En Venezuela, una cirugía, un parto complicado, un tratamiento oncológico o una enfermedad hematológica no solo enfrentan a los pacientes a la incertidumbre de su diagnóstico, ni a la preocupación por el aspecto económico debido al colapso de la salud pública y los costos de la atención en centros privados. Muchas veces, también los obligan a emprender una carrera contrarreloj para conseguir algo tan esencial como sangre.
Mientras en otros países los bancos de sangre mantienen reservas suficientes gracias a sistemas de donación voluntaria y permanente, en Venezuela son los familiares quienes suelen cargar con la responsabilidad de encontrar donantes en medio de una emergencia. La búsqueda se traslada a grupos de WhatsApp, redes sociales, cadenas de mensajes y llamados desesperados entre conocidos.
“Tuve que pagar 20 dólares a varias personas para lograr conseguir los que me solicitaron”, recuerda Alberto, un habitante del este de Caracas, sobre la experiencia que vivió el año pasado cuando un familiar necesitó transfusiones y pese a que, como también comenta, él mismo ha sido donante para ayudar a personas en situación similar.
Su historia no es excepcional. Es parte de una realidad que especialistas y organizaciones del sector describen como consecuencia directa de la ausencia de una cultura sólida de donación voluntaria y de las debilidades estructurales del sistema nacional de sangre.
Un país que depende de la urgencia
La hematóloga Nelly Martínez, exdirectora del Banco Municipal de Sangre, explica que Venezuela se encuentra muy lejos de los estándares internacionales en materia de donación voluntaria.
“Actualmente, en Venezuela no tenemos estadísticas actualizadas, pero sabemos que el porcentaje de donación voluntaria está alrededor de 1,5%. El resto, son donantes de reposición emergencia”, señala.
Eso significa que la mayoría de las personas no dona sangre de forma habitual o altruista, sino únicamente cuando un familiar o conocido la necesita. De acuerdo con los estándares internacionales, lo ideal es un donante voluntario, altruista, consecutivo y no remunerado: “El donante voluntario aporta componentes más seguros y lo hace bajo ninguna presión”, específica la especialista.
La tasa ideal de donación voluntaria es de 30 a 40 donantes por cada mil habitantes y en Venezuela, se calcula que cinco de cada mil habitantes donan pero de no de forma voluntaria ni permanente, “sino por un mecanismo de presión, o por algún familiar que lo requiera”. Y para mantener una reserva de sangre apropiada es necesario que por lo menos el 50% de la población sea donante voluntaria.
Para Martínez, este modelo genera múltiples problemas. En primer lugar, impide mantener reservas suficientes para responder con rapidez ante emergencias. En segundo lugar, obliga a las familias a buscar donantes en momentos de angustia extrema, cuando justamente tienen que atender otros asuntos de urgencia.
“La sangre debe esperar en el banco de sangre por el paciente y no al revés”, advierte la especialista. La diferencia no es menor: una hemorragia obstétrica severa, por ejemplo, puede convertirse en una emergencia fatal en cuestión de minutos si no hay disponibilidad inmediata de componentes sanguíneos.
Julio Riera nunca había pensado en donar sangre. Fotógrafo de profesión, llegó por primera vez a un banco de sangre en 2019 debido a la operación cardíaca de un familiar.
“Hasta ese momento, yo no tenía ni idea de cómo era el proceso”, recuerda. Tampoco estaba al tanto de que, tal y como se lo comentaron los médicos, además de obtener una evaluación gratuita del estado de su sangre al donar, su acto altruista también podría generarle beneficios a su salud.
Y es que la donación de sangre actúa como un mecanismo de revitalización interna que estimula la médula ósea para generar células nuevas, mejorando la eficiencia cardiovascular. Este proceso de regeneración, respaldado por expertos, permite reponer rápidamente los glóbulos rojos sin afectar la salud del donante y optimiza el transporte de oxígeno en el organismo.
Lía Talavera, hemoterapista, presidenta de la Sociedad Venezolana de Hemoterapia y coordinadora del Banco de Sangre del Grupo Médico Santa Paula (GMSP), amplió en un material informativo compartido con Runrun.es que este ciclo de renovación no solo ayuda a mejorar las defensas del cuerpo, sino que actúa como un filtro depurador: el proceso de donación contribuye a la reducción de los niveles de triglicéridos y ayuda a equilibrar los niveles de hierro en la sangre. Al regular estos niveles, se disminuyen factores de riesgo circulatorios, se mejora el flujo sanguíneo y protege el corazón.
Para Julio, lo que comenzó como una necesidad familiar, terminó convirtiéndose en un compromiso personal.
“Desde ese momento, me pareció que era un gesto verdaderamente importante: poder ayudar a otros en una situación de salud y, a su vez, obtener un beneficio renovando o limpiando mi sangre”, declara. Desde entonces, dona entre tres y cuatro veces al año y suele responder a solicitudes que encuentra en redes sociales.
Sin embargo, reconoce que forma parte de una minoría: “A mí me gustaría que más personas lo hicieran porque, sin duda alguna, estás ayudando a alguien en una situación donde verdaderamente lo necesita y puedes estar ayudándote a ti también de alguna manera. La cultura de la donación debería crecer”.
Su reflexión coincide con el diagnóstico de los especialistas: la donación voluntaria sigue siendo una práctica poco frecuente en Venezuela.
Los mitos que alejan a los donantes
¿Por qué tan pocas personas donan sangre de forma regular? Para la hematólogo Nelly Martínez, parte del problema radica en la falta de educación y en la persistencia de falsas creencias.
“Mucha gente no dona porque tiene miedo”, explica. También, persisten ideas erróneas sobre supuestos efectos negativos de la donación: “Otro mito es que si uno dona sangre, uno engorda. En realidad, uno engorda porque come, no es porque donó”.
La especialista también desmiente el temor a contraer enfermedades durante el procedimiento: “Absolutamente todo lo que se utiliza, los equipos que se utilizan en el proceso de la donación, son completamente estériles (…) no hay riesgo de contaminación”.
Pero desmontar los mitos requiere algo más que campañas ocasionales. Según Martínez, la construcción de una cultura de donación debe comenzar desde la infancia y mantenerse durante todas las etapas educativas.
Cuando conseguir donantes se vuelve una odisea
Adriana, residente de Guatire, ha sido donante en varias ocasiones para familiares, amigos e incluso desconocidos. Sin embargo, cuando ella misma necesitó una cirugía el año pasado, se encontró del otro lado del problema.
Le solicitaron cuatro donantes. Y solo pudo conseguir dos: “Y por el resto, tuve que pagar con productos de limpieza en el hospital”.
A su juicio, los obstáculos administrativos también influyen en el desinterés de muchos potenciales donantes.
“Tienes que hacer colas desde la madrugada en los sitios públicos y, mayormente, les ponen un pero en algo y la gente se va”, agrega.
La experiencia de Rosi, una caraqueña cuyo suegro fue sometido a varias intervenciones quirúrgicas el año pasado por un tumor canceroso, refleja las mismas dificultades.
“Ofrecíamos pago en divisas por nuestros estados de WhatsApp, hicimos varios servicios públicos por redes, ofrecíamos el traslado y hasta los desayunos y no pudimos cubrir la cantidad solicitada en dos ocasiones”, lamenta.
En este duro trayecto, se encontraron con otro impedimento a la donación de sangre en Venezuela, que parece ser más frecuente de lo que se pensaría. “A tres de los donantes que llevamos los devolvían, porque al hacer los análisis de sangre, descubrían que tenían anemia. Y en el banco de sangre vimos a muchas personas que era notificadas de lo mismo”, cuenta.
Un derecho humano que depende de la solidaridad
La situación trasciende el ámbito médico. Para Nelly Martínez, vivir en un país sin suficientes donantes voluntarios tiene implicaciones directas sobre el derecho a la salud. La exdirectora del Banco Municipal de Sangre y docente del Posgrado de Hematología con sede en el Banco Municipal.
“Vivir en un país sin cultura de donación de sangre vulnera el derecho a la salud porque la transfusión es un derecho universal para todo el mundo y debe realizarse en forma equitativa y con justicia”, recalca.
La Federación de Colegios de Bioanalistas de Venezuela (Fecobiove) coincide con esta visión. En un comunicado difundido con motivo del Día Mundial del Donante de Sangre, que se celebra este 14 de junio, la organización alertó sobre la disminución de las capacidades operativas de los bancos de sangre y de los servicios de bioanálisis del país.
Según la federación, el deterioro de las condiciones operativas, la insuficiencia de reactivos, las fallas en el suministro de materiales para la recolección de sangre y la migración de profesionales comprometen la seguridad transfusional y limitan el acceso oportuno de los pacientes a este recurso vital.
“La sangre segura es un derecho, no un privilegio”, subraya la organización.
Cómo salir del círculo vicioso
Mientras países de América Latina han logrado incrementar progresivamente la donación voluntaria mediante campañas sostenidas y políticas públicas, Venezuela continúa dependiendo casi exclusivamente de la reposición familiar.
Martínez sostiene que el país necesita una estrategia nacional que combine educación, organización institucional y promoción permanente.
La especialista también insiste en la necesidad de construir un sistema nacional de sangre que permita coordinar esfuerzos, fortalecer los bancos existentes y garantizar reservas suficientes.
Fecobiove, por su parte, plantea medidas similares: mejorar el suministro de insumos y reactivos, fortalecer las condiciones laborales del personal especializado y desarrollar programas permanentes de sensibilización orientados a fomentar la donación voluntaria, altruista y no remunerada.
Una sola donación de sangre auxilia a tres vidas
Cada vez que Julio Riera -uno de los ciudadanos entrevistados para este trabajo- recibe una solicitud de donantes intenta responder. Hace pocos meses acudió a donar para un hombre al que nunca conoció. Lo encontró a través de una publicación en Instagram. Y aunque la historia no tuvo un final feliz, porque el señor falleció, su compromiso no ha mermado.
“Siento que donar sangre es mi manera de apoyar a otros que pueden estar pasando por un momento difícil”, expresa.
Su experiencia resume el desafío que enfrenta Venezuela: en un país donde los familiares todavía deben salir a buscar sangre en medio de una emergencia, la solidaridad individual continúa llenando vacíos que deberían estar cubiertos por un sistema fortalecido.
Mientras esa transformación llega, cada donación sigue representando mucho más que una bolsa de sangre.
Como recuerda Nelly Martínez, de una sola donación pueden obtenerse componentes capaces de beneficiar a tres personas distintas, ya que no solo se aprovecha la sangre, sino que también se pueden obtener plaquetas y plasma. Tres vidas que, en algún momento, dependerán de que alguien haya decidido extender el brazo mucho antes de que se presentara la emergencia.

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