Mary ve buques petroleros casi a diario desde el patio de su casa en una barriada del municipio San Francisco.
—A veces hacen fila en el lago. Del petróleo lo único que ganamos son dolores de cabeza por los derrames. El resto sabrá Dios, solo tenéis que mirar alrededor—, lamenta cuando recuerda que les aplican racionamientos eléctricos diarios de cuatro horas; las calles tienen más huecos que asfalto; sus vecinos siguen desempleados, y tienen que llevar hasta las jeringas al Centro de Diagnóstico Integral (CDI) más cercano.
Ella pensó que a estas alturas —en abril de 2026, tres meses después de la extracción de Cilia Flores y de Nicolás Maduro; de la aprobación de la reforma de la Ley de Hidrocarburos, y de los acuerdos petroleros—, nada sería igual.
Porque, a raíz de estos sucesos, en el estado Zulia, corazón histórico de la industria petrolera venezolana, las expectativas de mejora en la vida cotidiana subieron como la espuma. Pero con el paso de los días, esas esperanzas, para muchos, se han convertido en frustraciones y en una espera que sienten interminable.

“No quiero ser pesimista, pero realmente no veo cambios. No digo que más adelante no puedan ocurrir, pero seguimos con más de lo mismo”, sentencia la pensionada de 62 años.
Espejismo marginal
Paul Márquez, presidente de Fedecámaras Zulia, lo resume así: “En la práctica y en la realidad no se ha materializado mayor cosa. No tenemos información sobre la instalación de nuevas empresas petroleras internacionales aquí ni sobre trabajos en las diferentes locaciones más allá de las que normalmente se vienen realizando en los últimos meses. No hay nada extraordinario”.
Márquez resalta que en el sector petrolero las inversiones son muy cuantiosas y las empresas se cuidan mucho desde el punto de vista legal y económico. “Es todo un proceso. Estas son cosas (los cambios) progresivas y en Zulia tenemos empresas de mucho arraigo en diferentes sectores y personas preparadas para trabajar. Las contratistas, por ejemplo, se sienten con mejores posibilidades de invertir y eso ha sido beneficioso para el sector. Esto va a ser un proceso largo donde los sectores económicos tienen que ir tratando de recuperarse porque venimos de años muy difíciles. Todos los sectores, hasta cierto punto, dependemos del éxito de la actividad petrolera”.
La expectativa es máxima porque el sector petrolero “genera mucho trabajo directo e indirecto y esos beneficios se van aguas abajo para los demás sectores, como el comercio, transporte, entre otros”. Durante el primer trimestre del año 2026, empresarios del sector hotelero, automotor y de supermercados “manifestaron su interés en venir al Zulia, pero no hay nada concreto. Yo creo que mucha gente espera la reactivación de la economía local que todavía no termina de llegar”, explicó una fuente empresarial que pidió mantener su nombre en el anonimato.
Sin electricidad no hay paraíso
Más allá de todas las esperanzas depositadas en la reactivación petrolera, un problema sigue “el plomo en el ala”, coinciden 10 fuentes consultadas: los racionamientos eléctricos diarios y los apagones como el de este 16 de abril que afectó al menos a nueves municipios zulianos por más de cuatro horas.
Enrique Ferrer Leyba, secretario general de la Cámara Venezolana de la Construcción (CVC), señala que “en Zulia tenemos un problema adicional que es la parte eléctrica. Para los pozos hace falta electricidad, los puedes reparar, pero sin electricidad no los puedes echar a andar. Las empresas lo saben y también que al principio tendrán que generar su propia energía, lo cual tampoco es fácil porque necesitas gasoil o gas y no es que hay para botar, está restringido”.
Para el ingeniero, las construcciones en el sector petrolero son las que se van a robustecer primero. “Las empresas que por muchos años estuvieron casi paralizadas poco a poco se están moviendo y adaptando a las nuevas exigencias. Cuando escuchamos de que hay que reactivar miles de pozos no es prenderlos con un botón de on y off, eso es construcción, como meter tubos, poner bombas, tableros y pare de contar”.
Ferrer menciona que hay empresas del sector que ya les han manifestado sus requerimientos, vienen evaluando condiciones, la disponibilidad de personal calificado y quiénes pueden venderle los materiales que necesitan, antes de hacer cualquier inversión.
“Muchas cosas no van a pasar hasta que no se vea un movimiento mayúsculo. La situación va a mejorar poco a poco, pero no es como muchos piensan. La CVC elaboró y entregó al gobierno un plan general de reconstrucción de la infraestructura nacional y de estabilización eléctrica con participación del sector privado que empieza a dar sus primeros pasos. Esto demuestra que el sector privado puede ayudar en parte y que hay personas preocupadas de que las cosas se hagan bien”.
El costo de la vida
De lo que más se queja la ciudadanía son de los precios de los productos y servicios. Carolina Rodríguez, quien vive al Oeste de Maracaibo, no lo oculta. “La situación económica ha empeorado. Son unos precios locos. No hayamos qué hacer, mientras tanto seguimos esperando que pase algo y nuestra salud mental se va deteriorando. Cuando llegan los bonos lo que viene son angustias y preocupaciones en pensar si compramos medicinas o comida y al final ninguna de las dos cosas se hace bien”.
Un estudio de la Cámara de Comercio de Maracaibo le pone cifras al clamor popular: la inflación acumulada en bolívares de la canasta alimentaria entre enero y marzo de 2026 en la capital zuliana fue de 49,43 %. En el sector inmobiliario los costos también aumentaron.
A partir del 3 de enero la explosión en la demanda de inmuebles en relación con la oferta, que ya venía disminuyendo, hizo que el valor aumentara de manera descomunal, detalla Hidalgo Lucena, broker de la oficina Remax Eleva especialista en compra, venta y alquiler de propiedades.

“El costo de los inmuebles habitacionales e industriales han aumentado hasta 80 % en algunos casos y los comerciales aproximadamente 60 %. Los alquileres también, pero no tanto como en el caso de las ventas. En comparación con los primeros tres meses del año pasado, en este 2026 las ventas aumentaron entre 30 % y 60 %. La venta y el alquiler de propiedades industriales (galpones, talleres, almacenes y/o terrenos) aumentaron porque hay empresas que se están empezando a preparar para esa nueva reapertura petrolera. Otro patrón que notamos es que hay propietarios que decidieron resguardar sus inmuebles sacándolos de la venta mientras esperan mejores oportunidades y otros los pusieron en el mercado porque ahora tienen mejores precios que antes”.
Más allá de Maracaibo, donde mejor se está “moviendo” el mercado inmobiliario es en municipios de la Costa Oriental del Lago como Lagunillas, Valmore Rodriguez y Cabimas, en San Francisco y la Cañada de Urdaneta.
“No creo que los inmuebles alcancen su valor real hasta que tengamos créditos bancarios que incentiven y soporten las transacciones, pero nuestras expectativas son muy buenas”, asegura Lucena.
Según su experiencia, este mercado es “muy emocional, muy orgánico” y no hay un factor interno del país, por ejemplo, la “reactivación económica” que incidiera en el aumento del precio de los inmuebles porque, en nuestro caso, “lamentablemente no depende de medidas o políticas internas que se tomen, sino de factores en otros países, porque para nadie es un secreto que la mayoría de compradores son venezolanos que están en el exterior”.
A paso de morrocoy
Las expectativas puestas en las oportunidades de empleo por la “reactivación petrolera” tampoco se han cumplido.
“Siento que todo se quedó en especulaciones y rumores. Estoy cansada, frustrada y decepcionada por no encontrar una oferta laboral atractiva y que se ajuste a mis capacidades. He encontrado un mercado laboral deprimido, cerrado y con pocas posibilidades para personas de más de 40 años”, lamenta una zuliana que pidió omitir su nombre.
Una fuente con conocimiento en la búsqueda de talento humano en Maracaibo relató que “hasta los momentos no hay una búsqueda masiva de trabajadores, no hay empresas que soliciten 50 o 100 empleados. Sí algunos cargos administrativos o técnicos”. Un especialista del sector petrolero agregó que, en el caso de su ramo, en la región zuliana “las principales vacantes están en el personal medio, muchos que se han ido a ido a otros países, por ejemplo torneros, mecánicos industriales, soldadores, fabricadores, electromecánicos y operadores de maquinaria”.
En grupos de Telegram también pueden encontrarse vacantes específicas para ingenieros mecánicos, electricistas, instrumentistas, civiles, inspectores de calidad, entre otros similares.
La disminuida actividad económica, comercial e industrial queda en evidencia en las calles y campos petroleros de la Costa Oriental del Lago de Maracaibo donde lo nuevo que se observa son balancines pintados y casetas de campamento sobre trailer.
Las deudas invisibles
Entre los asuntos pendientes en el estado Zulia, según fuentes empresariales y de la sociedad civil consultadas, destacan el aumento de las conexiones aéreas internacionales dada sus limitaciones actuales; el financiamiento bancario; el pago de las deudas a trabajadores de la industria petrolera, y la conservación ambiental con responsabilidad social.
La Fundación Azul Ambientalistas presentó una hoja de ruta estratégica para la restauración ecológica del Lago de Maracaibo, en la que plantea la creación de una ley que obligue a destinar el 5 % de los ingresos brutos de las nuevas concesiones petroleras a un Fondo de Compensación Ambiental supervisado por organismos multilaterales, la reactivación de las plantas de tratamiento, biorremediación (proceso biotecnológico que utiliza microorganismos para limpiar ambientes contaminados) a escala, sustitución de tuberías, seguro para pescadores, tecnología para frenar los derrames, entre otras.
Yohan Flores, directivo de Azul Ambientalistas, aseguró que siempre se ha trabajado en función a paliativos, pero realmente no se han buscado formas para tratar los problemas de raíz.
“Vemos a un gobierno central que no le interesa el tema. Sabemos que hay carencias, pero hasta el momento no hemos visto trabajos o inversiones importantes para poder atender estas problemáticas nos afectan desde hace mucho tiempo. Lo ambiental debe ser parte de la columna vertebral de todos estos procesos, no hay que dejarlo al margen”.
Expertos estiman que el estado Zulia “será el mayor beneficiado del país por el aumento de la producción petrolera porque el hidrocarburo es de calidad y tiene una infraestructura instalada desde hace décadas”. Las expectativas ciudadanas se aferran a premisas como estás en medio de una crisis nacional con particularidades regionales.
En la Costa Oriental del Lago han hecho censos para determinar cuántas empresas pueden reactivar operaciones en sector petrolero; los trabajadores sostienen la producción sin salarios dignos, sin seguridad social ni atención médica adecuada, como lo han denunciado, y gremios como el de los contadores públicos tienen la “esperanza de que este proceso (reinicio de la actividad petrolera) colocará nuevamente al estado en la palestra”.
Una socióloga zuliana define el actual momento así: “El cambio que muchas personas previsualizan, pero que todavía no se hace factible, está bastante arraigado a la esperanza, el miedo y la incertidumbre sobre el futuro y creo que eso nos acompaña desde hace años, pero hay un cambio de percepción. La ilusión está latente, pero si quedamos en lo mismo puede causar bastante desilusión y traer consigo más migración interna y externa en búsqueda de nuevas oportunidades o como desahogo a una normalidad distinta a un país que ya no existe desde hace años”.
En San Francisco, Marý sigue viendo entrar y salir buques petroleros clamando algo de tranquilidad. “Queremos que todo esto mejore. Que terminen de salir los que tienen que salir. Quizás la recuperación no sea tan rápida, pero si no comenzamos cuándo la veremos”.
LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973