La crisis bancaria y política que envolvió a Paraguay, con el presidente Santiago Peña al borde de un juicio político, ha revivido una antigua superstición: la llamada 'maldición del Caprice'. Este mito sugiere que los mandatarios que no completan su período en el poder estarían ligados a un tradicional símbolo de asunción presidencial: el Chevrolet Caprice blanco descapotable, utilizado desde 1989 y antes por el dictador Alfredo Stroessner en actos oficiales.
Sin embargo, en la era democrática, tres presidentes paraguayos rompieron con esta tradición y, casualmente, no lograron terminar sus mandatos.
Los tres casos de la 'maldición'
- **Raúl Cubas**: Asumió la presidencia en 1998, pero renunció en 1999 durante la crisis conocida como 'Marzo paraguayo', desencadenada por el asesinato del vicepresidente Luis María Argaña. En su ceremonia de investidura, Cubas optó por un vehículo blindado, justificando su decisión por motivos de seguridad ante la tensión social.
- **Fernando Lugo**: Primer presidente no colorado en seis décadas, Lugo se posesionó en 2008 a bordo de un jeep militar descubierto, incluso caminando parte del trayecto protocolar. Su mandato terminó abruptamente en 2012, tras un juicio político exprés derivado de la masacre de Curuguaty, donde 17 personas murieron en un enfrentamiento entre policías y campesinos. Tuvo menos de un día para organizar su defensa.
- **Santiago Peña**: Recientemente, Peña presentó su renuncia a la presidencia, pero ahora enfrenta un juicio político por el escándalo del Ueno Bank. En su ceremonia de investidura, el mandatario eligió un Rolls-Royce Corniche II negro descapotable, alejándose así de la tradición del Caprice.
Santiago Peña declaró: "Voy a exponer mi verdad ante toda la ciudadanía".