Aunque el currículo nacional establece las mismas materias para todos los estudiantes venezolanos, la crisis salarial docente, la deserción de maestros y el deterioro de la infraestructura han ampliado la brecha entre la educación pública y privada. Hoy, dentro de un mismo sistema educativo conviven experiencias escolares muy distintas, marcadas por la continuidad de las clases, los recursos disponibles y las oportunidades de aprendizaje
Por: Mauricio Ocando y Bryan Granado
*Anna revisa su horario antes de salir de casa. Cursa quinto año en el Liceo Nacional Caracciolo Parra Pérez, en Maracaibo, y esta semana solo irá a clases dos días.
Cuando llega al salón de Biología ya sabe cómo será la dinámica. El profesor explica los conceptos mientras los estudiantes leen el libro.
“A veces no tenemos microscopios ni reactivos, así que solo vemos la teoría. En Física pasa algo parecido: el laboratorio casi nunca funciona”, cuenta.
Le gustaría aprender haciendo experimentos o probar con programación, pero esas actividades no forman parte de su rutina escolar.
A varios kilómetros de allí, María empieza su jornada escolar todos los días a las siete de la mañana. Estudia primer año en la Unidad Educativa Privada Haydee Calles de Medina. Entre sus materias está robótica.
“Aprendemos a programar, a armar circuitos y a trabajar en equipo. Si algo no funciona, lo intentamos otra vez hasta que salga”, explica.
*María y Anna cursan asignaturas del mismo programa educativo nacional. Estudian Matemática, Castellano, Historia y Ciencias, pero la experiencia de aprender esas materias no es la misma.


Un currículo nacional con aplicaciones distintas
En Venezuela, la educación básica y media se organiza bajo un currículo nacional que define áreas obligatorias como Lengua, Matemática, Ciencias Naturales, Historia y Ciudadanía, Educación Física y Orientación. En teoría, todos los planteles —públicos y privados— deben garantizar estas materias.
Sin embargo, la manera en que ese currículo se desarrolla depende cada vez más de factores como la disponibilidad de docentes, la infraestructura escolar y los recursos pedagógicos. En 2025, alrededor del 74 % de los educadores han abandonado las aulas y solo se gradúan unos 4.000 nuevos docentes al año, lo que implicaría décadas para cubrir las más de 250.000 vacantes existentes.


La crisis docente detrás de las aulas
La falta de maestros es uno de los indicadores más visibles del deterioro del sistema educativo venezolano.
Según el informe Consulta Pública Educativa 2023-2024 de la ONG FundaRedes, la deserción docente alcanza aproximadamente el 72 %, impulsada por los bajos salarios y las condiciones laborales precarias.
Los ingresos de muchos docentes públicos rondan los 7,34 dólares mensuales, muy por debajo del costo de la canasta básica. Este escenario ha generado un déficit estructural de educadores en todos los niveles del sistema educativo, desde inicial hasta secundaria.
La presidenta de la Federación Venezolana de Maestros (FVM), Carmen Teresa Márquez, ha advertido que los ingresos actuales no cubren necesidades básicas y que la falta de discusión de la convención colectiva mantiene estancadas las condiciones laborales del sector y muchos profesores han reducido sus jornadas o han buscado trabajos adicionales para poder sostenerse económicamente.


Los datos muestran los salarios mensuales aproximados de docentes públicos según escalafón y jornada, comparados con el promedio del sector privado. La columna de “Brecha %” indica cuánto más gana un docente privado frente a uno público, evidenciando la gran diferencia de ingresos y la precariedad del salario en la educación pública venezolana.
A pesar de que los docentes públicos trabajan jornadas extendidas, sus salarios reales no superan los 2 USD mensuales, lo que representa menos del 1 % de lo que gana un docente en el sector privado, una diferencia que explica las frecuentes protestas, la búsqueda de ingresos complementarios y la migración de profesionales hacia escuelas privadas.


Menos días de clase
En numerosos planteles públicos se ha extendido el llamado “horario mosaico”, una modalidad en la que los estudiantes asisten solo dos o tres días por semana debido a la falta de profesores disponibles.
Para Anna, esto significa que algunas semanas ciertas materias simplemente no aparecen en el horario.
Aunque las autoridades educativas han anunciado la eliminación de esta práctica, gremios docentes señalan que la medida no ha estado acompañada de mejoras salariales ni de condiciones que permitan restablecer jornadas completas.
Según el Ministerio del Poder Popular para la Educación (MPPE), todos los planteles deben garantizar estas áreas. Pese a los intentos de contacto con el MPPE y la Zona Educativa del estado Zulia para conocer su posición sobre el déficit docente y la aplicación del currículo nacional, no se obtuvo respuesta.
Al final, materias que requieren continuidad —como Física, Química o Matemática— terminan impartidas con menos horas de las previstas en el programa oficial.
Lo que observan las familias
Para muchas familias venezolanas, la decisión entre educación pública y privada está condicionada por la capacidad económica.
María González, representante de una estudiante del colegio privado Haydee Calles de Medina, considera que la mensualidad es elevada, pero asegura que garantiza continuidad académica.
“El programa es el mismo, pero aquí sí se cumple completo. Hay clases todos los días, profesores fijos, laboratorios, robótica e idiomas”, explica.
Mientras que Antonio Sánchez, padre de un estudiante del Liceo Nacional Caracciolo Parra Pérez, describe otra realidad. Explica que su hijo cursa las materias establecidas por el programa nacional, pero muchas se desarrollan con limitaciones por la falta de docentes o recursos. Aunque el liceo público implica menores costos para la familia, considera que esa gratuidad suele traducirse en menos prácticas y menor continuidad en los contenidos.
Dos experiencias dentro de un mismo sistema educativo
Las diferencias entre ambos tipos de plantel no se limitan a las materias del pensum. También se reflejan en las condiciones en las que los estudiantes aprenden: mientras algunos pueden experimentar en laboratorios, trabajar con tecnología o desarrollar proyectos desde edades tempranas, otros enfrentan jornadas fragmentadas, escasez de materiales y clases intermitentes.
En ese contexto, Anna seguirá asistiendo al liceo dos o tres días por semana, mientras María continuará yendo a clases todos los días.
Por temor a represalias, los nombres fueron omitidos o modificados.
LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973