🔴🔵 La familia Bello Lozano y su aporte invaluable al ejercicio del derecho

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Una forma de vida. Así describe el abogado Antonio Bello Lozano el derecho. Lo dice sin grandilocuencia, como quien habla de algo que ha respirado durante décadas. En su voz no hay distancia entre la academia, la abogacía y la existencia cotidiana: las tres parecen caminar juntas desde hace más de cuarenta años por los pasillos de la Universidad Santa María, entre expedientes, tribunales, aulas y generaciones de abogados venezolanos.

La USM abrió las puertas a más de 1.000 abogados que asistieron gratuitamente a la Jornada Usemista de Derecho Procesal, encuentro que reunió a juristas del país, y que sumando la transmisión en YouTube alcanzó a más de dos mil participantes. Con las ponencias y los debates jurídicos había un homenaje íntimo: el reconocimiento a una familia cuyo apellido quedó ligado para siempre a la enseñanza del derecho en Venezuela.

“Las necesidades siempre están presentes”, afirma Bello Lozano al explicar por qué este tipo de encuentros siguen siendo indispensables. “El derecho es una ciencia que todo el tiempo está cambiando, generando situaciones que son nuevas”. Habla de nuevas leyes, de jurisprudencias recientes y de la obligación permanente de mantenerse actualizado. Para él, el derecho no es una estructura inmóvil, sino un organismo que se transforma todos los días.

La jornada nació precisamente de esa necesidad de reencontrar espacios académicos de gran escala en la universidad.

“Tenía tiempo la universidad que no celebraba un congreso, una jornada de derecho de esta naturaleza”, recuerda. La intención, explica, es que este sea apenas el comienzo: derecho procesal penal, constitucional, laboral. Ir abarcando, poco a poco, todas las ramas.

“La columna vertebral del derecho”

Cuando habla del derecho procesal, su tono cambia ligeramente. Allí aparece el profesor. El hombre acostumbrado a explicar conceptos complejos con ejemplos sencillos. Lo define como “la columna vertebral” del derecho porque, sin importar la especialidad, tarde o temprano todo conflicto desemboca en un proceso.

“Mucha gente dice: yo no voy a litigar, yo no voy a ir a tribunales. Pero sin embargo eso es básico”, sostiene. Entonces recurre a una comparación con la medicina. Un médico puede diagnosticar una enfermedad, pero en algún momento alguien debe operar. “Por eso los médicos se gradúan de médico cirujano”, dice. Lo mismo ocurre con el abogado: aunque no litigue diariamente, necesita comprender el proceso judicial porque cualquier asesoría puede terminar frente a un tribunal.

El derecho y la tecnología

En medio de la conversación aparece inevitablemente el tema de la tecnología. Inteligencia artificial, audiencias telemáticas, testigos que declaran desde otro país. Bello Lozano observa esos cambios con prudencia, pero sin temor. Durante la jornada participó en un conversatorio junto con Richard Rodríguez y Álvaro Herrera acerca del impacto de la inteligencia artificial en los procesos judiciales.

“¿Se puede utilizar la inteligencia artificial en un proceso? Sí, pero siempre bajo el contexto de que debe haber un humano en el circuito”, advierte. Considera que la IA debe funcionar únicamente como herramienta de apoyo. Nunca como sustituto del juez. “La decisión final siempre va a estar en manos del juez”, insiste.

Menciona entonces la sentencia de la Corte Constitucional colombiana de 2024 sobre inteligencia artificial y las regulaciones impulsadas en Europa y por la Unesco. Venezuela, indica, avanza lentamente en esa materia, aunque ya existen iniciativas en el Tribunal Supremo de Justicia para desarrollar estos mecanismos.

Donde sí observa avances es en la telemática aplicada a los procesos judiciales. “Hoy en día es perfectamente posible que un abogado que esté en el interior de la República y el juicio esté en Caracas se conecte por Zoom”, dice. Incluso se refiera la posibilidad de interrogar testigos desde el extranjero mediante mecanismos digitales.

Pero reconoce las limitaciones estructurales del sistema judicial venezolano. Habla del desaparecido Jury 2000, del retroceso tecnológico tras la pandemia y de la necesidad urgente de modernizar tribunales. “Hay que invertir en tecnología”, subraya. Luego aterriza el problema en algo mucho más elemental: los cortes eléctricos que paralizan tribunales en el país.

Homenaje a la familia Bello Lozano

Más allá de la técnica jurídica, la entrevista regresa constantemente a la memoria familiar. Porque estas jornadas también fueron en homenaje a Humberto Bello Lozano, Humberto Bello Lozano Márquez y Humberto Enrique Bello Tabares. Padre, hermano y sobrino. Profesores, autoridades académicas, autores.

“Muchísimo”, responde cuando se le pregunta qué significó ese reconocimiento para su familia.

Entonces hace una pausa y enumera una historia que parece confundirse con la propia historia de la universidad. Más de un siglo acumulado de servicio académico entre generaciones. Su padre como vicerrector académico de investigación. Su hermano como vicerrector académico y su sobrino como coordinador de posgrado. Él mismo, profesor y coordinador durante más de cuatro décadas.

“Si algunos pueden pensar que lo hicieron tarde. Pero no importa, lo hicieron”, dice con serenidad.

El homenaje también sirvió para recordar el legado intelectual de la familia Bello Lozano. Obras jurídicas, investigaciones y una contribución particularmente decisiva: la creación de la cátedra de Derecho Probatorio en Venezuela por parte de su padre. Materia que hoy imparten universidades del país.

La conversación termina mirando hacia adelante. La universidad planea convertir estas jornadas en evento anual y desarrollar masterclass mensuales abiertas al público. Bello Lozano cree que este fue apenas “el pistolazo de partida”.

Y entonces llega la última pregunta. Una sola palabra para definir el derecho. No tarda demasiado en responder: “Mi forma de vida”.

Y añade algo que explica quizá la conversación: “Si tú me pones a escoger entre todos los aspectos profesionales que yo puedo llevar a cabo, cuál escogería de número uno, siempre va a ser la academia”.

LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973

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