Caracas.– Mientras el país intenta asimilar una cifra que ya llega a 1.430 muertos confirmados, el joven Elvis Boada intenta cambiar su duelo por la acción. En medio de la devastación causada por los terremotos del pasado 24 de junio, y tras perder su casa en La Guaira, el ingeniero electricista decidió trabajar como voluntario para rescatar a las personas que pudieran estar todavía bajo los escombros.
“Solo tenemos la vida, y eso es suficiente”, relató el ingeniero electricista al describir su situación actual. Elvis esperaba firmar su acta de grado en la Universidad Simón Bolívar el jueves 25 de junio. Ahora, con implementos prestados y ropa donada, camina entre polvo, escombros y vigas colapsadas, convencido de que es más útil en la “candela” del rescate que lamentando su propia pérdida.
El miércoles 24 de junio, Elvis no estaba en su casa. El terremoto lo sorprendió en la estación del Metro de Chacaíto junto a su novia. En la oscuridad del subterráneo, la sensación de muerte fue inmediata. “Lo primero que pensé fue en mi mamá”, recordó el joven al rememorar los segundos en los que creyó que no saldría con vida de allí.
Al lograr salir a la superficie, en la plaza de Chacaíto, la desesperación por comunicarse con su familia se convirtió en su única prioridad. La noticia que recibió minutos después, gracias a que un vendedor de la zona le permitió cargar su celular, fue agridulce.
Su madre y el esposo de ella estaban vivos porque se encontraban fuera de la vivienda al momento del sismo. Sin embargo, su casa de cuatro pisos en Playa Verde, Catia La Mar, se había desplomado. Bajo los escombros de esa estructura no solo quedaron sus libros, sino también la vida de una vecina y amiga: Zulma Arismendi.
Elvis relató con pesar que fueron los mismos vecinos de Playa Verde quienes intentaron, sin éxito, rescatar a Zulma. “No dio chance de salvarla”, lamentó. El cuerpo de su amiga tuvo que ser recuperado posteriormente por una comisión policial proveniente del estado Guárico.


A pesar de no tener una casa a donde volver, Elvis no se quedó de brazos cruzados. Se trasladó a La Trinidad, en el municipio Baruta, donde se refugia temporalmente en casa de su novia. Desde allí, pasó tres días intentando incorporarse a un grupo de rescate formal hasta que finalmente lo logró. Su equipo, integrado también por otros ingenieros y arquitectos, trabaja por ahora en el edificio Petunia de Los Palos Grandes, donde las autoridades locales ya han confirmado 35 fallecidos.
«Esta bota era de una que yo estaba usando luego de supervisar una obra en Altamira», explicó al mostrar su calzado actual, remarcando que ya no hay celebraciones pendientes por su graduación, sino el solo hecho de estar vivo.
Para Elvis, su motivación nace de una mezcla de solidaridad y frustración. Mientras él y sus compañeros intentan sacar personas de los escombros en Caracas, su deseo real es trasladarse a La Guaira para ayudar en Playa Grande, donde tiene información de que aún hay personas con vida. No obstante, se topó con lo que considera un muro burocrático que no logra comprender: la exigencia de un salvoconducto para circular hacia el litoral central.
“Venezolanos ayudando a venezolanos”
En medio de la tragedia, Elvis Boada critica la gestión gubernamental y la capacidad de respuesta del Estado. Según su testimonio, las autoridades y los militares no están en los puntos críticos de rescate, sino limitando el acceso de quienes quieren colaborar. “No vemos autoridades, los militares no los vemos ahí en la candela con nosotros. Solo para la politiquería, tomándose fotos”, denunció el joven voluntario, visiblemente indignado por la falta de apoyo oficial para obtener los permisos necesarios para trasladarse a las zonas más afectadas.
“¿Qué estamos esperando? ¿Cuál es el objetivo de todo esto? ¿Que mueran más venezolanos? Ese es el objetivo. Vamos a frenarlo para que mueran más venezolanos. Eso es lo que estoy viendo”, dijo al criticar la solicitud de un registro para acceder a las zonas afectadas de La Guaira.
Ante lo que describe como un “abandono”, Boada resalta que la verdadera fuerza del rescate ha recaído en la sociedad civil. “Los mismos vecinos son los que están sacando los escombros. Los mismos vecinos son los que están metiendo la mano en el escombro”, señaló. Esta solidaridad es lo que le permite mantener el orgullo por sus compatriotas, a quienes ve ayudando sin tener recursos, documentos o garantías de alimentación.
Por ahora, su prioridad no es reconstruir su vida, sino ayudar a salvar las de otros en Chacao y, si los obstáculos lo permiten, en La Guaira. A pesar de la magnitud de la tragedia, que ha dejado cicatrices profundas en la infraestructura y en el alma del país, Elvis mantiene un mensaje de resistencia.
“A pesar de lo que hemos pasado, los quiero, y bueno, para adelante”, concluyó, reafirmando que mientras haya vida, seguirá poniendo su “granito de arena” entre tanto dolor. Su historia es el reflejo de una Venezuela que, ante la ausencia de sus instituciones, se sostiene sobre los hombros de ciudadanos que, aun habiéndolo perdido todo, se niegan a dejar que la muerte gane la partida final en los escombros.
LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973