🔴🔵 Auge y declive del Tren de Aragua: la banda delictiva que se empoderó bajo el mandato de Maduro

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Los primeros pasos de Héctor Rusthenford Guerrero Flores (42 años), alias «Niño Guerrero», en el mundo delictivo se remontan a los inicios del año 2000, cuando se dedicaba principalmente al robo, al tráfico de drogas a pequeña escala y a enfrentarse con cuerpos policiales.

Su historial dio un giro definitivo en 2005 al ser implicado en el asesinato de un efectivo policial. Fue capturado y enviado tras las rejas en el penal de Tocorón; una reclusión que, lejos de frenarlo, le sirvió de trampolín para dejar de ser un delincuente común de barrio y erigirse como el jefe absoluto de un verdadero imperio criminal.

El Tren de Aragua surgió precisamente en esa prisión, que terminó convertida en una propiedad privada del crimen con discoteca, comercios y hasta un zoológico. Durante años, las autoridades venezolanas negaron la existencia de pranes y megabandas, pero Tocorón funcionaba como centro de operaciones con una evidente tolerancia institucional.

El criminólogo y profesor de la Universidad Central de Venezuela, Luis Izquiel, aseguró al medio VPITv que este crecimiento no fue casual. «La expansión del Tren de Aragua no se explica sin la participación de altos funcionarios del Estado venezolano», afirmó.

Bajo ese amparo, la banda pasó de ser un grupo carcelario a una estructura transnacional con presencia en Colombia, Perú, Chile y Brasil.

Del «Koki» al «Niño Guerrero»: los pranes de la era del chavismo

La farsa de Tocorón y la dispersión de la banda

Tras años de operar con total impunidad desde el penal, la presión internacional obligó a Nicolás Maduro a actuar. En septiembre de 2023, las autoridades intervinieron la prisión de Tocorón con un despliegue masivo de 11.000 funcionarios.

La operación fue presentada en televisión como un golpe histórico que desmantelaba a la organización. Sin embargo, tras bastidores, dejó más dudas que certezas, ya que «Niño Guerrero» y su cúpula escaparon antes de que entraran los militares.

«Guerrero ya sabía lo que iba a pasar. Sabemos por fuentes dentro de la prisión que ordenó un toque de queda dos días antes de la operación, y nadie lo vio después», aseguró Jeremy McDermott, codirector de InSight Crime, en una publicación en la página web de esta fundación.

Según InSight Crime, el líder y la mayoría de sus lugartenientes salieron de la cárcel a tiempo con grandes sumas de dinero, armas y suministros. Cuando ocurrió la toma, no había jefes en la prisión y la estructura se dispersó hacia las fronteras y las zonas de minería ilegal, manteniendo intacto su poder de fuego.

El golpe en Chile y el cerco de Washington

La ola migratoria provocada por la caída de la economía venezolana bajo el gobierno de Maduro se convirtió en el canal perfecto para la internacionalización de la banda delictiva en su nueva etapa en libertad.

El grupo criminal utilizó este masivo éxodo para extender redes de extorsión, trata de personas y narcotráfico por todo el continente. 

El verdadero alcance de la organización quedó al descubierto con el secuestro y asesinato en Santiago de Chile del exteniente venezolano Ronald Ojeda, un disidente político.

En febrero de 2024, hombres disfrazados de policías sacaron a Ojeda a la fuerza de su departamento. Días después su cuerpo fue hallado en una maleta, enterrado bajo bloques de cemento. La investigación penal chilena sostuvo que la orden bajó directamente desde la cúpula de la banda.

Además, un testigo protegido vinculó el encargo del crimen con altas esferas del poder en Venezuela, encendiendo las alarmas. Por este caso, la Fiscalía chilena acusó formalmente a «Los Piratas», una violenta célula del Tren de Aragua.

Y mientras los tribunales suramericanos acumulaban expedientes y cadáveres, la diplomacia de Caracas apostaba por la negación total. 

«El Tren de Aragua es una ficción creada por la mediática internacional para tratar de crear una etiqueta inexistente, como lo hicieron en su momento con el Cartel de los Soles (…) que se demostró que no existe, que jamás ha existido», dijo en abril de 2024 el canciller de la República, Yván Gil, en un encuentro con su homólogo colombiano, Luis Gilberto Murillo.

Ante este escenario de negación y la escalada criminal en la región, la justicia estadounidense tomó cartas en el asunto ese mismo año. 

En julio de 2024, un tribunal federal de Nueva York acusó a «Niño Guerrero» de conspiración por extorsión y apoyo al terrorismo, catalogando formalmente al Tren de Aragua como una organización terrorista transnacional. 

Para acelerar su captura, el Departamento de Estado ofreció una recompensa de hasta 5 millones de dólares por información sobre su paradero.

El cerco económico se cerró por completo en 2025, cuando el Departamento del Tesoro sancionó a Guerrero y a otros cinco miembros claves de la banda. Se trata de Wilmer Pérez Castillo, Josué Santana Peña, Wendy Ríos Gómez, Félix Castillo Rondón y Yohan José Romero, alias «Johan Petrica».

Las sanciones bloquearon todos sus bienes en EE. UU. por su vinculación en delitos como explotación sexual infantil, tráfico de migrantes y lavado de dinero. Por «Johan Petrica», considerado cofundador de la banda, Washington fijó otra recompensa activa de 4 millones de dólares.

Para muchos conocedores del Tren de Aragua, «Johan Petrica» es el verdadero jefe de la organización, el ideólogo del modelo de gobernanza criminal que arrancó en Tocorón y luego se extendió a Las Claritas. 

«Es muy poderoso. El ‘Niño Guerrero’ le dice papá», contó el comisionado Marcos Pérez a la periodista Ronna Risquez en su libro El Tren de Aragua: la banda que revolucionó el crimen organizado en América Latina.

El refugio en Bolívar y la caída final

A pesar de las alertas internacionales y de que el capo seguía libre, el discurso oficial en Caracas intentó maquillar la realidad. 

El 21 de febrero de 2025, el ministro de Interior, Justicia y Paz, Diosdado Cabello, aseguró en un programa de televisión que el Tren de Aragua estaba «capturado, reducido y desmantelado» y que ya no tenía acción en Venezuela, acusando además a los expresidentes colombianos Álvaro Uribe e Iván Duque de haberse «llevado» la organización a su país.

Estas declaraciones fueron ratificadas en diciembre de 2025 por Nicolás Maduro, detenido hoy en una cárcel federal de Nueva York (EE. UU.), quien insistió en que la banda había sido extinguida en 2023 con la intervención de la cárcel de Tocorón.

«Nosotros derrotamos a ese grupo del Tren de Aragua, lo desaparecimos con la ley y la Constitución en la mano, y a todos los grupos delincuenciales», afirmó Maduro antes de su captura.

Sin embargo, estas afirmaciones cayeron por su propio peso cuando el Comando Sur de EE. UU. confirmó que ejecutó, junto a organismos venezolanos, un ataque cinético que acabó con la vida de «Niño Guerrero» dentro de territorio nacional.

El líder criminal estaba en Venezuela; se escondía en el estado Bolívar, específicamente en el enclave minero de Las Claritas, un sector controlado por el Sindicato de Las Claritas de «Johan Petrica».

Según InSight Crime, los acuerdos con funcionarios del Gobierno fueron claves para que el «Niño Guerrero» hiciera del Arco Minero del Orinoco su santuario. Hasta la campaña electoral de Maduro llegó a las vigiladas y lejanas minas de Las Claritas. Durante la elección del 28 de julio de 2024, a los mineros se les coaccionó para votar por él.

El trofeo de Trump 

Para los expertos, esta muerte marca el final de una era, pero no el fin de la delincuencia. El criminólogo Luis Izquiel dijo al diario El Tiempo que lo ocurrido representa un duro golpe para la organización, porque Guerrero tenía la capacidad de generar dinero, expandir el negocio y mantener cohesionados a distintos frentes criminales. 

Sin embargo, advierte que las células desplegadas en otros países adquirieron tanta autonomía en los últimos años que podrían seguir operando, afectando principalmente la coordinación general de la banda.

Al respecto, la periodista de investigación Ronna Rísquez, quien por años investigó al grupo, asegura que el Tren de Aragua ya venía muy debilitado por la toma de Tocorón y la detención de varios de sus capos en el extranjero. 

No obstante, Rísquez recuerda que, históricamente, las bandas en Venezuela no desaparecen cuando cae el líder.  «Aunque tenían un liderazgo muy centralizado, se manejaban con muchas células y también habían sido el resultado de la alineación de una serie de pequeñas bandas. Entonces, lo que puede pasar es que la organización opere de manera distinta o desaparezca».

El codirector de InSight Crime, Jeremy McDermott, coincide en que la organización ahora funciona de forma descentralizada, con células autónomas que siguen activas, aunque vayan en declive, y pone la lupa sobre el tablero político.

«Niño Guerrero fue protegido por un exgobernador de Aragua que cayó en desgracia bajo Maduro, y al perder esa protección política, a Delcy Rodríguez no le costó nada apuntar contra él. Claramente esto era un trofeo que el presidente Trump quería y lo consiguió. Creo que incluso el modelo de franquicia y la marca de la banda han muerto».

El desenlace en las minas de Bolívar también abre la interrogante de a quién le convenía realmente la muerte de Guerrero Flores. 

Ronna Rísquez señala que este final le funcionó a Estados Unidos para mostrarlo como un trofeo y una advertencia a las mafias. Sin embargo, advierte que dentro de Venezuela el beneficio fue para aquellos sectores a los que les preocupaba lo que el capo pudiera revelar si caía vivo. «Era mejor para ellos que nunca llegara al tribunal y que nunca testificara nada de cómo el crimen organizado llegó a vincularse con el poder político en Venezuela».

La historia del Tren de Aragua deja al desnudo la crisis institucional venezolana. Su auge fue posible por la permisividad del Estado, su expansión se consolidó mientras el gobierno negaba su existencia y su caída solo llegó cuando la presión externa obligó a la administración actual a entregar la cabeza de su líder para saciar las exigencias de Washington.  El legado que queda es el de un país donde el crimen organizado se fortaleció bajo la sombra del poder.

El «Niño Guerrero»: del silencio chavista sobre el Tren de Aragua a la confirmación de su muerte junto a EE. UU.

LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973

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