La industria automotriz alemana atraviesa una de las crisis más graves de su historia. Solo Volkswagen podría recortar más de 100.000 puestos de trabajo en los próximos años como parte de un profundo proceso de reestructuración.
Mientras tanto, sus competidores chinos no dejan de ganar terreno, impulsados por el auge de la demanda de vehículos eléctricos en un contexto de elevados precios de los combustibles.
En este escenario, algunos de los economistas más prestigiosos lanzan una seria advertencia: si esta tendencia continúa, no puede descartarse que Volkswagen termine siendo absorbida por un fabricante chino.
Una crisis profunda
La industria automotriz alemana afronta la reestructuración más profunda de las últimas décadas para intentar frenar «la hemorragia» provocada por la agresiva irrupción de fabricantes chinos como BYD y Chery, que ya superan el 10 % de cuota de mercado en Europa, recoge Financial Times.
Volkswagen prepara un drástico plan de ahorro que incluye el posible recorte de hasta 100.000 puestos de trabajo en los próximos años y el cierre de cuatro plantas en Alemania. BMW, por su parte, advirtió que destinará hasta 1.000 millones de euros (más de 1.130 millones de dólares) a costes de reestructuración, lo que analistas traducen en hasta 10.000 empleos menos y una caída del 15 % en su producción europea.

A su vez, Mercedes Benz ya anunció a sus empleados que este año no habrá primas de verano, mientras acelera los ajustes: 5.500 trabajadores han aceptado salidas voluntarias dentro del programa en curso. El golpe llega en un contexto en el que todos los fabricantes europeos —desde Stellantis y Renault hasta Ford— ven cómo pierden cuota, pese a que las ventas totales de coches nuevos en Europa crecieron un 4 % interanual en mayo.
China pisa los talones
En este contexto, los fabricantes chinos ejercen una presión cada vez mayor sobre la industria alemana.
En medio de la crisis energética intensificada por la guerra en Oriente Medio, la demanda de autos eléctricos ha aumentado drásticamente. Los productores del país asiático han aprovechado esta tendencia: las exportaciones de vehículos eléctricos desde China aumentaron un 140 % en marzo y alcanzaron las 349.000 unidades, de acuerdo con datos de Bloomberg.
Los consumidores ven cada vez más a los vehículos eléctricos como una forma de protegerse de las subidas de los precios del combustible.
Como resultado, Europa, que se encuentra entre las regiones más afectadas, se enfrenta a una presión cada vez mayor sobre su industria.
Las importaciones de automóviles procedentes de China en la Unión Europea en 2025 aumentaron un 30,7 % con respecto al año anterior, hasta alcanzar los 1.006 millones de vehículos, según un informe publicado en abril por la Asociación de Fabricantes de Automóviles de Europa. Aunque aún no se conocen las cifras del impacto de la crisis en el golfo Pérsico sobre estos indicadores, la tendencia apunta a un aumento de la cuota de mercado de los vehículos chinos.
Perspectivas sombrías
En este contexto, varios expertos dibujan un panorama poco alentador para la industria automotriz alemana.

«Si no se produce un cambio radical, mi pronóstico es claro: muy pronto los europeos conducirán automóviles chinos de forma masiva», afirmó en una entrevista con el Suddeutsche Zeitung el historiador económico de la Universidad de Stanford Niall Ferguson.
Una valoración similar expresó uno de los economistas más influyentes de Alemania, Moritz Schularick, presidente del Instituto de Economía Mundial de Kiel.
«Es probable que Volkswagen sea comprada por un fabricante chino de automóviles. Por ejemplo, por BYD», aseguró.
«Europa debe utilizar el acceso a su enorme mercado como moneda de cambio. Permitiremos que empresas como BYD vendan sus vehículos aquí, pero solo si los producen en Europa para preservar los puestos de trabajo. Debemos hacer con China lo mismo que China hizo con nosotros», añadió.
Según Schularick, Europa aún tiene posibilidades de defender su posición si consigue alcanzar la autonomía tecnológica en sectores como la inteligencia artificial. De lo contrario, corre el riesgo de quedar atrapada entre las dos grandes potencias tecnológicas: China y Estados Unidos.
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