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La caída de Nicolás Maduro y la asunción de Delcy Rodríguez marcaron un punto de inflexión en Latinoamérica: Venezuela inició un proceso acelerado de reinserción regional, con nuevos acuerdos de seguridad, energía y comercio, y con Estados Unidos como actor central en su reconfiguración.
Por Nataniel Peirano | Infobae
En pocos meses, Caracas pasó de estar aislada diplomáticamente a convertirse nuevamente en un socio estratégico para los países de la región, en medio de un rediseño del mapa político latinoamericano.
Uno de los elementos más determinantes de este giro fue el cambio de postura de Estados Unidos. No solo reconoció a Rodríguez como autoridad legítima, sino que además levantó sanciones clave contra su figura y el Banco Central de Venezuela, reabrió canales diplomáticos y habilitó el regreso de inversiones, especialmente en energía a través de Chevron.
El Departamento del Tesoro eliminó a la mandataria de la lista de sancionados, lo que le permite operar financieramente y consolidar relaciones internacionales con Washington y otros países de la región.
Este movimiento no fue menor, sino que marcó el inicio de una nueva etapa de cooperación económica y política entre ambos Estados tras años de enfrentamiento.
Además, Washington busca reinsertar a Venezuela en el mercado energético global, al facilitar la llegada de empresas y capitales al sector petrolero, uno de los más importantes del país.


El primer gran socio en esta nueva etapa fue Colombia. El presidente Gustavo Petro se convirtió en el primer líder regional en reunirse con Rodríguez, en un encuentro que selló acuerdos clave.
Caracas y Bogotá acordaron un marco de cooperación en seguridad que incluye el intercambio de inteligencia contra el crimen organizado y planes militares conjuntos en la frontera común de más de 2200 kilómetros.
Este acercamiento es estratégico: la frontera colombo-venezolana es uno de los principales corredores del narcotráfico en la región.
Por otro lado, sellaron la reactivación del comercio bilateral y mantendrán proyectos energéticos compartidos valuados en 3,48 millones de dólares. El punto clave es la posible reactivación del gasoducto binacional, en un intento por recuperar la integración económica entre ambos países.
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