🔴🔵 ¿Con quién necesita codearse MCM?

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Fuimos alguna vez un país con una política exterior decente. Una política exterior autónoma y que privilegiaba intereses venezolanos, pero que al mismo tiempo promovía la democracia, la paz y la justicia. Así, Venezuela fue parte del Grupo de Contadora, que facilitó diálogos para poner fin al baño de sangre que se había vuelto Centroamérica en la década de 1980. Pocos años antes, el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez apoyó firmemente el reclamo de Panamá al canal que la atravesaba, lo cual derivó en los Tratados Carter-Torrijos para que Estados Unidos en efecto entregara aquel prodigio de ingeniería al país que lo acogía.

Es bueno saber que la nación del istmo, otrora bajo un mismo Estado que Venezuela en la Colombia bolivariana, nos ha devuelto ese favor. Recordemos que Panamá ha sido la custodia de las actas electorales del 28 de julio de 2024. El más célebre de sus artistas, Rubén Blades, se ha vuelto un ferviente partidario de la causa democrática venezolana. Hasta pudiera decirse que, en tiempos de mayor aislamiento aéreo para Venezuela, la conexión constante con Panamá fue una de nuestras pocas tablas de salvación en dicho ámbito.

La simpatía panameña hacia las más nobles aspiraciones de sus vecinos caribeños quedó patente al prestarse aquel país para congregar en un espacio seguro a un amplio conjunto de dirigentes opositores venezolanos, con el propósito de trazar directrices para que el “nuevo momento político” concluya felizmente en transición democrática. Este fue el encuentro más grande entre diferentes cabezas de partidos opositores en años. Al frente estuvo, como era de esperarse, María Corina Machado, quien funge como líder de la oposición desde su triunfo en la elección primaria de 2023. Como era también de esperarse, sus palabras insuflaron nuevos alientos entre las masas deseosas de un cambio político en Venezuela. Está por verse si lo que sea que fue decidido por allá justifica el ánimo. Pero no es eso de lo que voy a hablar hoy.

De lo que voy a hablar hoy es la presencia de otros políticos en el cónclave panameño, la cual produjo un efecto contrario a la de Machado. Rechazo. Mucho y visceral rechazo. Sujetos como Leopoldo López o Antonio Ledezma fueron señalados por no pocas personas de ser una fea mácula en el evento. Los indignados manifestaron que no debían estar ahí. Que eran unos fracasados, unos corruptos y unos traidores. Que Machado no debió permitir que asistieran a la reunión y que cualquier futura interacción con ellos solo le traerá problemas y debilitará su base de apoyo. Este es un fenómeno bastante llamativo sobre el estado de la opinión pública venezolana. En los siguientes párrafos me dedicaré, primero, a tratar de explicar sus causas y, luego, a evaluar la pertinencia del juicio colectivo que reposa sobre todo este desdén.

Comencemos con las causas. Parto de la premisa de que la figura del exlíder opositor fallido es una de las más odiadas en la psiquis colectiva del venezolano contemporáneo. En mi opinión, la razón principal es el rencor por haber fracasado pese a los sacrificios colectivos hechos. Para colmo, muchos venezolanos tienden a confundir fracaso con traición, lo que pudiera ser una forma de racionalizar nuestro fracaso colectivo como sociedad en el esfuerzo por restaurar la democracia. “No fracasamos. Nuestros líderes se vendieron y nos traicionaron”. Salvando las distancias, es como la Dolchstoßlegende en la República de Weimar: el mito según el cual Alemania perdió la Primera Guerra Mundial porque los judíos alemanes “traicionaron a su país”.

En el caso de dirigentes como Leopoldo López y Juan Guaidó hay otros factores. Recordemos que hubo manejos de dinero por el “gobierno interino” que nunca fueron esclarecidos del todo. El hecho de que ahora vivan respectivamente en Madrid y Miami intensifica el rencor. Porque mucha gente piensa “Ustedes nos expusieron, llamándonos a la calle. Después se largaron de aquí y ahora se dan la gran vida en países desarrollados mientras nosotros seguimos calándonos la inflación galopante y los apagones”.

Estas son, desde luego, visiones caricaturizadas de la historia, que no tienen en cuenta que el exilio fue algo forzoso y que en cuanto a la “gran vida” se basan más en  hechos imaginados que en hechos de conocimiento público (aunque incluso algunos de conocimiento público han producido reacciones francamente desproporcionadas; verbigracia, la vez que se publicaron fotos de Lilian Tintori llevando a sus hijos pequeños, no a Arpege, el restaurante con tres estrellas Michelin en el séptimo arrondissement de París, sino a… McDonald’s).

Hay, pues, razones para cuestionar a estos exlíderes opositores pero lo ideal sería que se hiciera con la ponderación que ameritan sus faltas. Por otro lado, es difícil que una población tan herida como la venezolana haga tales ponderaciones. Cada vez que tiene la oportunidad, esa población más bien da rienda suelta a su caudal de emociones negativas (tristeza, rabia, frustración, etc.). Y como muchos aun temen a las represalias que tales descargas, cuando su objeto es la elite gobernante, pueden acarrear, los exlíderes opositores son blancos especialmente tentadores.

Por eso los llamo “exlíderes”. Ya no lideran a nadie excepto a la militancia de sus respectivos partidos. Lo que les queda es plegarse al liderazgo del momento (hoy detentado por Machado) para mantener algo de influencia. Pudiera alguien decir “Ajá. Estos exlíderes necesitan a Machado. ¿Por qué Machado los necesita a ellos? Dada su impopularidad, ¿no es mejor para ella mantenerlos bien lejos, como si fueran leprosos en el siglo XII?” Eso me lleva a la segunda parte del artículo. Veamos.

Pienso que Machado mantiene a estos exlíderes cerca por dos razones. Primero, como premio a la lealtad a su liderazgo y a su colaboración con ella durante el momento más crítico para la dirigencia opositora actual: el 28 de julio de 2024 y sus secuelas. Estos líderes encabezan partidos que aportaron considerablemente a la defensa del voto el día de las elecciones y después. Pusieron testigos, acompañaron a Vente Venezuela en las protestas posteriores, etc. Varios lo pagaron con cárcel. Probablemente seguirían tras las rejas de no ser por el “nuevo momento político” que comenzó en enero. Creo que muchos venezolanos que rechazan visceralmente a estos partidos y a sus líderes olvidaron aquello bastante rápido. Fíjense que quienes fueron invitados al cónclave panameño fueron justamente los dirigentes que se mantuvieron alineados con Machado. Los que rompieron con ella para participar en “elecciones” (Henrique Capriles, Manuel Rosales, etc.) quedaron por fuera.

En segundo lugar, pienso que Machado preserva estas alianzas porque considera que los partidos en cuestión pueden seguir contribuyendo con su causa. Estos partidos tienen contactos internacionales influyentes que pueden insistir en que el “nuevo momento político” derive en transición democrática. Tienen militantes en Venezuela que estarán a la vanguardia de cualquier movimiento de presión interna para que eventualmente haya elecciones limpias y justas en el país.

Me parece que hay gente que ya asumió que Machado puede cantar victoria. Que solo tiene que sentarse a esperar a que Washington le haga la tarea de propiciar una transición con elecciones que ella ganará fácilmente. Nada de eso. Las intenciones del gobierno de Donald Trump para con Venezuela siguen siendo inciertas y por lo tanto Machado no puede darse el lujo de depender completamente de ellas. Su éxito no está de ninguna manera garantizado y por lo tanto necesita cualquier apoyo que se le ofrezca. Eso incluye el apoyo de los exlíderes impopulares. No se trata de olvidar sus errores y vicios pasados. No se trata de eximirlos de responsabilidad. Se trata de hacer un balance desapasionado de costos y beneficios estratégicos para la actual coyuntura y, si se quiere, morales.

Fracasos han tenido hasta los personajes más admirados de nuestra historia. Bolívar, verbigracia, fracasó en su convocatoria del Congreso Anfictiónico de Panamá hace exactamente 200 años. Esperemos que lo que emerja de esta reunión de venezolanos en Panamá tenga mejor suerte. Nuestro país lo merece.

@AAAD25

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