El carnaval montado en Venezuela desde el 3 de enero no se parece a los de Río de Janeiro, Venecia o Niza. Tampoco a los recordados de los años sesenta en el Centro Asturiano o en la Hermandad Gallega. Nuestro actual gran carnaval trae a la memoria la película del mismo nombre protagonizada por Kirk Douglas en el papel de un periodista que necesita ganar fama. Un pobre hombre queda atrapado por un derrumbe en una cueva de un pueblo venido a menos, evento que aprovecha el reportero para coordinar el rescate a paso de morrocoy para mantener la noticia. Otros colaboran para atraer turistas. Ese rescate se podía lograr en unas horas, pero demoró varios días y el desenlace fue fatal.
El presidente Trump lleva más de tres meses de tutelaje dando largas a la recuperación de nuestra democracia, que es la que resolvería nuestros problemas, y la señora Delcy Rodríguez se pliega a las demandas de su amo y señor para mantener una migajita de poder. Ambos organizaron y se disfrazaron en el gran carnaval para lograr sus objetivos.
El disfraz del presidente Trump
Su discurso fue contra el narcotráfico, la corrupción y la estrecha relación de Maduro con países y grupos terroristas considerados enemigos de Estados Unidos. Sin embargo, ha prolongado indebidamente la permanencia de quienes son la causa de los problemas. Su mantra de “estabilidad, recuperación y transición” es una excusa para mantener en Miraflores a quien obedece sus instrucciones de favorecer a empresas estadounidenses y limitar o prohibir el envío de petróleo a China y a Cuba, para privilegiar a las refinerías en el Golfo de México.
Ignora que tradicionalmente Venezuela ha tenido excelentes relaciones con compañías de su país y que nuestro petróleo siempre tuvo como destino las refinerías en Texas, que son las más cercanas. Solo cuando nuestra producción aumentó y se saturó ese mercado fue que se inició el envío de un número limitado de barriles a China y a India. Mantener relaciones comerciales estrechas con Estados Unidos es beneficioso para ambos países. Solo se interrumpieron cuando tomaron el gobierno los mismos que hoy protege el señor Trump.
Los venezolanos aplaudimos y agradecemos la extracción de los Maduro-Flores, pero estamos descontentos con la demora que impide tengamos un gobierno electo por nosotros; esperamos entienda nuestra realidad, que difiere totalmente de la de otros países en los que ha habido dificultades después del cambio de gobierno.
El señor Trump se disfrazó de rescatista, pero ojalá se percate de que, de ir a Venezuela, pudiese tener un mal recibimiento como el que tuvo Nixon cuando era vicepresidente de un gobierno que había apoyado la dictadura del general Pérez Jiménez
El disfraz de la señora Rodríguez
Quizá podría equipararse a la Griselda del cuento de Boccaccio en su Decameron. Mujer humilde, se casa con alguien adinerado que la somete a todas sus órdenes que acata sin rechistar. En el caso de nuestra Griselda es muy probable que no termine felizmente. Quedará mal con todos. Brincar de amiga de Irán, Rusia, China y Cuba, partidaria del estatismo, enemiga de Estados Unidos y de la propiedad privada, a predicar todo lo contrario no es concha de ajo.
Lo que le convendría sería que acuerde con la oposición la designación de un Consejo Nacional Electoral con miembros independientes, que convoque la elección presidencial lo más pronto posible, que permita la participación de María Corina y de cualquier otro inhabilitado. Con el tiempo, que borra muchas cosas malas, podría liderar un PSUV que corrija errores y reconozca los atropellos cometidos.
Debería percatarse de que no tiene sentido seguir haciendo el papel de Tamakún, el vengador errante, de la radionovela de los años cuarenta. La generación actual no tuvo que ver con el asesinato de su padre, participante en el secuestro de Niehaus, el gerente estadounidense secuestrado en 1976 por la guerrilla castrocomunista, que permaneció confinado durante más de tres años.
Este gran carnaval debe finalizar. Mantenerlo perjudica a los venezolanos, pero también a Trump y a la señora Rodríguez.
Como (había) en botica
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