🔴🔵 El tablero de Trump – EL NACIONAL

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El complejísimo ajedrez político venezolano ha dejado de jugarse en los escaques de tableros convencionales y predecibles de la resistencia ética para trasladarse a las oficinas de la turbulenta “caja negra” de Mar-a-Lago. En un giro que solo la era singular de Donald Trump podría parir con una cesárea quirúrgica de un brujo curandero, el escenario electoral de cara al 2026 parece estar siendo diseñado bajo una indescifrable premisa perturbadora: la construcción de una simulada competitividad controlada donde la gran desplazada no es la actual estructura del poder imperante, sino la pureza del liderazgo de María Corina Machado.

Lo que estamos presenciando desde la “Sultana del Ávila” es una jugada del más puro y burdo pragmatismo extremo. Donald Trump, fiel a su negociador estilo de «cerrar tratos» y presentarse como un showman exitoso ante un público efímero, una mera gestión del espectáculo  parece haber encontrado en Delcy Rodríguez una interlocutora que entiende el lenguaje del capital, dejando atrás el discurso familiar que le proporcionó muchos dividendos. Esta nueva alianza se ha cimentado en la apertura total del sector energético. Tras las recientes reuniones en Washington con ejecutivos de alto nivel de Chevron, Halliburton y ConocoPhillips, la administración Trump ha visto en la actual gestión de Rodríguez la garantía de un suministro estable y la posibilidad de continuidad.

Lo que hace a Delcy una opción electoral viable es que la construcción de una opinión fabricada la posiciona como una alternativa; para ello, Trump comienza a suavizar el terreno. Al reconocer gestos como el cierre de El Helicoide y la excarcelación de miles de prisioneros políticos bajo la reciente Ley de Amnistía, Washington le otorga una pátina de legitimidad que juega electoralmente a su favor. La transforma de victimaria en una «reformista» necesaria que garantiza la seguridad jurídica que las petroleras estadounidenses exigen para retornar con fuerza a la faja petrolífera del Orinoco, donde se encuentran las mayores reservas de crudo del mundo.

El maquiavélico y muy bien estructurado plan para opacar a María Corina Machado es sutil pero devastador. Comenzó incluso antes de la captura de Maduro y tuvo como primer acto para sacarla del país —evitando su liderazgo en ese evento— su presencia en la fallida ceremonia de la entrega del Premio Nobel de la Paz. No se busca su descalificación frontal, sino su irrelevancia por desconexión del país donde se desarrollan los acontecimientos. Al mantenerla en una suerte de «exilio de invitada de honor», con giras protocolares en el Capitolio que no se traducen en acciones internas, Trump la sitúa en una posición incómoda, ausente del acontecer político del país que la reclama a gritos.

La narrativa que se intenta colar es perversa: mientras MCM es recibida en foros internacionales, Delcy «gestiona» la economía y los nuevos actores locales «están en el barro». Al no haber pasado por la cárcel en este último ciclo —a diferencia de los liderazgos que emergen desde el cautiverio—, se intenta vender la imagen de una líder de élite, desconectada de la realidad diaria venezolana, cuya influencia se diluye en cada foto protocolar fuera de las fronteras, ausente del dolor de la población; una estrategia digna de un maléfico plan que trata de impulsar otras alternativas.

Para que el liderazgo de Machado se erosione, la Casa Blanca ha auspiciado la emergencia de «terceras vías». Enrique Márquez surge aquí como la pieza maestra del maromero equilibrio que necesita Trump para hacer competitiva una elección para Delcy. Su presencia como invitado especial de Trump en el discurso del Estado de la Unión de febrero de 2026 no fue casualidad. Fue una validación pública ante los ojos del mundo: Márquez representa la «oposición posible», moderada y con pies en Caracas, diseñada para decirle al electorado que hay alternativas menos radicales y más aptas para una transición pactada, donde Machado no tiene cabida.

A este escenario se suma la reactivación de figuras como Delsa Solórzano y Juan Pablo Guanipa, quienes atomizan el voto opositor. Incluso la figura de Edmundo González, el presidente moral, corre el riesgo de quedar atrapado en esta red de múltiples candidaturas que solo favorecen a quien detenta el aparato del Estado —ahora con el visto bueno silencioso del Norte—.

Finalmente, la inclusión de los partidos judicializados y el llamado «alacranato» termina por decorar el teatro. Con una oposición fragmentada entre líderes en el exilio, figuras de centro auspiciadas por Estados Unidos y candidatos colaboracionistas, Delcy Rodríguez entra en la contienda con posibilidades reales. No lo hace como una usurpadora, sino como una opción «competitiva» dentro de un menú electoral saturado de miles de voces divisorias.

Trump no busca la «libertad» en términos románticos; busca un socio predecible. Si para lograrlo debe sacrificar el capital político de María Corina Machado y fragmentar a la oposición hasta volverla inofensiva, el republicano parece estar más que dispuesto a firmar el contrato. La batalla por la presidencia ha comenzado, pero el árbitro parece estar sentado en la Oficina Oval, repartiendo las cartas a favor de una jugadora que hasta ayer era su enemiga. Sin embargo, y a pesar de la ocupación ostentada hasta ahora por el Tío Sam, las sorpresas casi siempre suelen ser desagradables. De esto, Trump ha recibido pocas. MCM tiene una coraza que soporta muchas más de estas.

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LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973

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