El controvertido asesor argentino Fernando Cerimedo ya cumple prisión preventiva en el único centro penitenciario de máxima seguridad que existe en Bolivia.
El recinto, ubicado en el municipio de Viacha, departamento de La Paz, es famoso no solo por su riguroso clima de altura, sino también por el hacinamiento y la alarmante cantidad de fallecimientos entre la población reclusa. Se trata del Centro Penitenciario San Pedro de Chonchocoro.
Cerimedo, de 45 años, deberá permanecer allí al menos 180 días en calidad de detenido preventivo, mientras se desarrollan los procesos judiciales en su contra por los delitos de tentativa de feminicidio, enriquecimiento ilícito y narcotráfico.
El consultor fue arrestado el pasado 18 de agosto, luego de que la justicia lo señalara como el autor intelectual del ataque a balazos que sufrió su expareja, Nadia Beller, quien está embarazada y logró sobrevivir al atentado. Este caso desató una fuerte convulsión política en Bolivia, ya que el argentino era asesor del presidente Rodrigo Paz, y previamente había colaborado con los mandatarios Javier Milei (Argentina), Nasry Asfura (Honduras) y el expresidente Jair Bolsonaro (Brasil).
Condiciones extremas: altura, frío y vigilancia férrea
Inicialmente, Cerimedo estuvo recluido en el penal de Palmasola, en Santa Cruz de la Sierra, pero esta semana fue trasladado a Chonchocoro. Esta prisión de máxima seguridad se encuentra a 3.900 metros sobre el nivel del mar, lo que provoca temperaturas muy elevadas durante el día y noches con heladas bajo cero.
El complejo cuenta con tres módulos de celdas rodeados por un doble muro que abarca todo el perímetro. Dispone de cuatro torres de vigilancia internas y siete externas, desde donde grupos de guardias se relevan en turnos ininterrumpidos las 24 horas.
Hacinamiento y violencia crónica
Aunque la capacidad oficial de la cárcel es para 330 personas, en la actualidad la población reclusa duplica esa cifra. Allí están internos condenados o en espera de juicio, entre ellos golpistas, narcotraficantes, feminicidas, violadores y sicarios.
Según reportes de la prensa local, desde la inauguración del penal en 1992 se habían registrado 32 muertes de reos hasta 2023, la mayoría por asesinatos en medio de riñas o venganzas entre internos, además de seis suicidios.
La violencia no ha cedido y el número de víctimas ha seguido aumentando. El episodio más reciente ocurrió en julio pasado, cuando un preso de nacionalidad brasileña inició una pelea, efectuó disparos, amenazó con detonar una granada y fue abatido por un agente policial.