«No hay nadie. No nos ha venido a ayudar nadie. Estamos solos. ¡Dos días solos buscando los cuerpos de nuestros familiares!«, denuncia entre frustración y lágrimas Rubén Sillié mientras permanece frente a lo que hasta hace dos días fue su hogar: Residencias Orca, un edificio de ocho pisos ubicado en Playa Grande, La Guaira, en calle Bella Vista, y que colapsó por completo tras los terremotos que sacudieron Venezuela el miércoles 24 de junio.
Con una venda en la cabeza, Rubén logró sobrevivir junto a una de sus hijas. Sin embargo, entre los escombros permanecen desaparecidos su esposa, otra de sus hijas, su hermana, su cuñado y varios vecinos del edificio.
«Por favor necesitamos ayuda. Que venga alguien de los rescatistas. Que nos ayuden, aunque sea a sacar los cuerpos», suplica en un video grabado la mañana de este viernes 26, desde el lugar del derrumbe.


Entre las personas reportadas como desaparecidas se encuentran Juan Gonzalo Bastida Rodríguez y la esposa de Rubén, Jeannina Sillié Ríos.
Familiares de estas víctimas aseguraron a El Pitazo que llevan más de 30 horas intentando remover los escombros sin maquinaria ni equipos especializados.
«Necesitamos maquinarias porque, como ven, el edificio está totalmente desplomado. Queremos por lo menos encontrar los cuerpos de mi hermano y su familia. Sabemos que la situación está muy compleja, pero hay muchos sitios en La Guaira donde no ha llegado ayuda. La gente está haciendo todo con sus propias manos», declaró.
Mientras los hombres intentan remover las placas de concreto, las mujeres organizan alimentos, agua e insumos para quienes participan en las labores de búsqueda. El panorama es desolador.
«No pueden hacer más nada porque ya no tienen fuerza ni los equipos para avanzar», expresaron.
Rescates con las manos
La escena se repite en distintos sectores de La Guaira. Vecinos, voluntarios y algunos funcionarios remueven escombros prácticamente con sus propias manos. Ya no saben si están vivos, pero la esperanza sigue y los impulsa a escarbar como pueden.
«¿Dónde están los militares? ¿Por qué no los sacan para que ayuden al pueblo?», reclamó otro vecino.
Los vecinos han hecho públicas sus denuncias a través de redes sociales, buscando visibilizar la situación y conseguir ayuda urgente ante la falta de respuesta en varias zonas afectadas.
También los testimonios recogidos por periodistas en la zona muestran constantes llamados de auxilio de comunidades que aseguran no haber recibido apoyo suficiente para las labores de rescate.
En otros lugares, como el edificio Los Molinos en Caraballeda, durante la noche y la madrugada del 26 de junio ya se habían hecho presentes rescatistas que viajaron desde otros estados y municipios para sumarse a las labores. Algunas operaciones de rescate fueron exitosas y generaron momentos de alivio entre los afectados.
La falta de maquinaria pesada, personal especializado y las fallas en las comunicaciones dificultan las operaciones en una tragedia que mantiene a decenas de familias esperando noticias de sus seres queridos.
Emergencia supera la capacidad de respuesta
En otros edificios afectados, familiares permanecen en las afueras aguardando información, mientras bomberos, funcionarios de Protección Civil y cuerpos policiales recorren diferentes puntos de la emergencia.
Según los testimonios recogidos, las comisiones permanecen poco tiempo en cada lugar antes de trasladarse a otro debido a la magnitud del desastre. Las autoridades estiman que colapsaron más de 100 edificios. En La Guaira aún no hay cifras oficiales de los cuerpos que han logrado extraer.
Ante la insuficiencia de equipos de rescate, decenas de voluntarios provenientes de Caracas se han trasladado en motocicletas y vehículos particulares para colaborar en las labores de búsqueda. La autopista Caracas–La Guaira ha permanecido congestionada por personas que llegan espontáneamente para prestar ayuda.
Desde otros estados también empieza a arribar la ayuda que grupos colectan y siguen acopiando para asistir a las víctimas de alguna manera.
Las dificultades para comunicarse agravan la situación. Gran parte del estado continúa sin servicio de telefonía móvil ni datos, lo que limita la coordinación de los rescates y la posibilidad de que las familias puedan informar sobre la ubicación de personas desaparecidas.
LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973