🔴🔵 Clásico Mundial de Béisbol: el título que desbordó a un país ávido de ganar y drenar

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Cuando en el octavo acto Bryce Harper mandó la pelota a orbitar sobre el muro, igualando el marcador de la final del Clásico Mundial de Béisbol 2026, *Leandro sintió el frío de un déjà vu. El calendario retrocedió al 18 de marzo de 2023, cuando el madero del estadounidense Trea Turner desmoronó el sueño criollo con un grand slam. Era el mismo inning temido, el mismo verdugo del norte…pero las ansias eran aún mayores.

El ruido —fosforitos, vuvuzelas, gargantas abiertas— se apagó de golpe, como si alguien hubiera bajado el breaker de la emoción. En las áreas verdes de una urbanización al suroeste de Caracas, donde los trece jóvenes se habían citado para ver juntos cada juego decisivo, el silencio tomó cuerpo. Atrás quedaba el éxtasis de los ponches a Aaron Judge, la pulcritud de la apertura de Eduardo Rodríguez, la carrera que empujó Maikel García en el tercer episodio y ese jonrón solitario de Wilyer Abreu que tuvo a Venezuela adelante 2-0 en la pizarra.

Pero el desconsuelo fue momentáneo. Porque el destino decidió esta vez firmar una tregua con los de Omar López. La justicia, tan esquiva en el país y que tantas veces ha jugado en contra, apareció con paciencia de turno largo cuando Luis Arráez, “La Regadera”, trabajó un boleto que encendió la mecha. Entonces Javier Sanoja entró como corredor emergente y, en un parpadeo, robó la intermedia y puso la esperanza de millones venezolanos en posición anotadora.

Bajo la tensión eléctrica del estadio, Eugenio Suárez llevó al límite al relevista estadounidense Garrett Whitlock. Cuenta completa. Tensión al máximo. El de Ciudad Piar descargó un swing que abrió el callejón del jardín izquierdo, rompió el empate y también el silencio. El juego cambiaba de dueño. El círculo se cerraba con una perfección casi mística: el mismo hombre que inauguró el marcador de Venezuela en este Clásico cruzaba el plato para sellar la última carrera, la definitiva, la que grabó en mármol una victoria que ya es patrimonio del alma nacional.

Para Leandro y su grupo, el aire denso del octavo inning se disipó para dar paso a una tensa, pero esperanzadora, cuenta regresiva. En el montículo, Daniel Palencia asumió la tarea como quien firma una sentencia: uno, dos y tres. El último out —ese que divide la historia del olvido— llegó en forma de ponche a Roman Anthony. Antes del lanzamiento final, el estelar cerrador respiró hondo, tratando de ahogar en la garganta su llanto y el de un país entero que, tras años de espera, finalmente encontraba un desahogo en el centro del diamante.

La alegría como resistencia

Fue así como Venezuela, tras años de perseguir lo imposible, inscribió su nombre en el exclusivo olimpo de los cuatro países que han conquistado el Clásico Mundial de Béisbol. Para Leandro y sus amigos, como para muchos otros miles, la euforia no cabía en un jardín; se desbordó hacia el asfalto en una caravana que serpenteó por Caracas.

Entre humo, cornetas y gritos, Leandro fue testigo de otra escena: un país que volvía a encontrarse en la calle, esta vez por motivaciones distintas a las que han reactivado las protestas en Venezuela desde enero de 2026 según el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social. Horas después, aún con la voz rota, compartió con Runrun.es el retrato de lo que vio en una ciudad que, por una noche, olvidó sus angustias.

“Desborde, alegría. Era como que teníamos demasiadas cosas reprimidas dentro que antes no pudimos celebrar. ¿Sabes? La gente hablaba de eso. Nos abrazábamos, otros lloraban, se hablaba de béisbol, por supuesto, pero también de todo aquello que hemos aplaudido en silencio, de lo que no se puede decir ni publicar en estados, porque uno nunca sabe”, expresó el estudiante universitario de derecho.

Caracas, acostumbrada al repliegue temprano en días de semana, se quedó despierta ese martes 17 de marzo. La espera del título se mudó a plazas y avenidas: Alfredo Sadel, Plaza de la Juventud, Altamira. la espera del título se mudó a las plazas. Desde la icónica Alfredo Sadel en Las Mercedes hasta la Plaza de la Juventud en Bellas Artes y la plaza sur de Altamira, las calles se cubrieron de una multitud que buscaba, tras un éxito en la pelota, el alivio que la prolongada crisis les ha quitado. Incluso el Estadio Monumental de La Rinconada encendió sus pantallas para proyectar no solo un juego, sino el anhelo de un país entero que necesitaba verse ganador, una vez más.

Bajo el repique de tambores y entre camisas azules, ocurrió algo poco frecuente: un respiro civil. Por horas, la inflación, la incertidumbre política y ese miedo latente a habitar el espacio público se disolvieronse diluyeron. Miles de voces se fundieron en una sola consigna: “Venezuela, Venezuela”, en un solo grito que no entendía de bandos ni de carencias. Fue el ejercicio soberano de la alegría, un derecho que la calle recuperó para demostrar que, pese a todo, el alma de la nación sigue intacta.

@gudari_rojo ASÍ SE CELEBRABA EN CARACAS, EL CAMPEONATO MUNDIAL DE BEISBOL. #Venezuela #parati #fypviralシ #paratiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii #viral #foryoupage #fyp #fypシ゚ #viraltiktok ♬ sonido original – Asier Rojas

En La Guaira, tierra de Ronald Acuña y el MVP del clásico, Maikel García, las calles también se desbordaron. La algarabía sustituyó a la tensión que meses antes había marcado a los ciudadanos tras los ataques de Estados Unidos contra la infraestructura militar y de comercio exterior.

En medio del júbilo, surgieron frases que mezclaban humor, catarsis y política: “¡Son los de la Sabana, papá!”¡Se llevaron a Maduro, con todo y sal! “¡El mejor año de toda nuestra historia y no va ni por la mitad!”

@hilmery.obba.aa ♬ sonido original – Hilmery17👑

Entre los destellos de la celebración en Caracas surgió una escena que rozaba lo surrealista: un grupo de fanáticos desbordados por el júbilo trepó a una unidad de la Guardia Nacional Bolivariana. Allí, sobre el vehículo de un organismo marcado por el estigma de la represión en informes internacionales, la euforia borró las jerarquías. Con la anuencia inesperada de los funcionarios, la patrulla—utilizada para el control y el repliegue— se convirtió en una carroza festiva.

@notimaxplus Así se celebró la victoria de Venezuela al derrotar a Estados Unidos. #beisbol #notimaxplus ♬ sonido original – Notimaxplus

Tregua a la tristeza, solidaridad y reliquia de suerte

El brillo del LoanDepot Park en Miami encandilaba al mundo, y en simultáneo, a las afueras de la cárcel de El Rodeo I, en Guatire, se gestaba una victoria más silenciosa, pero igual de heroica. Allí, donde la intemperie es la única compañera de las madres y esposas que acampan frente a los muros de la prisión política, el béisbol impuso una tregua.

La periodista Maryorin Méndez compartió un video en donde se observa cómo un televisor pequeño y una señal intermitente de TikTok fueron las ventanas por las que estas familias, marcadas por la ausencia, vieron a los jugadores venezolanos disputar el tan ansiado título y celebraron, como si cada hit o carrera acortara la distancia con las celdas y la espera por la libertad de sus seres queridos, que les ha sido negada.

En una calle de Valencia, estado Carabobo, y mientras el mundo miraba el Clásico en alta definición, un abuelo y su nieto desafiaban la obsolescencia frente a un televisor de 14 pulgadas remendado, sobre una silla, con una perilla improvisada. Una imagen que resumía la resistencia en un país donde 7 de cada 10 hogares viven en pobreza de ingresos, según la Encovi 2025.

La algarabía de aquel rincón carabobeño en medio de una modesta escena fue un lenguaje universal que incluso varios medios y cronistas deportivas estadounidenses tradujeron como el significado más puro del béisbol para los venezolanos.

Esa escena se hizo viral. Y la viralidad trajo solidaridad: un donativo les permitió ver la final en pantalla plana, en plena calle, entre vecinos y abrazos, aunque sin abandonar la reliquia “de la suerte”.

@deibysfebres

gracias a todos por el cariño y apoyo

♬ sonido original – Deibys

En ciudades como Maracay también se celebró con un despliegue de motos, que se han convertido en el vehículo por excelencia de los ciudadanos. Las banderas venezolanas ondeaban en el filo de la noche y personas de todas las edades se sumaban al júbilo colectivo.

La exhalación colectiva tras el último out

La celebración dejó una pregunta en el aire: ¿por qué se sintió tan intensa? ¿Por qué este triunfo se sintió como una descarga colectiva? Yorelis Acosta, psicólogo clínico y social y coordinadora de investigación del Centro de Estudios del Desarrollo de la Universidad Central de Venezuela (Cendes-UCV) advierte que aunque este triunfo nos dio una lección de trabajo en equipo, coordinación y profesionalismo, la traducción a la realidad no es automática.

“El béisbol es el deporte nacional, y demostramos que sabemos jugar béisbol… Fue el trabajo en equipo perfecto, pero eso es en béisbol. ¿Eso lo podemos extrapolar al país? No”, sentencia la especialista.

Aun así, reconoce su poder como alivio colectivo: La gente lo celebró, porque amamos el béisbol y porque el deporte juega un espacio importante dentro del país que, sin duda, ha movilizado los sentimientos de cohesión, identidad, orgullo y entusiasmo en un país que necesita que le pasen cosas buenas”.

Es, en esencia, un contrapeso necesario, pues en la psicología se ha comprobado que un evento negativo pesa cuatro veces más que uno positivo. Este título mundial llega para intentar equilibrar una balanza inclinada por años hacia el pesimismo. Pero la euforia es una emoción que tiende a pasar. El reto es qué hacer con lo aprendido cuando sobre el terreno cae la lona.

“Esperemos que este evento pueda ser lo suficientemente contundente para que quede en nuestra memoria y que los aprendizajes que podamos sacar continúen más allá de la euforia, porque esta es una emoción que distorsiona la realidad. Pero ese entusiasmo va a pasar(…) “Venezuela se impuso a un gran competidor, EE.UU., con esa resiliencia que necesitábamos… Pero la extrapolación no es mágica, hay que trabajarla”, amplia.

La psicóloga clínica destaca, sin embargo, que este cambio de ánimo es una energía vital tras un período largo de dolor que quebró familias y lesionó al país a través de la diáspora.

“Hay mucho dolor en Venezuela y por eso festejamos eufóricamente, había necesidad de festejar y de sentir eso que se siente cuando las cosas salen muy bien”. De hecho, para muchos, el triunfo fue el permiso que necesitaban para liberar tensiones acumuladas: “Algunos aprovecharon para llorar y drenar dolores individuales y preocupaciones”, amplía.

Un punto de su análisis coincide con lo vivido en las carpas de familiares de presos políticos del Rodeo I o en las distintas calles del país. Para Acosta, el deporte logró limar diferencias, hacer pausas para ser felices y reactivar valores de solidaridad que parecían dormidos bajo la polarización.

“Que los familiares de presos políticos hayan celebrado, aún estando clavadas en días de mucho dolor y sufrimiento, refleja que este evento resultó un bálsamo, un paréntesis, el disfrutar de otra Venezuela que también existe, el olvidarse un momento del dolor (…) Habernos levantado con ánimo nos cambia la percepción del mundo (…) Amanecimos contentos lo que, sumado a otros eventos de cambio, es una energía que necesitamos para seguir adelante. También estuvimos tristes, con un clima de pesimismo y dolor que por mucho tiempo nos invadió. Hoy tenemos otro estado de ánimo que debemos cuidar y tratar de cultivar”, insiste.

Recordó que gracias a un 2026 que arrancó “complicado, pero con muchos cambios”, el mundo está viendo a Venezuela con otros ojos y otros adjetivos: “Ahora somos campeones mundiales de béisbol, además de tener otros talentos”. Insiste en que los procesos que se vienen dando -cohesión nacional, disminución de la polarización, acercamiento familiar, lecciones de grupos sobre trabajo en equipo, planificación, esfuerzo y resiliencia- tienen un impacto que puede elevar la autoestima del venezolano “y permite ver las cosas con unos lentes del optimismo, que nos pone en otro estado emocional”.

Al final, la victoria en el Clásico Mundial de Béisbol dejó una lección que trasciende el terreno de juego: Venezuela ha demostrado que, cuando se planifica y se entrena, el éxito deja de ser un azar para convertirse en una certeza. Ahora que el último out ha caído y la algarabía de las caravanas comienza a disiparse, toca prepararse para el turno al bate más difícil: el de la reconstrucción. Y aunque el marcador esté en contra y el inning sea como esos octavos que ha tocado experimentar en enfrentamientos contra Estados Unidos, todo es posible antes del out 27. El Clásico terminó, pero el juego por mejorar el país apenas está en sus primeras entradas.

“Así como las familias se reunieron a ver esto, y nos conectamos todos los venezolanos en el mundo, debemos seguir. El deporte fue capaz de limar diferencias que cada vez son menores, porque este sentimiento de que tenemos que estar juntos y ser solidarios, esos valores, vuelven a aparecer. Los venezolanos, y lo dice la historia, somos alegres, de brazos abiertos, que comparten. Es importante que esos valores reaparezcan, disminuya la polarización y haya cero revanchismo. Ojalá podamos mantenernos en este camino de sentimientos positivos, fortaleza, insistencia, de demostración en distintos espacios de que ‘sí se puede, sí hay cambio’ y de que, juntos, podemos seguir avanzando”, concluyó Yorelis Acosta.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973

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