Pocos eventos han forzado un cambio tan brusco en la política del chavismo como la operación militar del 3 de enero. El gobierno pasó de señalar a Estados Unidos como su gran antagonista a buscar todas las vías posibles para satisfacer a Washington, entendiendo que esta es la única forma de retener el poder




La captura de Nicolás Maduro el 3 de enero transformó por completo la política interna del chavismo. Nuevas leyes, un proyecto de ley de amnistía y un discurso centrado en la reconciliación y la institucionalidad han pasado a ser el norte de quienes ocupan Miraflores. Sin embargo, este cambio drástico también se ha visto reflejado en la Casa Amarilla con un enfoque más claro: una diplomacia de supervivencia.
A juicio del internacionalista y analista político Luis Peche, este cambio ha sido producto de la “humillación” que el chavismo sufrió en el ámbito narrativo tras la intervención militar de Estados Unidos. “Ese día se acabó el mito de que la revolución iba a resistir cualquier ataque y que se iba a convertir en un segundo Vietnam. Ahora lo que se observa es una subordinación directa con el que era su más grande antagonista”, dijo.
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