🔴🔵 Por qué escribí En voz alta

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Por: Ricardo Escalante

Aunque es palpable la tendencia global a leer cada vez menos libros y a conformarse con unos pocos párrafos de internet, existen jóvenes interesados en profundizar sus conocimientos y, en consecuencia, quienes han vivido experiencias importantes no deben dejar de escribirlas. Esa es una manera de contribuir a la formación de las nuevas generaciones.

Un reciente reportaje de The Wall Street Journal señalaba que en los últimos meses ha habido un asombroso derrumbe de los lectores de libros de política, asuntos sociales y asuntos de interés general, a pesar del elevado número de publicaciones de las distintas casas editoriales.

La preferencia por la inteligencia artificial, los podcasts y las redes sociales se ha extendido en detrimento de los libros, pero en el caso específico de los venezolanos eso ha llegado a una gravedad tal, que ya casi no existen librerías en el país y las bibliotecas públicas tienen cada vez menos visitantes. Claro, a eso han contribuido las nefastas políticas chavistas al golpear y cercenar los derechos civiles y políticos de los ciudadanos.

Pese a la prolongada conjunción de los referidos elementos negativos en Venezuela, me sentí impulsado a escribir el libro En voz alta, con un tono memorístico y a la vez documental y crítico sobre las causas del quiebre de las instituciones democráticas y sus consecuencias.

Después de un tiempo de reflexión y también por la influencia de varios amigos, procedí a narrar mis experiencias periodísticas de muchas décadas en las calles de Caracas y del interior del país, con exámenes exhaustivos de las personalidades más influyentes de la época anterior al chavismo, con anécdotas precisas sobre sus virtudes y defectos protuberantes. Estimé necesaria una contribución que no puede desestimarse a la hora de debatir la crisis política, social y económica actual y sus posibles soluciones.

Lo hice porque es indispensable examinar el pasado para comprender los errores que no debemos repetir. En anteriores ocasiones he hecho referencia a ciertas características negativas del liderazgo del presente en la oposición, en la cual se observan falencias inexistentes en quienes en 1958 sentaron las bases de la democracia.

Aunque es imposible revivir las figuras de aquellos tiempos y Venezuela es otra, en un mundo revolucionado por la tecnología, lo apropiado es ver las diferencias entre la catadura moral y política de Rómulo Betancourt y otros que lucharon contra la dictadura de Pérez Jiménez, frente a quienes ahora se exhiben como paladines de una nación ansiosa por el renacimiento de la democracia.

Esas son las inquietudes que hoy me quitan el sueño. Bien sé que tanto en el país como en el exterior hay ciudadanos bien formados, con ideas y proyectos que deben exponer sin temores.  No podemos conformarnos con las flaquezas del liderazgo político presente. Debemos pensar en una democracia con pesos y contrapesos sólidos, tal como lo hizo Rómulo Betancourt cuando estimuló el surgimiento de un sistema de partidos con voces y representación variada. Por eso escribí En voz alta.

LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973

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