Además de servir de hospedaje para celebridades y habitual escenario de ruedas de prensa y conciertos íntimos en su Gran Salón, el edificio —del que se rumora que podría quedar de nuevo bajo administración de la cadena estadounidense— fue centro de comando de campañas presidenciales, alojó la Feria Iberoamericana de Arte, fue testigo de grandes fiestas y sitio de encuentro de un país en la fiesta aniversaria de El Nacional




Abrió en 1969 con poco más de 200 habitaciones, concebidas especialmente para los numerosos hombres de negocios de Estados Unidos que venían a Caracas, la ciudad en la que Chacaíto era comparado con un incipiente Carnaby Street para irse de compras. Pero el Hilton era mucho más que unas camas para quedarse a dormir. Durante cuatro décadas, se convirtió en el ombligo de la vida social, cultural, económica y política en el centro de la capital.
Era otra Venezuela: una que jamás se repetirá, pero que pudiera regresar en algunos aspectos, como parte de una interminable oleada de ciclos históricos. Los contactos con las grandes empresas petroleras de Estados Unidos eran lo más normal del mundo y parte de ese intercambio entre ambos países se instaló para siempre en el ADN cultural de los venezolanos.
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