🔴🔵 Con carita de yo no fui

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Resulta absolutamente desagradable y vomitivo ver a Delcy, la usurpadora, en cada encuentro con altos representantes de la administración Trump. Y no han sido pocos. El 16 de enero visitó Venezuela el máximo jefe de la CIA, John Ratcliffe; el 11 de febrero, le tocó a Chris Wright, secretario de Energía; luego, el 19 del mismo mes, desfiló por Caracas nada menos y nada más que el jefe del Comando Sur, Francis Donovan; y, más recientemente, el 4 de marzo, apareció muy sonriente en Maiquetía, Doug Burgum, secretario del Interior.

En cada una de estas visitas, los enviados de Donald Trump le han repasado la cartilla a la hermanita siniestra, y ella, sin rubor alguno ante las galerías chavistas, ha puesto su carita de yo no fui, asintiendo a todo gesto y palabra de sus interlocutores gringos. Algo realmente indignante para alguien que siempre se jactó de venderse como la propia revolucionaria. Después de todo, se trata de una cuestión de supervivencia, y no sólamente política. Es fácil imaginar el regocijo y la pena ajena que deben sentir estos emisarios del norte al presenciar tanta genuflexión. Y ni hablar de las arrogantes carcajadas que debe echar Trump allá en la Casa Blanca, cada vez que pasa revista, con sus atentos asesores, al tema de Venezuela.

A Donald Trump poco le importa herir la sensibilidad de los venezolanos, a pesar de que repite, cada vez más a menudo, que está enamorado del país. Simplemente vela por los intereses económicos y de seguridad nacional y hemisférica, todo lo cual, por carambola, repercute en beneficio de Venezuela. Es más, al Catire no le quita el sueño las opiniones que intentan recordarle que el método escogido para la tutela de Venezuela, con Delcy como instrumento práctico, vulnera principios sacrosantos históricamente honrados por Estados Unidos, como eso de la democracia y los derechos humanos; para sólo hablar de dos. 

En aras de cumplir empeñosamente con la hoja de ruta (estabilización, recuperación y transición), la administración republicana tolera a una figura tan repulsiva como la menor de los Rodríguez, mientras ésta  haga los mandados que se le piden. Esto explica la conducta del presidente de Estados Unidos al desestimar las tantas declaraciones  de Delcy dirigidas a sus huestes para calmar los pocos ánimos revolucionarios residuales, que han ido desde exigir la liberación de Nicolás y Cilia, al rechazo a las órdenes de Washington. Trump insiste en que a sus oídos no le llegan esos vientos, pero que entendería ese tipo de conducta.

Es difícil no pensar en las noches de insomnio de Delcy. Por ironías de la vida es sólo Donald Trump el que la mantiene a flote. Son demasiadas las presiones que se han convertido en sus tres comidas del día. El estrés y el terror no la desamparan. Y, por si ha estado pensando en aguantar la pela y ganar tiempo, esta semana la agencia Reuters filtró el tubazo de que la Fiscalía de los Estados Unidos estaría preparando un expediente criminal contra ella. Algo que el fiscal negó luego, pero que la fuente periodística confirmó con absoluta certitud. ¿Es esta una información lanzada por un sector político del gobierno que quiere fuera de la ecuación a Delcy? O ¿será algo filtrado por el mismo gobierno para poner más presión en la cabeza de la interina?

Sobre la primera interrogante, a mediados de esta semana se conoció que un proyecto de ley habría sido introducido en el Congreso de Estados Unidos que, según, ordenaría al Departamento de Estado presentar una estrategia integral para apoyar la transición democrática en Venezuela en el lapso de 180 días. En esta estrategia figurarían tres puntos esenciales: priorizar la liberación de todas las personas detenidas arbitrariamente en Venezuela; incluir medidas para limitar la influencia de actores extranjeros (Cuba, Rusia, Irán y China) dentro del estamento militar, los servicios de seguridad y el gobierno venezolano; y esbozar un plan de asistencia exterior, además del apoyo a la sociedad civil, medios independientes y defensores de los derechos humanos.

Respecto a la segunda cuestión, Donald Trump no ha parado de alabar el trabajo y cooperación realizado por Delcy, y tal vez desee recordárselo las veces que sea necesario, lo cual explicaría la develación de una eventual acusación contra ella que amenace con apartarla de la hoja de ruta de Marco Rubio.

¿El regreso de María Corina?

Por si esto no fuera suficiente, María Corina Machado ha anunciado que pronto regresará a Venezuela, y no precisamente de manera clandestina. Dudas han surgido en cuanto a si esta decisión cuenta con la luz verde de la administración Trump. Difícil pensar que no sea el caso, sobre todo por las amenazas de Diosdado Cabello, quien ha dicho que no revelará todavía la sorpresa que le tiene preparada a MCM. Todos vimos la cara de asustado de Diosdado en la reunión que acompañó a Delcy con el secretario del Interior, Doug Burgum, y no podemos menos que preguntarnos: ¿Cuál es el significado de la presencia de Diosdado en esta reunión y en otros encuentros como aquel en el que lo sentaron junto al jefe del Comando Sur, el general Francis Donovan? ¿Tiene realmente Diosdado la capacidad para amenazar y disuadir a MCM para que se abstenga de lanzarse a una aventura en Venezuela? 

MCM cuenta con la legitimidad y el apoyo de una país que se ha creado muchas expectativas en torno a ella. Según un sondeo de la encuestadora Meganálisis, MCM se posiciona como la favorita de la población venezolana con 70,6% de apoyo, en caso de celebrarse elecciones ahora mismo, en un escenario abierto de participación. Por contraste, la usurpadora de Miraflores registra un paupérrimo respaldo de sólo 2,7%. Y en un escenario de competencia cerrada entre las dos, MCM obtendría un abrumador apoyo de 82,4% contra un más que penoso 4,8% de la ungida.

Diosdado está confiado y tiene el descaro y el cinismo de decir que el anuncio de MCM contradice el plan de tres puntos de Donald Trump. Si, finalmente, MCM no se presenta en Venezuela, Diosdado le atribuirá el mérito a su amenaza.  Por otra parte, el secretario de Estado, Marco Rubio, ha reiterado recientemente a la líder el apoyo de su gobierno, animándola a que siga adelante en su intensa lucha por la democracia en Venezuela, recordando que todo habrá de culminar con la celebración de elecciones libres y justas. De nuevo: ¿significa esto un apoyo al viaje de MCM?

El regreso de MCM a Venezuela se presenta como un reto para todas las partes. Es posible que su materialización resulte del consentimiento de la administración Trump, luego de haberse evaluado escenarios y que se determine que su presencia no ha de alterar el cumplimiento de la hoja de ruta. Entonces, ¿cuál es el mejor momento? Porque, una vez en Venezuela, no es fácil tener garantía de esto último, por cuanto la alta desaprobación de Delcy en el país y la impaciencia que crece cada día más en la población, pueden forzar los tiempos de una transición hacia la democracia. ¿Es en todo caso factible que la administración Trump esté dispuesta a asumir tal escenario? En principio, todo pareciera indicar que Washington apuesta más por un proceso paulatino de estabilización, para consolidar luego la fase de recuperación económica y, finalmente, pasar a la etapa reconciliación nacional

Mientras tanto, a Delcy Eloína no le queda otra que seguir mostrando su carita de yo no fui, y a Diosdado, la difícil tarea de disimular su cara de asustado.

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LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973

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