🔴🔵 economista José Guerra explica la razones por las que este ajuste sería viable

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Caracas.- El próximo domingo 15 de marzo se cumplen cuatro años del último aumento de salario mínimo en Venezuela, por lo que el economista y exdiputado José Guerra reiteró su propuesta de ajuste salarial y de pensiones a 150 dólares mensuales. Esta cifra, lejos de ser una estimación al azar, se fundamenta en un análisis detallado de los ingresos orgánicos que el Estado venezolano proyecta percibir, asegurando que se trata de un monto plenamente «financiable» sin recurrir a la emisión de dinero inorgánico.

La propuesta de Guerra surge en un contexto crítico, pues hace cuatro años se fijó el salario mínimo en 130 bolívares, un monto que en su momento equivalía a unos 30 dólares y que hoy, debido a la devaluación, se ha diluido hasta niveles cercanos a cero. Frente a esta realidad, el economista sostiene que la viabilidad del ajuste descansa sobre la recuperación de los ingresos del país.

«De mí no va a salir ninguna propuesta que no sea financiable», enfatizó Guerra en un video publicado en sus redes sociales, en el que subrayó que el monto de 150 dólares es un número que permite cubrir salarios, pensiones y jubilaciones «sin mayores problemas inflacionarios».

José Guerra fundamenta su propuesta en que el aumento debe provenir de «ingresos genuinos del país». Según sus proyecciones para el año 2026, el Estado venezolano contará con recursos suficientes derivados de la actividad petrolera y la recaudación tributaria para sostener este nivel salarial.

Guerra basa sus cálculos en una cesta petrolera venezolana cotizándose en 95 dólares por barril y una exportación estimada de 1,1 millones de barriles diarios. En recientes declaraciones, proyectó ingresos anuales de 32.000 millones de dólares anuales solo por concepto de exportaciones de crudo. A este flujo se sumarían otros ingresos orgánicos significativos, como 6.000 millones de dólares por concepto de Impuesto al Valor Agregado (IVA); 4.000 millones de dólares por aduanas; e ingresos adicionales por Impuesto Sobre la Renta (ISLR) y la exportación de otros recursos como el oro.

Una de las condiciones innegociables en el planteamiento del economista es la disciplina monetaria. Guerra advierte que el aumento no puede financiarse mediante la impresión de billetes por parte del Banco Central de Venezuela (BCV).

«No voy jamás a proponer que se use la maquinita de destrucción de dinero del Banco Central para financiar unos salarios que después van a generar inflación y después diluyen el poder adquisitivo», sentenció Guerra. En su lugar, propone que el ajuste sea gradual y se incremente en la medida en que crezca la producción petrolera y los ingresos orgánicos del Estado.

Más allá de la justicia social para los trabajadores y los cinco millones de pensionados, Guerra argumenta que este ajuste tendría un efecto positivo en la dinámica económica nacional. Al elevar el ingreso mínimo a 150 dólares, se «dinamiza la demanda y aumenta el consumo«.

Este incremento en el consumo permitiría que las empresas aumenten su producción para satisfacer la nueva demanda, lo que a su vez generaría nuevas oportunidades de empleo. El economista aclara que, aunque en teoría la productividad debería regir los salarios, en la realidad del sector público venezolano el Estado debe actuar mediante decretos o contrataciones colectivas para rescatar el poder de compra.

La propuesta de 150 dólares de Guerra se sitúa en un punto medio frente a otras visiones del mercado y las exigencias de la ciudadanía. El director del Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas-FVM), Oscar Meza, sugiere que un primer ajuste viable debería ser de 100 dólares mensuales, calificando el salto desde el salario actual como un paso importante, aunque reconoce que organizaciones sindicales exigen mucho más.

En las calles de Caracas, la percepción ciudadana demanda cifras significativamente más altas para cubrir el costo de la vida. Una consulta realizada por el equipo de El Pitazo muestra que los caraqueños piden salarios de entre 200 y 600 dólares mensuales. Algunos consultados consideran urgente el ajuste salarial.

Guerra reconoce que un salario igual a la cesta alimentaria, de mas de 500 dólares, sería «lo deseable, pero no se puede pagar» en las condiciones actuales de la economía venezolana. De igual forma, el Cendas-FVM califica como «inviable» cumplir de inmediato con el artículo 91 de la Constitución, que vincula el salario a la canasta básica, estimada en unos 1.600 dólares, debido a que el país ha perdido tres cuartas partes de su riqueza.

LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973

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