🔴🔵 teníamos que dormir con los gritos de los torturados

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Caracas.- La exfuncionaria de la Policía Municipal de Chacao (PoliChacao) y expresa política, Venus Soleil Medina Ferrer, declaró ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) sobre las condiciones de reclusión que vivió en el centro de detención conocido como El Helicoide, así como los signos de violencia que, según afirmó, presenció en otros detenidos.

Durante su testimonio, Medina Ferrer describió el espacio de la celda femenina como un lugar de hacinamiento extremo. Señaló que, al llegar en junio de 2016, había alrededor de 32 detenidas en un área diseñada para muchas menos personas, sin condiciones mínimas de higiene.

«También esta celda femenina tiene algo particular, y es que encima de ella están las oficinas de interrogatorios o torturas, donde muchas veces teníamos que dormir con los gritos de las personas que en ese momento estaban siendo torturadas«, narra la expolichacao.

Condiciones insalubres

Indicó además que no había acceso regular a agua, por lo que debían almacenarla en envases plásticos mediante una manguera cuando se les permitía.

«Teníamos que llenar envases plásticos para poder almacenar agua. Esto se traducía en que nuestras condiciones como mujeres, bien sea menstruación y todo esto, teníamos que limitarnos a ese uso para poder almacenar el agua», dijo Medina.

También mencionó que solo habían dos baños habilitados para las mujeres privadas de libertad, por lo que debían dividirse en grupos y turnarse para poder utilizarlos. Estas condiciones, afirmó, derivaron en problemas de salud como infecciones en la piel y enfermedades estomacales.

Insomnio y comida desocmpuesta

Uno de los aspectos resaltados por la exfuncionaria es que, pese a que la comida llegaba a la hora estipulada, la misma se encontraba en estado de descomposición, pero aun así se veían en la necesidad de ingerirla.

«Aunque la comida muchas veces llegaba a la hora, cuando era pasada al área de las celdas femeninas ya estaba en estado de descomposición. Sin embargo, así la teníamos que ingerir por necesidad«, dijo.

Y las horas de sueño no eran realmente un alivio o un descanso ante la situación. La exfuncionaria venezolana cuenta que vivían con la incertidumbre y el miedo de que en cualquier momento abrieran la celda para ser llevadas al cuarto de interrogatorio donde escuchaban a otros presos políticos gritar debido a las agresiones.

«En ese momento había un silencio, un silencio que era miedo, porque no sabíamos cuándo abrían esas rejas para nosotros también ir a ese sitio, y realmente era un desasosiego constante, donde no había descanso, por una luz que siempre estaba encendida, una luz blanca, que se traduce, al tiempo donde estuve detenida, en pérdida de memoria y afectaciones en la mente», narra Medina Ferrer.

Agresiones físicas

Aunque aseguró no haber sufrido agresiones físicas directas, sí afirmó haber presenciado el regreso de otros detenidos con signos visibles de violencia. Entre ellos mencionó a su compañera María Pérez, quien habría vuelto de un interrogatorio con hematomas y lesiones en distintas partes del cuerpo.»

«Una vez que ella termina ese interrogatorio y llega a la celda, estaba completamente golpeada. Sus signos de violencia se podían ver tanto en los antebrazos como a nivel de la cabeza, donde le habían retirado cinta adhesiva y papel periódico alrededor. También a mis compañeros Ángel Sánchez y Johnny Velásquez, que pasaron por esa reja una vez que bajaron de esos interrogatorios, pude verlos con signos de maltrato», contó la venezolana.

También relató el caso de otros detenidos que, según su testimonio, presentaban evidentes signos de maltrato tras pasar por interrogatorios, incluyendo golpes, inmovilización y vendajes en la cabeza.

«A César Mijares, que estuvo por varios días en la celda de femeninas, a unos cinco metros de donde estábamos. En un momento no sabíamos quién era porque estaba completamente con la cabeza rodeada con cinta adhesiva y papel periódico, estaba amarrado, atado de pies y manos. Aproximadamente seis horas después lo pasaron a un baño contiguo a la celda femenina y pudimos ver que era él porque le retiraron lo que le cubría el rostro. Él, sin hablar, nos miró a María y a mí, y pudo alzarse la camisa, y ahí vimos los hematomas que tenía en su cuerpo», dijo la exfuncionaria.

LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973

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