Tres días bajo las ruinas de un edificio de 14 pisos cambiaron la vida de Camila Arrellano. A sus 17 años, la joven sobrevivió al colapso del bloque 3 en el sector La Páez de La Guaira, una tragedia donde perdió a su madre y a su hermano, y de la cual salió con una certeza: Dios le dio una segunda oportunidad.
A través de un video en su cuenta de Instagram, Camila Arrellano compartió su testimonio. Desde la cama de un hospital, habla con la fuerza de alguien que superó casi 72 horas bajo los escombros después de los dos terremotos que ocurrieron en Venezuela el 24 de junio y la amputación de su pierna derecha.
Antes del doblete sísmico, Camila estaba en su apartamento, en el piso 3. Se encontraba en el cuarto con su mamá, Alba, riéndose con videos del comediante venezolano Marko Música en el teléfono, mientras su hermano mayor, Rodrigo, estaba en otra parte del inmueble. Sin embargo, esa tranquilidad se transformó en un instante. Justo cuando su hermano les gritó que había una alerta de terremoto, el edificio empezó a sacudirse violentamente y se vino abajo.
“Me metí debajo de la mesa con mi mamá y mi hermano se paró en el marco de la puerta; en cuestión de segundos todo se derrumbó», narró Camila.
En medio de la desesperación, su mamá la abrazó para protegerla y evitar que las paredes le cayeran encima. “Me dijo que me amaba y esas fueron sus últimas palabras”, recuerda la joven.
Su mamá y su hermano murieron en el acto, y ella quedó atrapada en un espacio muy pequeño, con el peso del cuerpo de su madre sobre sus piernas.
Tres días a oscuras esperando ayuda
El primer día fue desesperante. Camila lloraba, tenía mucho dolor en las piernas y no sabía si era de día o de noche. En ningún momento soltó su teléfono. Tuvo la mente tan clara que sacó su cédula del forro del celular y se la puso en el pecho. Pensó que, si se moría, por lo menos sabrían quién era.
Para el segundo día intentó calmarse. Sabía que los nervios podían jugarle en contra. Tenía miedo de cerrar los ojos y no volver a despertarse, además de soportar calor y hambre.
Fue entonces cuando la tierra volvió a moverse: “Hubo como un temblor otra vez y me daba miedo que los escombros se movieran más y yo hundirme. Temía que si me hundía más, no me pudieran encontrar”, recuerda sobre ese angustiante momento.
De repente, escuchó a Dana, una amiga de su hermana que vivía en los pisos de arriba y que también estaba atrapada. Las dos se pusieron de acuerdo: cada vez que escucharan ruidos afuera, gritarían juntas para que los rescatistas las oyeran.
Al tercer día llegó el milagro. Dana escuchó una voz y le avisó: el papá de Camila la estaba buscando.
“Ya tenía fe de que podía salir”, recuerda.
Sacarla de allí fue muy difícil. El cuerpo de Alba estaba muy hinchado, sobre las piernas de Camila. Con fuego cerca y mucho peligro, los vecinos y un bombero llamado Dani —a quien ella llama su ángel guardián— tuvieron que echarle aceite para poder deslizarla entre el concreto. El 26 de junio, a las 8 de la mañana, la rescataron.
Una nueva oportunidad
A Camila la llevaron primero al Seguro Social de La Guaira. Sus piernas habían pasado mucho tiempo aplastadas y estaban reteniendo tanto líquido que su vida corría peligro. Si ese líquido subía a los pulmones, podía morir. Por eso, los médicos tuvieron que operarla de emergencia. En la intervención quirúrgica le amputaron la pierna derecha un poco más arriba de la rodilla.
Camila cuenta que durante la operación le pasó algo increíble: sintió que su espíritu salió de su cuerpo y pudo verse a sí misma desde arriba mientras los doctores la operaban.
Después de la cirugía, la trasladaron de emergencia al hospital Domingo Luciani de El Llanito en Caracas, porque el primer centro de salud estaba muy contaminado.
Aceptar la pérdida de su pierna no ha sido fácil, pero Camila dice que Dios le ha puesto a personas maravillosas en el camino. Entre ellas están el deportista venezolano Juan Pablo Dos Santos y la modelo colombiana Daniela Álvarez. Ambos pasaron por amputaciones y hoy son un ejemplo para el mundo. Ellos hablaron con ella y le mandaron mensajes de apoyo.
“Una cosa es que te lo diga otra persona, y otra que sea alguien que ya vivió lo mismo que tú estás pasando”, dice Camila.
Hoy, Camila se recupera en Caracas, rodeada del cariño de su papá, de sus amigos y de miles de personas que la apoyan en redes. No olvida lo que pasó, pero está profundamente agradecida con Dios por estar viva y lista para empezar de nuevo.
LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973