🔴🔵 Elecciones libres para la paz: el mensaje de Madrid que Venezuela debe escuchar, por Rafael Veloz

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La presencia de María Corina Machado en Madrid y lo discutido esta semana en Washington vuelven a colocar sobre la mesa una verdad esencial: la estabilidad de Venezuela no nacerá de la resignación, sino de elecciones limpias, legitimidad democrática y una sociedad civil organizada para sostener la transición.

La concentración encabezada por María Corina Machado este sábado 18 de abril en Madrid no fue solamente un acto de encuentro con la diáspora venezolana. Fue un acto político de alto contenido estratégico. Allí, en el corazón del exilio venezolano en Europa, Machado volvió a colocar en el centro del debate una idea que el país no debe perder de vista: la paz verdadera para Venezuela solo puede construirse sobre la base de elecciones limpias y libres, capaces de devolver legitimidad al poder y abrir el camino de una transición ordenada. En esa misma jornada insistió además en que no hay sociedad mejor preparada para unas elecciones libres que la venezolana y reivindicó el inicio del “regreso a casa” como horizonte político y moral de la nación.

Ese mensaje adquiere todavía mayor relevancia porque no surgió aislado. Apenas dos días antes, el 16 de abril, la Subcomisión para el Hemisferio Occidental de la Cámara de Representantes de Estados Unidos celebró una audiencia titulada Latin America After the Fall of Maduro, con la comparecencia de Michael Kozak, alto funcionario del Buró de Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado. La sola existencia de esa audiencia confirma que el debate sobre Venezuela sigue girando en torno a una cuestión central: cómo crear condiciones institucionales y políticas reales para una salida democrática estable.

Desde la perspectiva del Programa de Organización Ciudadana, POC, el punto más importante del mensaje de Madrid es que vuelve a unir tres elementos que no pueden separarse. El primero, la necesidad de una solución de fondo, que no es otra que un proceso electoral auténtico. El segundo, la urgencia de organizar a la sociedad civil para que esa salida sea posible y defendible. El tercero, la obligación de atender desde ya la emergencia social que sigue golpeando a millones de venezolanos.

En otras palabras: la ruta electoral no excluye la urgencia humanitaria; la reclama.

Durante demasiado tiempo el régimen ha intentado imponer la idea de que el problema venezolano puede administrarse sin resolver su raíz. Cambian nombres, inventan maniobras, reciclan relatos, promueven falsos diálogos o venden aparentes aperturas, pero el núcleo del problema permanece intacto: quienes hoy ocupan el poder carecen de legitimidad democrática suficiente para representar una salida de futuro. Venezuela no necesita maquillajes de normalidad. Venezuela necesita reconstruir la fuente legítima del poder.

Y esa fuente legítima sigue siendo el voto.

Por eso resulta tan importante que en Madrid se haya reiterado con claridad que la estabilidad del país no vendrá de acomodos parciales ni de la resignación nacional, sino del derecho del pueblo venezolano a expresarse en condiciones reales de libertad. No se trata solo de una consigna electoral. Se trata de una definición sobre la naturaleza misma de la paz. No habrá paz estable mientras subsista un poder sin legitimidad, sostenido por la represión, el miedo y la exclusión política.

Sin embargo, desde el POC debemos subrayar algo adicional. Las elecciones no se defienden solas. Las elecciones limpias y libres requieren una ciudadanía organizada, consciente, articulada y activa. Requieren músculo social. Requieren redes comunitarias. Requieren liderazgo territorial. Requieren gremios, sindicatos, universidades, asociaciones vecinales, grupos juveniles, organizaciones profesionales, sectores culturales y redes de apoyo que comprendan que la transición no será obra de espectadores.

Machado, al afirmar que no hay sociedad tan preparada como la venezolana para avanzar hacia la democracia, está enviando también una orden moral: que no quede un venezolano sin organizar.

Ese es probablemente el punto más útil y más poderoso para el trabajo del POC. Porque la organización social no solo sirve para defender el voto cuando llegue el momento electoral. Sirve desde ya para reconstruir ciudadanía. Sirve para recomponer la confianza entre venezolanos. Sirve para romper la atomización que el autoritarismo ha sembrado. Sirve para que la gente vuelva a sentirse parte de una tarea común y no apenas víctima aislada de una tragedia nacional.

La organización social, además, cumple otra función esencial: permite atender la emergencia sin esperar a que toda la arquitectura institucional se haya recompuesto. Venezuela atraviesa una crisis humanitaria de una profundidad que no admite pausas. La precariedad hospitalaria, la pobreza, la inseguridad alimentaria, la vulnerabilidad de niños y ancianos, la situación de los presos políticos y de sus familias, así como la fractura de millones de hogares por el exilio, obligan a pensar en respuestas inmediatas.

Y aquí aparece una línea de trabajo que debe ser desarrollada con seriedad: la articulación de redes sociales de asistencia y acompañamiento asentadas en la organización de base. Entre ellas, las construidas por los sectores religiosos en todo el país tienen un valor singular. Iglesias, parroquias, movimientos de servicio, comunidades de fe y organizaciones de ayuda humanitaria poseen capilaridad territorial, legitimidad local y capacidad de acompañamiento donde muchas veces el Estado ha desaparecido o se ha convertido en instrumento de control. No son sustituto de la institucionalidad democrática futura, pero sí pueden ser un soporte decisivo mientras el país avanza hacia ella.

Esto encaja con una pauta política más amplia que ya había sido expuesta desde Washington a comienzos de año. Reuters informó en enero que Marco Rubio había planteado para Venezuela una secuencia de tres fases: estabilización, recuperación y transición. Si esa es la lógica general del proceso, entonces el componente social no puede verse como algo accesorio. Debe ser entendido como parte del esfuerzo nacional por evitar que la urgencia cotidiana devore la esperanza democrática.

Allí reside una de las claves del momento. El régimen sigue utilizando la pobreza como instrumento de control y desgaste social, y la población ha resistido valientemente. Luego del 3 de enero, los aliados han utilizado a los mismos que han construido un sistema de control y persecución, para desactivarlo. Ciertamente, las fases se solapan, y los aliados por la insistente exigencia del pueblo venezolano, comienzan a establecer puntos para el comienzo de la fase electoral, como el padrón electoral, la observación internacional, como ha sido expresado  Michael Kozak, alto funcionario del Buró de Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado. Sin embargo, hay que incluir un factor a la ecuación: disponer de un programa de ayuda humanitaria para los sectores vulnerables como los niños, adultos mayores e indígenas. Sobre ello, el POC anunciará los próximos días una propuesta al país. 

Por eso el mensaje de Madrid debe leerse en toda su profundidad. No fue una escena nostálgica de exiliados. Fue una reafirmación de ruta. Fue un llamado a convertir la esperanza en organización. Fue una advertencia contra la resignación. Fue una manera de decirle al país que la transición no será verdadera si no desemboca en una elección libre, y que esa elección libre no será posible si la sociedad civil no asume desde ahora un papel de protagonista.

También hubo en Madrid otro mensaje político de relieve: el rechazo a la idea de un país condenado al destierro permanente. Cuando Machado reivindica el regreso y plantea el retorno como parte de la lucha democrática, no está hablando solo de su situación personal o de la de su equipo. Está hablándole a nueve millones de venezolanos dispersos por el mundo. Está afirmando que el exilio no puede convertirse en la condición natural de la nación. Está recordando que la democracia también consiste en restituir el derecho a volver, a reencontrarse, a reconstruir el hogar y a participar en el futuro común.

En definitiva, la lección política de esta semana puede resumirse así: la paz en Venezuela necesita legitimidad; la legitimidad necesita elecciones libres; y las elecciones libres necesitan una sociedad organizada.

Ese debería ser el eje del debate público en los próximos días. No permitir que el país se distraiga en ficciones de normalidad. No dejar que la desesperanza sustituya a la organización. No aceptar que la emergencia humanitaria sea usada como excusa para postergar indefinidamente la restitución de la soberanía popular. Y no olvidar que una nación solo se reconstruye de verdad cuando sus ciudadanos vuelven a actuar como tales.

La hora exige entonces una doble tarea: organizar a la sociedad para atender la emergencia y organizar a la nación para recuperar la libertad. Ese, a mi juicio, fue el mensaje más importante que salió de Madrid. Y también debe ser, desde el POC, una línea de acción para el país entero. 

Rafael Veloz García. Ex Pdte de la Federación de Abogados de Venezuela y de la Federación Interamericana de Abogados, FIA. Coordinador del Programa de Organización Ciudadana, POC. Miembro de la dirección nacional de Vp.

 

@Rafael Veloz Garcìa 

LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973

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