En el contexto de la guerra contra Irán, que provocó una crisis energética mundial, Donald Trump ha afirmado en repetidas ocasiones que el alto nivel de producción de petróleo protege a Estados Unidos de las fluctuaciones bruscas de los precios.
Sin embargo, la estructura del mercado mundial de crudo indica lo contrario: incluso con una producción récord, la vulnerabilidad de la economía estadounidense podría ser mayor que la de China o Rusia.
La lógica de la oferta y la demanda
Una alta producción no hace inmune a Estados Unidos ante las subidas de precios. El precio del petróleo se forma en el mercado global —por el equilibrio entre oferta y demanda— y no dentro de cada país.
Antes del conflicto, el mercado se encontraba en un equilibrio relativo, alrededor de 100 millones de barriles diarios. Pero el bloqueo del estrecho de Ormuz redujo los suministros en aproximadamente 10 millones de barriles al día.

Como señala Rosemary Kelanic, analista petrolera y directora del Programa de Oriente Medio de Defense Priorities, esto ha provocado una disminución de los niveles de crudo y un aumento de los precios para todos los países vinculados al mercado mundial del petróleo, incluido Estados Unidos, independientemente de si consume directamente petróleo del golfo Pérsico.
Una avalancha de choque de precios
Los choques en el sector petrolero tienen carácter global y se propagan inevitablemente por todo el sistema, aunque con retraso. Al principio, la presión se siente más cerca de la zona de conflicto, pero luego alcanza otras regiones. Según Kelanic, las principales consecuencias apenas empiezan a manifestarse en el hemisferio occidental.
El flujo de petroleros vacíos que cruzan el Atlántico para cargar petróleo estadounidense —del que Trump se jactó en Truth Social en abril— es precisamente el mecanismo de transmisión de la crisis. Esos petroleros están desviando ahora el suministro estadounidense hacia Asia, donde los precios son más altos, lo que a su vez eleva los precios internos.

En EE.UU., esto se traduce en un aumento del precio de la gasolina. Según la publicación, el precio promedio subió a 4,24 dólares por galón en abril, frente a los 3,77 dólares en marzo y 3,03 dólares en febrero, antes de que comenzara la guerra.
Kelanic señala que, incluso si el estrecho de Ormuz reabriera mañana a plena capacidad, los precios de la gasolina en EE.UU. en mayo serán aún más altos que en abril, debido a los efectos retardados del petróleo del golfo Pérsico que ya ha dejado de ofertarse.
Históricamente, añade la analista, estas crisis energéticas han precedido a menudo a recesiones económicas: la mayoría de las recesiones en EE.UU. después de la Segunda Guerra Mundial ocurrieron poco después de un fuerte aumento del precio del petróleo.
Consecuencias para EE.UU.
La razón, en opinión de Kelanic, es que el petróleo sigue siendo un recurso básico para la economía. Cuando el combustible se encarece, los hogares gastan más en gasolina y menos en otros bienes y servicios.

«El consumo de petróleo es una necesidad que no se puede reducir rápidamente. Los consumidores estadounidenses viven donde viven, conducen el auto que conducen y aún deben desplazarse al trabajo. Por lo tanto, los altos precios de la gasolina obligan a los hogares estadounidenses a reducir el gasto en todo lo demás, lo que provoca una crisis masiva de la demanda de todos los demás bienes. El aumento de los costos de transporte de artículos como alimentos y ropa también provocará un aumento en los precios de esos productos de primera necesidad, lo que agravará la inflación en Estados Unidos», explica.
Estados Unidos es más vulnerable a tales choques que, por ejemplo, China, los países de la UE o Rusia, ya que la economía estadounidense consume más petróleo por unidad de PIB debido a su alta dependencia del transporte automovilístico y a una transición más lenta hacia alternativas.
China, en particular, ha impulsado durante años los vehículos eléctricos y el ferrocarril eléctrico por razones estratégicas, al entender las ventajas de seguridad que supone desvincular su sistema de transporte de un mercado mundial del petróleo propenso a las crisis de precios.
«Pero a corto plazo, la única solución es llegar a un acuerdo con Irán para reabrir el estrecho de Ormuz, y cuanto antes, mejor. A medida que la interrupción se haga sentir y los precios en EE.UU. se disparen, el poder de negociación de Trump frente a Irán se desplomará. Cualquier costo que EE.UU. deba pagar a Irán para reabrir Ormuz no hará más que agravarse a medida que la crisis del petróleo empeore. El tiempo no está del lado de Trump«, concluye la experta.
LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973
https://actualidad.rt.com/actualidad/603038-quien-pierde-shock-petrolero-global-respuesta-no-favorece-eeuu?utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=all