

El viaje reciente de cuatro astronautas del programa Artemis II comienza a revelar la cara oculta de la Luna. Hablábamos hasta ahora de su “lado oscuro”. La verdad es que, permanentemente expuesto a la luz solar, ese lado estaba negado a nuestra visión simplemente por la coincidencia de los tiempos de rotación de la Luna sobre sí misma y de traslación alrededor de la Tierra. El develamiento de sus “oscuridades”, de todos modos, comienza ahora. No es, sin embargo, el “lado oscuro” que de manera más perentoria preocupa e inquieta a la humanidad.
La visión de nuestro planeta dibuja, de hecho, un cuadro con muchas zonas oscuras: guerras, catástrofes, pobreza, injusticia, tendencia a los totalitarismos, cambios que afectan a los individuos, a la vida, a las libertades, a la naturaleza, riesgos existenciales que anticipan un futuro incierto, marcado por pandemias, amenazas nucleares, riesgos tecnológicos.
Estudiosos, analistas, pensadores, historiadores, coinciden en afirmar que la humanidad está enfrentando cambios sin precedentes, tiempos marcados por la pérdida de la memoria y de los valores, por la incertidumbre sobre el futuro, la ausencia de verdad, la tendencia al ejercicio del poder sin control, sin límites y sin ley. Los humanos nunca hemos podido predecir el futuro con precisión, pero hoy es más difícil que nunca.
Éxitos como el reciente acercamiento a la cara oculta de la Luna son una demostración de los avances de la humanidad en el campo del conocimiento, de la ciencia, del desarrollo del saber, de la tecnología, Demostración también del valor del visionario, de la capacidad humana de soñar, de planificar, de construir futuro. Incluso en este terreno se imponen preguntas son inevitables, interrogantes sobre la ciencia, la tecnología, el saber, la automatización, el predominio de la máquina sobre la racionalidad, el papel de la IA y de las telecomunicaciones. ¿Hasta dónde llegan los límites del hombre, de la ciencia, de la tecnología? ¿Para el bien de la humanidad o para la deshumanización?
Una civilización que niega el poder de la inteligencia nos pone a dudar de las capacidades del hombre para el bien y la racionalidad, una racionalidad de la técnica puesta al servicio del progreso, de la paz, del valor de los individuos y de la sociedad, no de su control, no de la pérdida de sus libertades y de autonomía. El avance de la ciencia debería acercarnos a la verdad, al conocimiento, a la dignidad, a la posibilidad de elegir, no al monopolio por parte de los poderes, no al sometimiento, no a la robotización. Asusta pensar que podemos estar en camino a nuevas y más sofisticadas formas de control y de esclavitud. Uno de los dilemas cada vez más presentes es, sin duda, dotar a los robots de condiciones al servicio del hombre, no convertir al humano en robot, sin juicio, sin responsabilidad, sin decisiones propias. Siempre quedará espacio para más preguntas y, desde luego, para más retos, más sorpresas. Siempre nos sorprenderán actitudes que reflejan desprecio por la inteligencia, incapacidad para pensar más allá del poder y del ejercicio de la violencia.
Conocer el lado oculto de la Luna es crucial para la humanidad porque ofrece un laboratorio natural intocado para la astrofísica, un espacio libre de interferencias terrestres, capaz de permitir el estudio del universo y de avanzar en la geología planetaria. El tiempo y el esfuerzo humano permitirá en el futuro calibrar la importancia de este conocimiento, del que se espera luces que permitan grandes pasos, como los de abrir las puertas de Marte y de la Luna. Por ahora nos permiten confirmar las posibilidades abiertas a la humanidad por la ciencia y la tecnología. Se impone insistir en su importancia como como instrumentos para nuevos progresos de humanidad.
La misión de percibir los lados oscuros y de comprender su origen y su peligrosidad reclama una forma de liderazgo no siempre reconocido, pero necesario para construir un mundo con menos sombras, menos espacios de oscuridad, más espacio para la dignidad y para la libertad, un mundo identificable por el acceso a la verdad, a la dignidad, a la conciencia, a la paz.
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