Una operación militar y policial israelí arrasó este miércoles con 24 viviendas en la aldea palestina de Jinba, ubicada en Cisjordania ocupada. Además de las casas, las excavadoras destruyeron estructuras agrícolas, paneles solares y depósitos de agua. Como consecuencia, unas 180 personas, entre ellas 85 menores, quedaron sin techo. Familias completas fueron vistas revolviendo los escombros en busca de sus pertenencias, según el reporte desde el lugar de los hechos.
"La casa en sí no me quiebra. Yo la construí. Ellos la derriban y nosotros la reconstruimos. Lo que me parte el alma es ver a mi nieta de dos meses expuesta al sol durante todo el día", expresó con dolor uno de los residentes.
Reacciones internacionales ante la crisis
El presidente palestino, Mahmoud Abbas, instó al mundo a alzar su voz frente a las acciones de Israel, preguntando: "¿Qué esperan?". Este incidentes se trata de la tercera demolición masiva en la zona de Masafer Yatta en las últimas semanas. La organización israelí de derechos humanos B'Tselem la describió como una "limpieza étnica a plena luz del día".
Denuncia en la ONU
El 22 de septiembre, el rey Abdalá II de Jordania alertó ante la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre la situación en Cisjordania. Según el monarca, los hechos no son actos aislados, sino parte de una política sistemática para forzar a la población a abandonar sus tierras. Abdalá II lo calificó como un "desplazamiento forzado" y un "crimen de guerra".
Por su parte, Israel ha rechaza todas las acusaciones y defiende las demoliciones amparándose en un fallo judicial de 2022, que declaró la zona como un área de entrenamiento militar. Dicha decisión ha sido criticada a nivel internacional.