Un depredador sexual estadounidense que eludió a las autoridades durante décadas fue condenado este miércoles por dos crímenes sin resolver desde la década de 1980, gracias a una operación encubierta con goma de mascar.
Mitchell Gaff, de 68 años, recibió una pena de entre 50 años de prisión y cadena perpetua tras declararse culpable de los asesinatos de Judith Weaver y Susan Vesey, dos residentes de Everett, un suburbio al norte de Seattle (Washington).
Atrapado gracias a un chicle
En enero de 2024, detectives contactaron a Gaff haciéndose pasar por representantes de una empresa de chicles que realizaba una encuesta de sabores. El hombre escupió la goma de mascar en un plato que los agentes le proporcionaron y enviaron a análisis forense. El estudio determinó que el ADN extraído del producto coincidía con las muestras recuperadas en la escena del asesinato de Weaver, lo que motivó su arresto.

Weaver, que entonces tenía 42 años, fue hallada muerta en su vivienda en junio de 1984, después de que los bomberos sofocaran un incendio. Según la Fiscalía, Gaff golpeó, agredió sexualmente y ató a la mujer antes de incendiar su residencia.
El ADN del chicle, junto con el de las ligaduras usadas para atar a Weaver, permitió a las autoridades vincular al agresor con el crimen de Vesey. La joven, asesinada en 1980, fue encontrada sin vida en su casa la mañana posterior a cumplir 21 años. Gaff la atacó, violó y estranguló mientras los dos hijos pequeños de la víctima estaban en el domicilio.
El acusado se declaró culpable el 16 de abril de dos cargos de asesinato en primer grado. Anteriormente, había cumplido una condena de prisión impuesta en 1985 por violar a dos hermanas adolescentes.
LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973
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