El cuerpo se recupera rápido, pero el cerebro tiene su propio ritmo
Un trabajo reciente hecho por científicos en Japón llegó a una conclusión que a más de uno le va a sonar raro: el cerebro no vuelve a la normalidad al mismo tiempo que el resto del cuerpo después de un momento de estrés. Más bien pasa por una especie de fase de reajuste que se pone más evidente como una hora después de la situación que lo detonó.
¿Cómo lo descubrieron?
Para llegar a ese resultado, los investigadores le hicieron seguimiento a cerca de 100 adultos que fueron sometidos a una prueba de estrés agudo: meter una mano o un pie en agua bien fría. Mientras tanto, les monitorearon la actividad cerebral con resonancia magnética funcional y electroencefalograma al mismo tiempo.
Aunque indicadores físicos como el ritmo cardíaco y el cortisol tendían a estabilizarse relativamente rápido, en el cerebro las variaciones importantes se mantenían y, en algunos casos, hasta se hacían más fuertes después.
Alrededor de 60 minutos después del experimento se vio el contraste más claro entre los participantes con mayor resiliencia y los que se recuperaban peor.
¿Qué pasó con los más fuertes?
En los más resilientes, el cerebro parecía salir antes del "modo alarma":
- Disminuía la actividad en circuitos ligados a la alerta.
- Aumentaba la actividad en redes asociadas a procesos internos.
- Se registraba una señal eléctrica compatible con un estado de menor agitación.
¿Para qué sirve esto?
Los autores del estudio plantearon que esta ventana de tiempo podría ser útil para orientar el apoyo después de un evento estresante. También sugirieron que estos patrones podrían servir como pista objetiva para estudiar trastornos como la depresión o el estrés postraumático.