

Estas empresas demandan a Venezuela en el Ciadi, que es un tribunal de arbitrajes del Banco Mundial. Este multilateral es el principal prestamista global cuando se trata de financiar proyectos de infraestructura y servicios, como los que demanda urgentemente Venezuela para que cesen los apagones o llegue el agua a los chorros.

Si no pagas no hay más plata

Se sabe que también se le debe otros millones  al Banco Interamericano de Desarrollo, BID, y a la CAF, el banco regional. Estos organismos, también especializados en financiar obras de alto impacto social, no pueden prestar más hasta tanto comiencen a pagarles créditos viejos.

Como en cualquier banco. Si usted tiene el crédito hipotecario en mora, no espere que le aumenten  el límite de su tarjeta de crédito.

El informe  de los europeos además estima otros $12.500 millones pendientes de pago con empresas mixtas y contratistas, incluyendo los de PDVSA.

Hay además unos $16.916 millones en deuda con China, que es el principal acreedor bilateral de Venezuela. Pero pocos saben en realidad qué pasó con ese Fondo Pesado que  recibió $62.000 millones. China simplemente se cobraba con petróleo barato, lo que ahora no puede hacer.

El monto real de toda esa deuda es el secreto mejor guardado del Caribe. En parte porque el chavismo contrajo buena parte de esos compromisos de manera ilegal, o sin pasar por  los canales regulares, y en parte  porque ese dinero simplemente desapareció, nunca llegó a invertirse en nada firme en Venezuela, o los proyectos fueron paralizados, olvidados, tirados al óxido y al olvido, como el Metro de Guarenas, o la represa de Tocoma y las termoeléctricas, o el Tren de Aragua, hospitales y proyectos agrícolas.

Pero a fin de cuentas, si tomamos la estimación más baja, de $160.000 millones de dólares de saldo, tenemos que cada venezolano de dentro o fuera del país, o cada uno que nace, debe unos $5.000.

Al salario mínimo mensual, como bien apunta el periodista Luis Ernesto Blanco, harían falta unos 20.192 meses, o 1.682 años para que cada venezolano pagara su parte.

Una deuda de novela

Exageraciones pedagógicas aparte, con fines ilustrativos, esto es una novela de la vida misma de cada persona de esta tierra de gracia.

La protagonista es una joven y bella heredera, rica en hacienda. Posee vastas extensiones de tierras, minas, ingenios, trapiches, fábricas, caudalosos ríos, mares y yacimientos de minerales valiosos.

La heredera tenía mucha plata en efectivo y mucha más enterrada en los patios de sus haciendas, repartidas por todos sus dominios.

Pero se enamora de un tipejo sin porte ni preparación que le promete el cielo por asalto. Ya tenía este hombre una mala reputación de pendenciero y en un pasado muy reciente había reventado a cañonazos los edificios democráticos del pueblo. Un charlatán pico de plata, que enredaba en su discurso hueco a quien estuviera dispuesto a oírlo. Pero la chica le entregó todos sus haberes al paisano de verbo florido y se dejó llevar. Cosas del amor mal entendido.

El tipejo con pretensiones de galán de esquina se apropió de la administración de esos recursos con el cuento de que era el único capaz de hacerlo bien.

Pero resultó ser malo, muy mal administrador. Puso a sus amigotes cuanto más incapaces mejor, a manejar varias propiedades y dilapidó lo que había. Y eso que los precios del ganado, de los bosques, de las cosechas y minerales del suelo se habían disparado por esos años, de modo que en las arcas de la familia debía, pero no había, haber mucho dinero, como diría Cantinflas.

 Después, endeudó hasta el modo de caminar, inclusive con préstamos ilegales y puso como garantía hasta las joyas de la heredera y de su familia.

Endeudó todo, sumió a La familia en la miseria, destruyó los trapiches, mató el ganado, dejó perder maquinarias, galpones y plantas de producción, dejó destruir los puentes de acceso a las haciendas, ingenios y minas. Dejó destruir escuelas y hospitales del pueblo.

Sin rendirle cuentas a la mujer, a los hijos ni a la familia manejó la plata como Le dio la gana, se iba de farra con los amigotes, gastó todo el dinero que había y encima pidió prestado, emitió pagarés, hipoteca la casa y las haciendas, minas y fábricas sin rendir cuentas de para dónde iba ese dinero ni qué resultados daba.

Ahora,  arruinado y acosado por acreedores, con una familia hambrienta,  después de haber hipotecado la casa y todas las propiedades, pide clemencia. Quiere renegociar esa deuda, que le perdonen al menos la mitad y que sean sus hijos quienes la paguen, sin tampoco rendir cuentas ni tener el poder legal notariado para tener ese derecho y comprometer a los hijos, nietos y tataranietos, que son los verdaderos dueños de la riqueza empeñada. 

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973

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