

En los días previos a la publicación de este artículo, así como en días posteriores, un grupo de periodistas y de profesionales de la informática están trabajando para poner en marcha cambios que serán fundamentales en la trayectoria de El Nacional.
Estos cambios, que no detallaré en este espacio, están dirigidos hacia dos objetivos fundamentales: en primer lugar, preparar a El Nacional para los próximos tiempos venezolanos. No tengo duda alguna con respecto a que en Venezuela están produciéndose condiciones de distinto orden que, inevitablemente, conducirán al inicio y expansión de una nueva etapa democrática, luego de estos más de 27 años consecutivos de empobrecimiento sistemático de la sociedad, pérdida de todas sus libertades y derechos, y saqueo incalculable de las riquezas de la nación.
El segundo gran objetivo, indisociable del anterior, es avanzar hacia un modelo de sostenibilidad administrativa y financiera para El Nacional. ¿A qué me refiero, concretamente? A que nuestra empresa y nuestro trabajo necesitan fortalecer sus bases económicas, por una razón muy simple, que todos los lectores entenderán sin dificultad: mientras más sólida sea la empresa, mejor y de mayor resonancia será la calidad del periodismo informativo y de opinión que ofrecerá día tras día.
Desde 1999, tal como ha ocurrido con la casi totalidad de los medios de comunicación en Venezuela, y con capas enteras del sector productivo venezolano, El Nacional comenzó a ser objeto del asedio, no solo de los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro sino también por parte de Diosdado Cabello, figura de un poder extraordinario dentro del régimen, no para construir nada ni encabezar ninguna acción de gobierno a favor de la sociedad, sino obsesivamente concentrado en su verdadera especialidad, que no es otra que la de aniquilar a quienes reclamen democracia o adversen a la dictadura.
Dotado de recursos paramilitares, policiales, militares, tribunalicios y económicos, articulados unos con otros, y directamente bajo su control, Cabello ha sometido a El Nacional, a sus propietarios, a sus ejecutivos, a sus periodistas y trabajadores, a un asedio y persecución sistemáticos, que no cesa.
Todavía hoy el terror sobre nuestra organización continúa intacto: los exiliados continúan despojados del derecho de regresar al país, las personas a las que dictaron medidas de prohibición de salida del país siguen sin viajar, los expedientes continúan abiertos en tribunales civiles y militares, las órdenes de captura contra algunos de nosotros continúan vigentes. Con descaro único, violando las leyes, protegido por un estatuto de impunidad ilimitado, Cabello no solo ha actuado en contra de ciudadanos inocentes e indefensos, sino también se ha apropiado de bienes materiales (por ejemplo, el edificio sede en Los Cortijos de Lourdes con sus maquinarias y equipos, la vivienda de los hijos de mi esposa), sin un solo argumento que justifique acciones tan bizarras, extremas y sin fundamento.
A pesar de este cuadro de cosas, El Nacional ha logrado mantenerse y seguir adelante, no sin dificultades. En 1996, The Wall Street Journal dio un paso histórico: estableció el que se reconoce como el primer “muro de pago” entre los grandes diarios del mundo. Desde entonces, durante estas tres décadas, de forma paulatina, la gran mayoría de los medios de comunicación se han ido sumando al modelo del muro de pago para garantizar su sostenibilidad.
Crear un muro de pago significa, en palabras sencillas, dividir los contenidos en dos ámbitos: uno, que se ofrece de forma gratuita; otro lleno de beneficios variados, al que solo pueden acceder quienes se hayan suscrito, a cambio de un pago que es, en lo esencial, de bajo costo. Esos ingresos son los que permiten a las empresas de comunicación como El Nacional asegurar su independencia editorial y disponer de un sostén económico para compensar a sus periodistas y reporteros como lo merecen, mientras elevamos la propuesta de valor con mayor diversidad, profundidad y diversificación de los contenidos.
En los últimos años, colegas editores, periodistas y hasta lectores me han preguntado por qué El Nacional no había creado un muro de pago, como la casi totalidad de los medios de comunicación del mundo. Mi respuesta fue invariable: aguantaremos hasta donde sea posible, para que los lectores venezolanos, también víctimas de la crisis económica, puedan seguir leyendo El Nacional sin restricciones.
Con la creación del área “Premium” de pago de El Nacional adquirimos un compromiso: elaborar información, opinión y contenidos, además, sin interrupciones, que estimule a los lectores a suscribirse. Quienes nos acompañen en esta nueva etapa verán recompensado el pago que hagan. En alguna fecha de abril ᅳque estamos por definirᅳ la página cambiará, tendrá otra fisonomía y una experiencia de usuario muy superior que pondrá a disposición de los lectores distintos modos de suscribirse y continuar accediendo a la totalidad de los contenidos. Con este paso, El Nacional no solo garantizará su sostenibilidad, sino que inaugurará una nueva etapa en su existencia, ya próxima a los 83 años de incansable trayectoria.
LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973