El enfrentamiento entre el presidente y candidato a la reelección, Luiz Inácio Lula da Silva, y el líder de la primera vuelta, Flávio Bolsonaro, tiene un denominador común: la necesidad de captar el apoyo de los más de 33 millones de brasileños que decidieron no votar en los comicios del domingo 4 de octubre. Esta cifra, la más alta desde 1998, marca un hito en la historia electoral de Brasil y se convierte en el centro de la estrategia de ambos aspirantes de cara a la segunda vuelta.
Los números de una elección ajustada
Flávio Bolsonaro, del derechista Partido Liberal (PL), se alzó con el primer lugar al obtener el 47,03 % de los votos, lo que equivale a 56.104.503 sufragios. Por su parte, Lula, del Partido de los Trabajadores (PT), logró el 45,16 %, traducido en 53.879.538 votos, según el Tribunal Superior Electoral (TSE), con el 100 % de las mesas escrutadas.
De los más de 158 millones de electores convocados, solo 119.300.788 emitieron votos válidos. Además, se registraron 2.299.989 votos en blanco (1,84 % del total) y 3.671.970 nulos (2,93 %). La abstención, con 33.469.244 votantes, se convirtió en el gran interrogante de estas elecciones.
La estrategia de Bolsonaro: el cambio como bandera
Para seducir a los votantes ausentes, el equipo de Flávio Bolsonaro apuesta por profundizar el rechazo hacia el Partido de los Trabajadores (PT) y presentar su liderazgo en la primera vuelta como una señal clara de que Brasil demanda un cambio. Según Jair Pinheiro, profesor de Ciencias Políticas y Económicas de la Universidad Estatal de São Paulo, esta estrategia busca posicionar al candidato como la opción para un futuro distinto.
"Brasil tiene un proyecto para el futuro", declaró Bolsonaro, quien también subrayó que "la gente ya no cree en los políticos" debido a la "decepción" generada en años recientes.
Su propuesta se centra en proyectar un gobierno "moderno" y "firme" en la lucha contra el crimen, con la promesa de construir un país "maravilloso" para 2027. Además, hizo un llamado directo a los abstencionistas: "Pido un voto de confianza".
Los retos de Lula: reactivar el interés y frenar el avance derechista
Quedar en segundo lugar representa un desafío adicional para Lula. Según Pinheiro, el PT debe adoptar un enfoque más propositivo que reactivo en la segunda vuelta, evitando que la polémica en torno al Supremo Tribunal Federal desvíe la atención de los electores. El mandatario ya ha instruido a su equipo a centrarse en alertar sobre el "posible heredero del fascismo" que compite en estas elecciones.
"Treinta millones de personas no votaron. Posiblemente haya una razón: la falta de interés", declaró Lula el lunes siguiente a los comicios, mientras instaba a "recuperar" a esos votantes.
El experto Ariel Calmon, consultado por Agencia Brasil, señala que ambos candidatos enfrentan el reto de mantener movilizadas a sus bases y, al mismo tiempo, conquistar a los votantes moderados que aún no han tomado una decisión. Para Calmon, Lula enfrenta una "mayor dificultad" al haber quedado detrás de Bolsonaro, lo que podría interpretarse como un "duro golpe" para su campaña. Además, los más de 9 millones de votos de los demás candidatos, con inclinación hacia la derecha, podrían sumarse al apoyo de Bolsonaro.
Lula, sin embargo, se muestra optimista. "Soy muy bueno en el cara a cara. Los bolsonaristas, prepárense, porque vamos a derrotarlos", advirtió. También dejó claro su convencimiento: "No hay ninguna razón económica, social ni política por la que no podamos ganar en la segunda vuelta".
El misterio de la abstención
Las causas detrás de la alta abstención siguen siendo un enigma. Un informe del proyecto *Con el ojo en las elecciones*, citado por *Extra Classe*, descarta que esta esté vinculada a zonas de bajos ingresos o que guarde una relación proporcional con los votos en blanco o nulos.
"El informe no equipara la abstención con la apatía, la protesta o la incredulidad. Los datos no permiten distinguir estas hipótesis de otros factores", explicó el medio.
Jair Pinheiro añade que es posible que muchos de los que no votaron estén "algo cansados de la política", lo que reduciría las probabilidades de que acudan a las urnas en la segunda vuelta.