Isabel Xiomara Torrealba, de 38 años, falleció tras dar a luz a gemelos. Luchó por su vida desde que fue rescatada de los escombros en Catia La Mar, La Guaira, tras los terremotos del 24 de junio. Su familia responsabiliza a la precariedad del servicio de salud en el Hospital Domingo Luciani de Caracas, donde fue atendida.
Isabel era hipertensa y se encontraba en el quinto mes de gestación, con controles médicos al día. Cumplía las indicaciones de su médico y recibía el cuidado estricto de sus seres queridos, entre ellos su esposo, Ángel Infante.
Los sismos la sorprendieron en su vivienda. Una pared le cayó encima, pero protegió su vientre y fue rescatada de inmediato sin heridas. Sin embargo, la angustia le disparó la presión arterial. Fue trasladada al Seguro Social de La Guaira y de allí remitida al Hospital Domingo Luciani, con el argumento de que sería atendida por especialistas.
Permaneció hospitalizada durante cuatro semanas. Su organismo se estabilizó, pero, según relató su esposo a El Pitazo, el trauma de los terremotos la mantenía nerviosa. “También estaba aterrorizada porque vio morir a varias embarazadas que estaban hospitalizadas en la misma sala. Me contaba que en las noches pedían ayuda, gritaban, unas tenían fiebre y otras se ahogaban, pero nadie aparecía. Sino hasta la mañana siguiente, cuando las enfermeras que llegaban las encontraban muertas”, afirmó Infante.
La salud de Isabel se complicó el domingo 2 de agosto, ya con seis meses de gestación. La familia fue informada de que se realizaría una cesárea. A las 2:00 a. m. llamaron al esposo al área de emergencia y le indicaron que tanto ella como los bebés, un varón y una hembra, se encontraban bien. Le pidieron una cobija porque la parturienta tenía frío.
Dos horas después lo volvieron a llamar para comunicarle que su esposa perdió mucha sangre durante la operación y no resistió. “Me contaron dos historias diferentes. Nunca pude verla ni despedirme. No he visto a mis bebés”, relató el padre, quien hasta el martes esperaba tanto la entrega del cuerpo, que sería cremado, como conocer a sus hijos Ángel y Darielis.
Hechos que no están claros
El esposo aseguró que insistió a los médicos para que le permitieran permanecer más tiempo con ella, porque era la única en la sala que tenía el trauma de sobrevivir a los terremotos, tenía miedo de estar sola y eso le disparaba la tensión, pero no lo autorizaron a estar cerca.
La familia también denunció que el tratamiento para regular la tensión arterial se modificaba según el médico de guardia. “Cada vez que llegaba un médico le cambiaba el tratamiento, luego la regresaban al mismo. Ninguno me dio su nombre. Solo uno de ellos me generaba confianza porque me explicaba todos los procesos que atravesaba mi esposa”, señaló Infante.
Otra irregularidad que notaron fue la obligación de llevar todos los insumos para su atención: pastillas para la presión arterial, guantes, tapabocas, jeringas, analgésicos y hasta la comida de la paciente.

La suegra de la embarazada, Carmen Palenzuela, relató que reclamó en varias oportunidades, pues sabía que al hospital llegaron cargamentos de ayuda humanitaria. “Tuvimos que viajar a La Guaira, a las carpas de las organizaciones internacionales, con los récipes para que nos dieran los insumos. Quedamos en la calle sin documentos de identidad, sin ropa, sin dinero. Pero esto no era de importancia en el Domingo Luciani, donde nos exigieron llevar todo, también pañales y toallitas húmedas, tres semanas antes de que los bebés nacieran”, precisó.
Madre e hijo claman por el traslado de los bebés a la maternidad de La Guaira, ya que ellos están refugiados en carpas que están en el aeropuerto de Maiquetía. Aseguran que les gustaría denunciar los hechos a alguna autoridad de salud pero desconocen los protocolos. También, alegaron sentirse consternados por varias familias que conocieron en el área de emergencia con quienes compartieron el dolor de la muerte de parturientas que ingresaban a la sala de partos.
LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973